16 de julio de 2019 16/7/19
Por Francisco Planelles
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Nochebuena y Navidad

El origen de la Navidad se pierde en la nebulosa de los tiempos. Los cristianos la asimilaron y cambiando a Júpiter por Cristo. Convirtieron el jolgorio en profundo recogimiento. La familia era el sagrario en el cual moraban los sentimientos más profundos, y la conciencia virgen del propio ser.

“Pero como la cabra al monte tira”.

Bajamos a Cristo y trepamos nosotros al Altar.

Recuerdo la Navidad como el nacimiento de mi conciencia. Frente al llar, contemplaba embelesado como las llamas del viejo naranjo al partir, entibiaban mi cuerpo y dejaban en el ambiente sus últimos aromas.

Tras las llamas se fueron yendo mis abuelos, mis padres, parientes y muchos amigos.

Hoy, como ayer, la vajilla que me vio nacer, alhajará la mesa.

Junto a mí, mi querida esposa, nuestros hijos, y nietos.

Los cohetes despertarán la noche y saludando a las estrellas, alumbraran el cielo en luces multicolores.

Abrazos apretados y besos sentidos.

Turrón y pan dulce… y un sorbo de champan, o sidra.

Después, cuando tan solo a lo lejos se oiga el eco de las explosiones. Saldré al jardín y al borde de la terraza, en donde el olor a pólvora aún perdura, levantaré la copa y mirando al cielo, desde lo más profundo de mi ser exclamaré:

¡FELICES FIESTAS!

Para los que están lejos y para aquellos que sin dejarnos, se fueron.

 2 comentarios
JPE
JPE
22/12/2015 07:12
Porque ahora toca

Desde aquí, nosotros levantaremos también la copa y te escucharemos. Un abrazo y feliz Navidad.