19 de octubre de 2019 19/10/19
Por Vicente Piqueres Monzonis
El Caballero del Komián - RSS

In memoriam

    La presente columna estaba previsto lanzarla unas fechas antes del día 12 del presente, pero por cuestiones de salud, algo serias, no pudo ser, se quedó a medio redactar.

    Una vez ya recuperado de mi dolencia he podido terminarla y… ¡allá va!

    Tal día 12 se cumplió el 37º aniversario del FALLECIMIENTO del que fue, allá por los años mil novecientos cuarenta y tantos, Director Técnico y Maestro de Obras, para la restauración de la Iglesia El Salvador, con su Capilla, y reconstrucción del Campanario de Burriana, Vicente Piqueres Martí, y, en su recuerdo quiero dedicarle el contenido de la presente columna de opinión, porque bien se lo merece, tanto por lo que hizo por lo que ya sucedió después de su inauguración, datos que figuran en otros documentos, que deseo los conozca todo el pueblo, liso y llano. Pero no está completa toda la historia. Falta este final que voy a relatar. Aunque fue bastante negro, como se verá, conviene que se conozca también.

    Mi padre arrastraba una dolencia, incurable, que se puso de manifiesto, con toda su virulencia, en los últimos días de su vida. Durante la reconstrucción del Campanario ya la llevaba encima, aunque muy callado. Lo primero era lo primero, el médico después, decía él.

    Mi residencia era y es en Valencia, pero veníamos a Burriana todos los fines de semana, a pasarlo con la familia.

    En uno de ellos ya le advertí que un ojo lo tenia mas caído que el otro, y al preguntarle sobre ello me contestó “se veu que s´arropit” .

    Yo deduje enseguida de qué se trataba pero no quise hacer comentarios. Enteré a mi hermano del asunto y decidimos que debía verlo un medico especialista cuanto antes.

    Nuestro padre había sufrido un ICTUS cerebral, pero como siempre ha sido reacio a los médicos, y eso que, como amigos, ha tenido unos cuantos, ¡cualquiera le sacaba de casa para ir al médico!

    Al fin de semana siguiente, estando allí en casa en plan familiar, aprovechamos, mi hermano y yo, el que se levantara de la mecedora, para pagarle al peluquero, y cogerle entre los dos. Con bastante dificultad lo pudimos meter en el coche y nos lo llevamos a Castellón en plan de Urgencia, al Hospital General. Francamente aquello parecía y era un secuestro.

    Esto ocurría la tarde del día 18 de Diciembre de 1976.

    Hecho el reconocimiento pertinente lo ingresaron ya que se trataba de un caso muy grave, hasta el extremo de que casi podía decirse que “ya no había nada que hacer”. Aquella dolencia era irreversible.

    La primera noche de estancia en el Hospital la pasé yo con él, y ¡VAYA NOCHECITA! la que nos dio, sin parar de quejarse, no dejar dormir a nadie, (en aquella habitación había cuatro enfermos), sin poderle entender lo que decía y lo que quería y finalmente, ya en pleno amanecer, pudimos descubrir que lo que deseaba era el poder orinar, pues no podía, debido a trastornos en su sistema urinario, ya que allí era donde precisamente residía el problema. Con sondarle, simplemente, no hubiéramos pasado aquella noche de perros.

    Acudió el personal responsable y se solucionó todo, hasta la mañana en que ya se haría cargo el turno de galenos correspondiente.

    Este hecho, para mí, no deja de ser totalmente bochornoso, en primer lugar por no haberlo detectado el equipo de Urgencias y ponerlo de manifiesto, en segundo lugar por no haber acomodado al enfermo en habitación aislada y meterlo en una donde residían tres mas, produciendo un desbarajuste y no dejar descansar a nadie de los alrededores.

    Una verdadera vergüenza para lo que dice llamarse Seguridad Social. Y sobre todo vaya Director del citado Hospital, “muy convencido y satisfecho de aquella… (Prefiero callarlo).”

