16 de julio de 2019 16/7/19
Por Julia Penelas
Café solo, por favor - RSS

La ley del humo

La prohibición de fumar en locales públicos, incluso los dedicados al ocio, que parecía en primera instancia capaz de desencadenar motines como el de Esquilache, ha tenido repercusiones positivas y creo que inesperadas. En una primavera adelantada los bares y cafeterías han sacado a la calle mesas, sillas y taburetes.

Las aceras se han convertido en una prolongación del negocio más o menos modesta, en función del espacio que ofrece el exterior que a cada cual le ha tocado en suerte. En mi ciudad se trata de un hecho insólito. Quienes sentimos que viajar, es devoción y obligación, siempre nos habíamos preguntado por la causa de que en poblaciones con un clima más adverso proliferasen las terrazas y en una zona como la nuestra, con temperaturas medias anuales más que benignas y días soleados que animan a gozar de la cervecita o del café mientras se contempla el ir y venir de los demás, era tan escasa la oferta. Pues ahora por mor de satisfacer las demandas de los fumadores, que no quieren renunciar a ese pitillo con el que se acompaña la consumición y que sabe a gloria bendita, como dicen los sevillanos, los bares han tomado la calle, con el lógico alborozo de los fabricantes de estufas de exterior y de mobiliario para hostelería.

Tampoco es que estemos asistiendo a una fiesta popular continua, ni que el ambiente callejero sea el de un “porrat” como los que organizaban los habitantes de la calle conocida en tiempos ya remotos como San Cayetano y que la añoranza de la infancia ha magnificado en mi memoria como paradigma de la armonía y la buena convivencia.

La ley contra el humo ha favorecido que cada rincón de la ciudad parezca habitado, confirmando que a pesar de los tiempos difíciles que vivimos, sobre todo los que no operamos en los mercados financieros, la gente normalita, se sigue regalando unos minutos para ojear la prensa o conversar al aire libre y al sol que todavía son gratis.

Los que optan por el interior, tienen la posibilidad de consumir sin humo incluido, en una atmósfera más diáfana y saludable que pueden compartir con sus hijos sin temor a que salgan del local ahumados como arenques noruegos.

De la necesidad hemos hecho virtud y hasta parece que la ciudad esté más viva, menos gris.

Ahora que los ciudadanos y sus necesidades vuelven a cobrar importancia por la proximidad de las elecciones, reivindiquemos, exijamos espacios públicos de calidad, lugares de encuentro, en los que con independencia de la edad y los gustos y aficiones de cada cual, nos sintamos cómodos y acogidos como en el salón de nuestra propia casa. Lejos de los coches y cerca de las personas.

Como dice una amiga con una trayectoria envidiable de casi ocho décadas y mucha alegría en el cuerpo “las mejores cosas de la vida no cuestan dinero”. Con un matiz importante, como contribuyentes que somos, pagamos. No lo olviden.

 3 comentarios
JP
JP
20/01/2011 07:01
Julian Penelas JP

No me importaría que cuando yo pongo JP en cualquier comentario, alguien pensara que soy Julia Penelas. No me importaria porque tu sabes muchisimo mas que yo del oficio de escribidor, pero quizá tendremos que ponernos de acuerdo. Bienvenida a este foro.