18 de octubre de 2019 18/10/19
Por Vicente Piqueres Monzonis
El Caballero del Komián - RSS

Burriana - Personas célebres - D. Juan Corell (in memoriam)

    Pequeño anecdotario de personas normales celebres, de Burriana, en su época, dedicado especialmente al que era practicante en medicina y cirugía, D. Juan Corell.

    Amigos que tenía mi abuelo VICENTE PIQUERES MONSERRAT.

    No obstante ser un hombre con mucha personalidad, él tenia su cuadrilla o sea algunos  amigos más íntimos.

    Entre ellos se contaban todos estos que cito a continuación, que nacieron, en su mayoría, antes de que empezara el siglo XX, o sea en los últimos años del 1800.

    El cuadro de los más allegados para sus juergas, diversiones y tertulias lo formaban:

     NELO EL ESPARDENYER (Acordeonista) - PERE ECHEVARRIA (Ingenier) y Poeta) - CHIMO EL PEDRAPIQUER (Cantero) - RIOS EL DENTISTE (Con su pata de palo) - SIDRO EL CARBONER - FRAISCO EL FIDEUER - JUAN CORELL (EL PUNCHAOR) - VIÇENT EL SUCRER - PIO VALLS (Piet) - FRAISCO PIQUER (Cagascoles) - XOCHIM EL BARIGUALO - FRAISCO GIL (Figueroles) - VIÇENT EL CABANENC (Carniçer) - TORNABRASOS - EL ABUELO GALLETS (Rellotger) - EL ROCH DE PIQUERES (carpintero).

    El punto de reunión de toda esta cuadrilla era en la calle de Santa Ana núm. 3 (hoy nº 1), en la carpintería de mi abuelo; allí infinidad de tardes se reunían unos u otros, haciendo su “sigarret”, y se contaban sus anécdotas o correrías, juntos o por separado, pero el caso es que eran una cuadrilla de lo más castiza que ha tenido Burriana, con señorío, gracia, buen humor, buenos sentimientos, etc. etc.

    Yo no se cómo en aquella casa, en algunas ocasiones, cabía tanta gente porque hay que tener en cuenta que también estaba ubicado el taller de carpintería con bancos de trabajo, herramientas, maderas y además era la vivienda de mis tíos y abuelos.

    Ocurriría, digo yo, como en el camarote de los Hermanos Marx en la película “Una noche en la opera”.

    Donde había o se celebraba un “porrat” allí se presentaba la cuadrilla, todos invitados por cierto, para amenizar la fiesta con Nelo el “espardenyer” y su acordeón.

    En cuanto a divertidos creo que nadie los podía igualar, ya que eran la envidia de otras cuadrillas del pueblo, pues eran personas gratas, de buen corazón, amables con todo el mundo, y tenían armonía a raudales, sin malicias ni rencores hacia nadie.

    En resumen: ya quisieran muchas de las que hoy existen, ser una cuadrilla como aquella.

    Uno de los mejores amigos de mi abuelo fue D. JUAN CORELL “el punchaor”.

    Pero... ¿QUIÉN FUE EL “PUNCHAOR” CORELL?:

    Un hombre, así lo creo yo, entero, intachable, completo a carta cabal. En mi opinión, y si no me falla la memoria, lo quería y lo adoraba todo el pueblo de Burriana; era altamente conocido por todos y hasta incluso por los foráneos. Con su paso repartía alegría.

    D. JUAN CORELL era adorado y respetado por su modo de ser, por su cordialidad, por su simpatía, por su sonrisa, cualidades estas que heredó su hijo Manolo, también Practicante o “punchaor”, y era tal la sencillez irradiada por sus personas que en lugar de temer al “punchaor”, cuando alguien tenia o padecía algún problema de salud, todos le decían: “Che, ves a Corell”. Con ellos no se sentía miedo ya que sus  sonrisas era su arma favorita.

    Era ya un hombre mayor cuando yo le conocí, pero con un corazón de un niño jovencito.

    Para él (al padre me refiero) no existían horas ni tiempo; cuando se necesitaba a CORELL allí estaba, sea la hora que fuere, no como hoy que se vive a contrarreloj y con prisas.

    Son infinidad los favores que este hombre hizo durante el transcurso de su vida particular y profesional hacia “su” querida gente de Burriana. A quien consideraba humilde ni le cobraba la visita o el servicio que le había prestado.

    También son innumerables los datos que se podrían resaltar de este hombre, tan singular, pero yo solamente voy a narrar unas anécdotas que presencié personalmente, no las que me pudieron contar mi abuelo, mi padre o algún amigo de la cuadrilla.

    Teniendo yo catorce años, allá por el año 1944, cuando llegaban las fiestas de Navidad o el día de su santo (San Juan) esta familia modelo, admirada por toda Burriana por lo unida que estaba, en fechas tan señaladas, al ir casándose sus hijos e hijas y reunirse todos en casa del propio SR. CORELL, en el “carrer Nou”, como la mesa resultaba pequeña, con dos “banquets” y un “taulell” (bandeja larga de madera donde se ponía el pan amasado antes de (hornearlo), de casa Adelantado (el forner), le hice una de 2,50 x 0,90 metros, y creo que aun resultaba pequeña pues la familia ya era numerosa.