    Los días que siguieron, dentro de lo que cabe y de las circunstancias, se desarrollaron de forma normal, estableciendo turnos entre nosotros, para estar en el Hospital (Tía Angelita, Merche mi mujer, Juan mi hermano, yo incluso cuando podía debido a mi trabajo, y algún día Javier nuestro hijo, por haber solicitado un permiso especial en la mili).

    Pero duraron poco porque visto lo negro del panorama, sondado como estaba mi padre le dieron el alta domiciliaria y regresamos a Burriana.

    Ya en casa un día mi padre se quitó la sonda y hubo que ingresarlo nuevamente en el Hospital donde se paso también unos cuantos días más y posteriormente el alta como antes.

    Esperanza no había ninguna así que había que soportar la situación como fuese.

    Pero en el intervalo de este tiempo ocurrieron hechos lamentables que no se borrarán nunca de mi mente.

    - La muerte de mi madre, por accidente en casa de un Notario de Valencia, cuando mi hermano la convenció y llevó para que hipotecara una finca que, según el testamento, era para mi, estaba ya confirmado que era mía, pero todavía no.

    Una vez realizada la operación, al salir de la Notaria se cayó por la escalera rodando en todo lo largo que era y SE DESCEREBRÓ.

    En el Hospital Clínico la intervinieron del cerebro pero resultó todo inútil. Cuarenta y ocho horas después del suceso fallecía, se fue sin enterarse y mi hermano se quedó con la hipoteca, sin saber yo ni lo más mínimo de todo este embrollo y enredo que llevaba entre manos, y él sabría el por qué y para qué. Mas vale olvidar todo este jaleo.

    - El día de Navidad me relevó la tía Angelita para que ya pudiera comer en casa.

    -La Nochevieja de aquel año, 1976, la pasé junto a mi padre en el Hospital.

    -La noche de de Reyes la lió mi hermano con mi madre para que ella le hiciera la guardia en el Hospital para él irse de juerga.

    - Discusiones y broncas las teníamos a dos por tres por culpa de “si te toca a ti o me toca a mí”. La cuestión era eludir la responsabilidad de la parte que le correspondía a mi hermano.

    - Y no quiero meterme en más detalles porque meterme en ello es bochornoso.

    En resumen: Una muerte por accidente para mi madre, un padre que se estaba muriendo en casa, un hijo maldiciendo la situación de la cual era en parte culpable, ( el tarambana de mi hermano), poca ayuda por parte de muchos allegados, y en definitiva “algo” como para volverse loco, todos los problemas a un mismo tiempo. Insoportable al límite como para que a uno le diera un infarto o volverse loco.

    Estando ya en casa y pareciendo que todo iba con normalidad, mi padre, inconsciente de lo que hacia, se quitó la sonda, que tenia la entrada por la tripa-vientre, ya que por el pene era imposible, y en vista de ello esperaron a que llegara yo, procedente de Puzol.

    Cuando llegué lo primero que me dijeron fue: “tu padre se ha vuelto a quitar la sonda ¿Qué hacemos?” y .mi contestación fue: “pues al Hospital con él y ahora mismo”.

    Se hicieron las gestiones oportunas y nuevamente lo trasladamos al Hospital donde fue ingresado nuevamente.

    Después de un examen previo al ingreso vinieron a informarme que “era ya imposible sondarle, pero que lo iban a intentar de nuevo. Esta vez lo pusieron en habitación aparte, a el solo y yo me pasé pendiente de la sonda toda la noche.

    El resultado fue que en toda la noche no soltó una sola gota. A la madrugada vi. que se le atravesó la vista, llamé al médico, me informó que el asunto era crítico y en vista de ello ya le manifesté: ¿PERO UD. NO VE QUE ESTE HOMBRE SE ESTA MURIENDO? PREPARE EL ALTA VOLUNTARIA O LO QUE SEA PERO YO ME LO LLEVO A CASA, QUIERO QUE, SI HA DE SER ASÍ, QUE MUERA EN CASA, EN SU CAMA.

