22 de octubre de 2019 22/10/19
Por Vicente Piqueres Monzonis
El Caballero del Komián - RSS

Gritos de silencio (Parte segunda)

    Me asombra ver la gente
    con tanto movimiento,
    que no cesa un momento
    de luchar con afán,
    queriendo ser primeros
    buscando galardones,
    y crean mil tensiones
    allá por donde van.

    Resulta muy chocante
    que tanta cortesía
    encubra hipocresía
    con aires de maldad;
    y que un trato sincero
    no sea muy frecuente
    encontrarlo presente
    en cualquier amistad.

    Fastidia el ver a muchos
    haciendo reuniones,
    y oír mil opiniones
    que dicen sin pensar;
    o que les cause risa
    la voz de la experiencia,
    la cual, con su insolencia,
    no quiéranla escuchar.

    ¡Con cuánta ligereza
    se tratan mil asuntos,
    saltando aquellos puntos
    que más conviene ver;
    en cambio con chanchullos
    repletos de misterio,
    y faltos de criterio
    nos quieren convencer!

    Repugna el ver los grupos
    que forman un rebaño
    y buscan hacer daño,
    con cruel insensatez,
    a quien es consecuente,
    escucha y habla poco
    y no vive a lo loco
    con tanta estupidez.

    Aflige ver las aulas
    repletas de estudiantes,
    con criterios errantes
    de lo que piensan ser;
    en cambio los oficios
    de antiguos artesanos,
    los tienen por livianos,
    sin querer aprender.

    Maldigo yo a la “tele”
    con tantos argumentos
    saturados de cuentos
    que crean confusión;
    se oprime nuestras mentes
    contando necedades,
    y ofrece atrocidades
    sin consideración.

    Qué necios los humanos
    sin alma ni conciencia,
    que con dudosa ciencia
    a Dios quieren ganar,
    creyéndose muy sabios
    en temas tan profundos,
    diciendo que otros mundos
    los podrán conquistar.

    Hoy de palabrería
    el mundo está repleto,
    faltándose al respeto
    sin discriminación.
    Se dicen tonterías,
    se habla mucho en vano,
    y el trato es inhumano
    aunque tengas razón.

    De líos y follones
    nuestro mundo está lleno,
    pues ya no existe freno
    en tanta confusión;
    el no tener juicio
    es nota dominante,
    más ya no hay quien aguante
    tamaña incomprensión.

    Se pierde la esperanza
    al ver que el mundo gira
    envuelto en la mentira,
    sin rumbo ni timón;
    y que no se respeten
    leyes fundamentales
    cual son las naturales
    de paz, amor y unión.
    ¡Qué triste soledad
    la que a todos espera!
    por mucho que uno quiera
    cien años alcanzar;
    cuando sin alegría
    le falte su pareja,
    y solo, con su queja,
    no quiéranle escuchar.

    Qué gozo ver a un rico
    hundido y fracasado,
    si siempre se ha jactado
    de mando y de poder;
    viviendo en la miseria,
    sin hallar un hermano
    que le tienda una mano
    para no enloquecer.

    Dentro de un campo santo
    me río cuando veo
    el recio mausoleo
    de algún rico señor,
    quien no pensó un instante
    que al fin se hará pedazos
    quedando unos retazos
    de muerte alrededor.

    EPILOGO

    Muy terrible será el día
    en que el total desconcierto
    muéstrenos que nada es cierto
    y el vivir cruel agonía.

    ¡Pobre civilización!
    Al fondo vas con tu peso
    por exceso de progreso
    y faltarte abnegación.

    Ya no existe la templanza,
    sólo abunda el egoísmo,
    no se tiene confianza

    ni siquiera en uno mismo.
    Por tanto sin esperanza
    el mundo va hacia el abismo.

    (Poema inspirado, en cuanto a su esquema, rima, y métrica, en el atribuido a José de Espronceda titulado LA DESESPERACIÓN)

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