    Dos o tres años después, no recuerdo bien, ya fuimos el SR. CORELL y yo, con motivo de celebrarse una de sus fiestas familiares, a por dos “taulells” y con cinco “banquets” le hice una mesa de 4,50 x 0,90 metros. Esto ya daba la sensación de una mesa para boda. Y allí se sentaban toda la familia: hijos, hijas, yernos, nueras y nietos celebrando así las Navidades, San Juan, o cualquier evento importante.

    Como la casa era bastante larga, en el pasillo central, unos años después – yo ya era un buen mozo – me dijo el SR. CORELL: Juanito, tenim que aumentar mes la taula, pues esta gent meua no para de durme nets y rebesnets”. Así que esta vez ya la hicimos de 6,20 metros de larga o algo por el estilo a base de montar tres “taulells”.

    En resumen, y para no extenderme más, continué unos años así hasta que finalmente aun se tuvo que hacer la mesa más larga habilitando incluso el hueco del comedor.

    Si escribo estos detalles son como ejemplo de la personalidad del SR. CORELL, y de cómo era posible que reuniera a toda la familia en días señalados. Creo que no existía otra en Burriana que hiciera esto. Para mí era el número uno como modelo de familia.

    Ya siendo yo mayor, este hombre llamado, JUAN CORELL tenía una prole bastante extensa, pues de una mujer, que era una santa, nacieron todos los hijos e hijas que citaré a continuación y que tuve el placer de conocerlos. Creo que iban en este orden:

    1º.- JUAN (Practicante como su padre)

    2º.- MANOLO (También Practicante, como su padre, y además de carácter similar)

    3º.- LEONOR

    4º.- CONCHA

    5º.- DOLORES

    6º.- GLORIA

    7º.- ELODIA

    8º.- AMADEO

    9º.- PACO (El Benjamín de la familia)

    ¿Se puede tener una familia así en estos tiempos que vivimos? ¡Creo que no!

    Quitando dos o tres amigos de mi abuelo, todos los demás fueron buenos sementales ya que el que menos tuvo fueron cuatro hijos.

    Mi abuelo, por ejemplo, tuvo: Una niña pelirroja, como él, que murió muy pequeñita y que se llamó Doloretes, Vicente (mi padre), Juanito, Doloretes, Pepe, Angelita, Francisco y por último Teresa. En total ocho.

    De las muchas anécdotas de D. JUAN CORELL destacaré dos muy curiosas:

    Una de ellas ocurrió en la calle San Xochim, donde está la carnicería o charcutería, como se llama hoy, de mi tío Vicente Oliver (El Cabanenc), que aparte de ser carnicero también fue “pintor artístico”, “acordeonista”, violinista, y sobre todo “taxidermista”.

    Pues bien. En el “porrat” de la citada calle se reunió toda la cuadrilla a “sopar botifarres, “llonganises”, etc. y todo lo que viniera. Yo tendría 10 – 11 años, no recuerdo bien, pero lo que sí recuerdo, porque me mondé de risa, fue que después de comerse, en plan desafío, “un llibrell” (lebrillo) de habas, una sopera de “cacau y tramusos”, y además un capazo de naranjas, todo en desafío como he dicho, entre Xochim el Barigualo y Ríos el Dentista, los dos mano a mano, a Ríos le entró dolor de barriga por la “fartera” que hizo.

    Y aquí viene la anécdota que causó mucha risa entre la concurrencia:

    Fue el SR. CORELL y le dijo a Ríos: “Ara vine y no te meneches que en un rellam teposaré bo. ¡Baixat els pantalons!”.

    Y Ríos obedeció, pero cuando vio a CORELL con una jeringuilla de un palmo de larga, con la aguja montada, sin subirse los pantalones echo a correr, con su pata de palo y las correas que la sostenían a rastras. Aquello fue una verdadera juerga y creo que a Ríos se le pasó todo el dolor de barriga que tenia. El Sr. Rios vivía cuatro pasos más allá del Cabanenc.

    En la fiesta o “porrat” hubo de todo: acordeón, baile, comida, etc. y mi padre y yo nos fuimos a dormir sobre las cinco de la madrugada.

    Quiero añadir que Xochim el Barigualo, cuando iba a un “porrat”, allí donde se sentaba, no dejaba pieles en el suelo, o sea que se lo comía todo. De la sandia que comía no dejaba ni las “pepitas” o simientes, y cáscaras del “cacau y tramusos” menos.

    Otra anécdota digna de ser contada es la de los sables el día de “Sant Nicolau”.

    Yo desde muy pequeño y siendo, según dicen, muy mañoso, obedeciendo las ordenes de mi abuelo, para el día de San Nicolás (el 6 de Diciembre), hacia sables que los regalaba a la clientela y para el SR. CORELL le hacia seis u ocho pequeñitos, que el también regalaba a sus amistades, para ponerlos y llevarlos en el ojal de la solapa de la chaqueta del traje.