    Inmediatamente solicité una ambulancia. Serian sobre la 9 de la mañana y a partir de esa hora nos preparamos para la partida, una vez con los papeles en la mano, y todo dispuesto, la tan esperada ambulancia acudió a por nosotros a las 3 de la tarde. (Cosas de la Seguridad Social) o de quien sea. De todas formas una poco vergüenza y un abuso.

    Yo acompañé a la ambulancia, y los demás acudieron como pudieron, en casa solo estaba la tía Teresita.

    Entre unos y otros acomodamos a mi padre en su cama, y ya hacia rato que había entrado en estado agónico severo y fue cuando decidí no separarme de su lado.

    No sé los demás que menesteres tendrían que atender pero el caso es que en casa, con mi padre en el estado que se encontraba, solamente estábamos la tía Teresita y yo.

    Los momentos más tristes de mi vida los he pasado yo, junto a mi padre, en su lecho de muerte, y con su mano cogida entre las mías, pendiente de su pulso, cada vez más lento, y SENTIR, siendo fiel testigo, con mi tía Teresita, EL ÚLTIMO LATIDO DE SU CORAZÓN, cuando levantando, la cabeza y con lagrimas en los ojos le dije: “TÍA, ASÓ S´ACABAT, YA S´EN ANAT” y presenciar la partida de su alma hacia otros lares más benignos, de reposo, bienestar y paz.

    Eso lo sabe y lo entiende solamente quien lo ha vivido, en este caso he sido yo.

    Nos apresuramos en vestirlo y alguien más nos ayudó en amortajarlo.

    Allí quedaba, en el suelo y encima de una sabana o manta, EL PEQUEÑO CARPINTERO, olvidado de los que “dijeron fueron sus amigos”, en otra época, hasta que vinieran los de la funeraria y lo acomodaran debidamente en su lugar de reposo.

    El velatorio, en casa y en su habitación, corrió a cargo de mi Merche y “otra”, porque yo estaba agotado. Mi hermano no sé ni por donde estaría y los demás descansando. Yo ya no podía con mi alma, por eso marché a descansar un poco.

    A mi hermano tengo que agradecerle tanto que………..vale más ni mencionarlo.

    Al siguiente día, domingo, a las 12 fue el entierro. Breve, brevísimo, por conveniencia del cura que, mira si era importante que yo “ni me acuerdo de quien fue” (y ni ganas), porque a las 12,30 era la misa de los domingos; pero no importa porque para la importancia que se le dio más hubiera valido no celebrar ninguna, máxime teniendo en cuenta lo que ya puso en practica en la ultima entrevista que tuvo con D. Cornelio, de no pisar ya más aquella Iglesia, a raíz de la “heroica” renovación que hizo enmendando la página que creara D. E

    Hasta en el entierro, Burriana, demostró lo que sentía por mi padre: olvido o desprecio total. ¿Tan poco merecía aquel hombre? ¿Tan parcos de mollera eran los que mandaban en la ciudad, en aquellos tiempos, eclesiásticos y civiles, para herir los sentimientos, con el olvido, y la memoria de un hombre, honesto, humilde, deprimido, enfermo, y que, en definitiva, había hecho y dado mucho por su pueblo, que le correspondió de aquella manera? ¿Quién se acuerda de José Nebot Aymerich? NADIE. ¿Quién recuerda o conoce a Vicente Piqueres? MUCHOS O CASI TODOS.

    Y QUE CONSTE QUE NO ES “JACTANCIA”, ES LA PURA VERDAD.

    Si viviera Juanitin mucho tendría que hablar de aquel episodio, desgraciadamente……. ya no está entre nosotros, pero su recuerdo perdura: Todos los días, sobre las 10 – 11 de la mañana aquí teníamos al bueno de Juanitin a visitar al “seu Piqueres”: “Entraba en el piso, se iba directo a la habitación, se plantaba en la puerta, de pie, estaba en silencio unos 5 o 10 minutos, se largaba y en paz, todo en el más absoluto silencio. ESE ERA JUANITÍN.

    Las demás amistades buenas eran de agradecer, pero las falsas, las del “por cumplido” podían haber eludido la visita. Las hay que ni su presencia estuvo patente en el sepelio

    Una vez en el Cementerio y cuando levantaron la tapa del féretro para despedir el cadáver, mi hermano quiso demostrar su sentimiento echándose encima del mismo. Inmediatamente lo aparté, cogiéndole por los hombros, diciéndole “algo” que no recuerdo mientras él no dejaba de gimotear.

    ACTO SEGUIDO ME ACERQUÉ AL CADÁVER, LE DI UN BESO EN LA FRENTE Y LE DIJE “¡ADIÓS, PARE”.

    Los asistentes nos separamos, salimos del depósito, yo con los ojos repletos de lágrimas, y los demás se fueron cada cual a su casa, a su vida normal.

    Cuando llegue a casa a mí no me quedaban lágrimas, pero no estridentes ni sonoras, sino de esas silenciosas y calladas que salen del alma, pensando solamente en mi padre que allí se había quedado solo y aunque estaría en el pensamiento de muchos para mi quedaba allí sin más compañía que la muerte, en espera de que al día siguiente lo aislarían todavía más, al abrir la tumba donde reposan los restos de mi madre (pues es nicho doble), y los sepultarían a los dos juntos, como juntos habían estado toda la vida.

    Quiero comentar finalmente que los hechos de este relato, como se ve, tuvieron un final muy desagradable y luctuoso, largo y escabroso a más no poder.

    Como muestra de lo que digo, y lo digo sin reparo alguno, tengo la copia de un oficio que recibió nuestro padre, firmado el 4 de Diciembre de 1945 por el que fuera entonces Alcalde de Burriana D. José Nebot Aymerich, en el que se le manifiesta que la Comisión Gestora Municipal acuerda dar “la más efusiva felicitación de la misma al Ilmo. Sr. D. Juan Granell Pascual, al Reverendo Sr. Cura de la Parroquia D. Elías Milián Albalát y a cuantos cooperaron tanto pecuniaria como corporalmente a la ejecución y pronta terminación de la torre-campanario de la ciudad”

    ¿Omitieron el nombre de nuestro padre y el de D. Enrique Pecourt por olvido, despiste o envidias? ¡Vete a saber!

    El original de este oficio está en mi poder para exhibirlo donde sea y justificar que al final nuestro padre fue considerado y tratado, por la Corporación Municipal de aquel entonces, como “uno más, uno de tantos”, a pesar de su labor, sus desvelos, interés, sacrificio y todo cuanto se ha tratado anteriormente. ¡Verdaderamente vergonzoso!

    El Alcalde estaba recién estrenado en el Ayuntamiento y a mi modo de ver fue un hombre de pocas luces y no sabia nada de lo que había ocurrido mientras no fue Alcalde y “se filmaba la película”.

    Creo que de haber sido Alcalde el Sr. Gil Viñes hubiera actuado con más delicadeza hacia la persona de nuestro padre y su excelente labor. No le hubiera ignorado.

    ¿Dónde estaban entonces todas aquellas amistades de antaño con sus lisonjas, su coba, y la ayuda que hubieran podido prestarnos, o que le visitaran simplemente por cortesía?

    Como digo nadie acudió ni preguntó por su estado de salud.

    SOLAMENTE EL BUENO DE JUANITIN ERA QUIEN NO FALLÓ, NI UN SOLO DIA, EN VENIR, SOBRE LAS 11 DE LA MAÑANA, A VISITAR “AL SEU PIQUERES” COMO LE LLAMABA. COMO YA HE DICHO.

    ¿Verdad que parece cosa de risa? Pues no lo es. Esto es bastante serio para nosotros.

    Después de todo lo expuesto ¿Estoy satisfechos del comportamiento de Burriana para con nuestro padre? Pues sinceramente... ¡NO! ¡UN ROTUNDO NO!

     1 comentario
    paco planelles
    paco planelles
    01/03/2014 08:03
    Piedra sobre piedra

    Apreciado Vicente, estoy seguro que tu padre, allí donde se enncuentre, se siente muy orgulloso de tí y eso mi apreciado amigo es a lo maximo que un ser humano puede aspirar.. Con admiración y afecto

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