    Cuando ya tenia 12 o 13 años le hice un sable, aparte de los pequeños, de unos 50 o 60 centímetros de largo para él y se fue más campante que el Guerra diciendo: “A vore qui esel valent que se posa en mi y me diu algo”.

    Al año siguiente ya lo quiso más largo y en el taller acordamos aumentar la longitud a unos 80 centímetros, y este se lo hice tipo “moro” o sea en curva y empuñadura cerrada. Al mismo

    tiempo los pequeñitos no le faltaban para que él pudiera hacer sus regalos.

    Quiero puntualizar que en aquellos tiempos, allá por los años 45 – 50, la fiesta de “Sant Nicolau” se celebraba por todo lo alto ya que los niños de los colegios tenían fiesta y se iban de merienda al mar o a otras partes, cada uno con su sable, e iban cantando una canción que, creo recordar, decía así:

    SANT NICOLAU, SANTO BENDITO, CONFESSOR DE JESUCRISTO. ¡VIVA EL REY, MUERA EL GALLO! CUATROCIENTOS PARA EL CABALLO. TRIS TRAS A LA ESPASA MORIRÁS. TRIS TRAS LLONGANISA MENJARÁS.

    Y para no ser más extenso en esta anécdota diré que el último sable que se hizo en el taller, para el SR. CORELL, tenía la friolera medida de 3,60 metros de largo. Lo queríamos esconder en el despacho del taller para darle la sorpresa y allí no cabía. Lo pinté y le puse en letras grandes: EL ZORRO (que entonces estaba de moda por lo de la película).

    Cogió los pequeñitos, le sorprendimos con el grande y se fue la mar de contento. Aun recuerdo que me dio doscientas pesetas por la obra de arte que le hice con lo del sable y me dijo: “Pren Juanito, per a llonganises”.

    Al cabo de un rato vino un señor al taller (no recuerdo quien era) y le dice a mi padre: “Piqueres vine al Pla y vorás a CORELL”. Dejamos la faena y nos fuimos mi padre y yo y allí estaba el SR. CORELL, en el Pla, acompañado de bastantes admiradores, con el sable grande en la mano y por el centro tenia atado “un rastre de llonganises de eixes dea pam, grans” y en la punta del sable, que estaba pintada de rojo, había unas tripas, no sé si de conejo, pollo o de qué, el caso es que eran unas tripas y con toda la gracia y salero que el tenia, al SR. CORELL le preguntaban y el respondía: “No sigau borregos ni aviseu als poliseros, pues he anat al mercad y el carniser me ha negad les llonganises, ¡A mi!. A CORELL, EL ZORRO no hi ha ben naixcut que´m negue res, aixina es que li he tirat sablá y ahí voreu les tripes. He agarrad les llonganises y así estic a celebrar el Sant Nicolau”. 

    En fin, esta es una anécdota de las tantas y tantas que se podrían escribir, pero yo me he limitado, humildemente, a contarle a su nieto, EL DR. RICARDO CORELL, algo de lo que presencie de su abuelo, uno de los mejores amigos que tuvo el mío Vicente Piqueres el cual era conocido como “EL ROCH DE PIQUERES” porque era pelirrojo.

    P.D. DE VICENTE PIQUERES MONSONÍS:

    Este pequeño anecdotario está firmado por mi hermano JUAN PIQUERES MONSONÍS y realizado en Marzo de 1999.

    El original manuscrito obra en mi poder y doy fe de que es lo último que escribió él antes de ponerse gravemente enfermo y morir el día 23 de Mayo de dicho año.

    Confirmo cuanto escribió lo cual conocía por referencias, ya que no lo presencie porque estaba ausente en los días de los hechos.

    Confirmo también que es cierto cuanto se dice referente a la cuadrilla que formaban todos los amigos de nuestro abuelo.

    Y ante la ausencia irreversible de mi hermano JUAN firmo yo mismo este relato que el escribió mayormente dirigido al nieto del SR. CORELL, el DR. D. RICARDO CORELL, en agradecimiento por las atenciones recibidas de el durante su enfermedad, y también porque este fue su deseo, no cumplido, de haber podido entregárselo personalmente.


     1 comentario
    Un Sesentón (Ahora 70)
    Un Sesentón (Ahora 70)
    21/01/2014 09:01
    Recordando el pasado

    Debido a que soy más joven que Usted, no tuve el placer de conocer al Sr Juan Corell. Debía ser yo muy pequeño en esa época. Si conocí a su hijo Manolo Corell, persona muy agradable y dispuesta. Lo recuerdo recorriendo el pueblo con su bicicleta para atender los servivios que prestaba como "practicante" siempre iba canturreando alguna cancioncilla. También conozco a sus hijos, aunque mi trato con ellos no va más allá del saludo. En cuanto a su hermano Vicente Piqueres, si tuve algún trato con él. Era muy tratable y "dicharachero"

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