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Por José Luis Esteban
Andanada de sol - RSS

EL Club Taurino de Alcora por Sevilla y alrededores

    Con un tiempo veraniego, inusual en el mes de Octubre, con temperaturas entre 20 y 38 grados, partimos el día ocho de la plaza San Roque de Alcora cincuenta y cinco socios, as del Club camino de Híspalis en un confortable autobús de lujo, como ya es tradicional de “Autocares Domingo”, siendo en esta ocasión el propio Domingo quien se encargó de conducirlo. Gran aficionado y excelente conductor proporcionándonos un viaje seguro, cómodo y muy agradable.

    Hacia las dos de la tarde llegamos a Córdoba, cruzamos el Puente Romano sobre el Guadalquivir que da entrada a la ciudad, pasamos por la Puerta de Calahorra y por el Triunfo de San Rafael, encontrándonos con la Mezquita. Comimos exquisitamente en el famoso restaurante “El Caballo Rojo” en pleno casco histórico, para luego pasear por las estrechas callezuelas de la Ciudad de los Califas. Hubo quien lo hizo en coche de caballos. Ya entrada la noche dormimos en Sevilla en el NH Viapol, frente a la Universidad.

    A la mañana siguiente nos dirigimos a la dehesa “Yerbabuena”, situada en el término municipal de Castilblanco de los Arroyos. Enseguida divisamos una rotonda en cuyo centro emerge una cabeza de toro esculpida en bronce, y al fondo, un cortijo blanco con una puerta central que se abre en una torre con cinco minaretes, en cuyo tímpano está obrado un panel de azulejos pintados a mano con los rostros de Rocío Jurado y José Ortega Cano, el nombre de la finca y un anagrama circular con las letras JR (José y Rocío). La puerta da a un precioso patio ajardinado en cuya izquierda se alza la vivienda del Maestro y a la derecha se abre una puerta que da a un amplio salón repleto de recuerdos del matrimonio Ortega Jurado.

    Nos recibieron la hermana de Rocío Jurado y su marido, comunicándonos que enseguida saldría el Maestro a saludarnos. Ortega Cano nos dio la bienvenida sentado en una silla de ruedas. Continúa haciendo los ejercicios de rehabilitación que le han mandado y su sobrino me comentó que tiene mucha fuerza de voluntad. De hecho lo vimos mucho mejor que cuando ha salido por televisión estos últimos meses.

    La finca es preciosa, muy cuidada y adornada hasta el más mínimo detalle y te la enseñan como si de una ruta turística se tratara y según la actividad que realizas en ella varía el precio de la visita. El propio Ortega nos explicó que gracias a ello se mantiene la finca, pero lo más importante, es que en estos tiempos de crisis da trabajo en ella a veinte familias de Castilblanco.

    Los sentimientos del maestro demuestran que es una excelente persona, que ha luchado mucho en esta vida hasta conseguir lo que tiene. Que todo no ha sido agua de rosas, pues ha tenido muchos sinsabores y que ahora en su finca recuerda y homenajea a su Rocío, a su amor, pues allí está su recuerdo permanente.
    En cómodos trenecitos visitamos la dehesa. Su simpática hija Rosa Camila, magnífica amazona, nos acompañó en la misma mezclada entre los vaqueros a caballo arropando a los toros para que los pudiéramos ver de cerca entre encinas, jaras y matorrales. La finca tiene una extensión de 758 hectáreas donde pastan dos encastes que los llevan por separado, los Pedrajas de Guardiola y los Domecq de Jandilla, reforzados por treinta vacas de Luis Algarra, lo que les da una acusada personalidad.

    Visitamos la ermita donde se casó con Rocío, en ella el propio Ortega Cano recordó muy afectado y con mucho cariño a la familia del fallecido en el accidente. Pidió por su alma, se rezó y se cantó la Salve Rociera. De allí nos dirigimos a la plaza de tientas.

    En ella tentó el novillero Alejandro Jiménez de la Escuela de Sevilla, pero la sorpresa para todos fue nuestro Jonathan Sedano, socio del Club y alumno de la Escuela taurina de Castellón, que con la venia del Maestro Ortega Cano salió también a torear a la erala. Se enfrentó a esta cuando ya casi no tenía ni un pase. Cogió la muleta con la izquierda ayudándose primero con la espada para seguir con enormes naturales componiendo la figura. “Tiene arte el chaval” exclamó Ortega Cano ante el entusiasmo y aplausos del público asistente. Se picó el novillero de Sevilla y volvió a coger la muleta, para después ser replicado de nuevo por Jonathan que seguía a la perfección todas las indicaciones del Maestro, al que le causó una excelente sensación. Lástima que Castellón no sea tierra ganadera, siendo que lo más importante para los becerristas es la práctica diaria con vacas bajo la dirección de un Maestro, pues ello les da oficio y soltura. Ortega invitó a Jonathan este invierno a tentar de nuevo en Yerbabuena.

    Contentos todos por la actuación de nuestro becerrista, que tan solo tiene 14 años recién cumplidos, comimos en la finca, en cuyo salón colgaba de una de sus paredes la placa de cerámica que le entregamos en Alcora al Maestro Ortega Cano en su visita a nuestro Club.

    A la mañana siguiente nos recibió a caballo en su dehesa de “Comeuñas” el prestigioso ganadero D. Fernando Cuadri, hijo de D. Celestino, fundador de la ganadería en 1946. está situada en el término municipal de Trigueros en la provincia de Huelva. Enseguida subimos a unos tractores ya preparados y bajo la dirección del propio ganadero, acompañado de su mayoral José Escobar, ambos a caballo, recorrimos la finca de cercado en cercado. 850 hectáreas es la extensión completa, donde 400 están destinadas a zona agrícola y 450 a la ganadería, donde pastan los machos ya divididos en diferentes cercados apartados en corridas de la próxima temporada. Entre ellas la reseñada para la próxima Feria de la Magdalena de Castellón. Bueno, todavía le quedaba la de Zaragoza a dos días de ser embarcada para la Feria del Pilar.

    Toros de bonita estampa con procedencia de Santa Coloma de Ibarra, mezclados con las ramas de Félix Urcola y la de Parladé de Belmonte, formando un nuevo encaste, el de Cuadri. Toros hondos, de pelo negro zaino y brillante, badanudos y enmorrillados, con generosas defensas y mirada agresiva, donde D. Fernando ha conseguido un tipo de toro basado en la casta como afán de lucha, bravura, y una nobleza escondida para que el torero sepa sacársela, poco a poco, durante su lidia en el ruedo.

    Encantados por la visita y las explicaciones, tanto del ganadero como del mayoral, el presidente del Club, Eliseo Fabregat, le entregó a D Fernando una artística placa de cerámica alcorina como testigo de nuestra visita a la finca.

    Comimos en Trigueros en el Mesón Cuevas. Restaurante muy taurino, precioso, de exquisita comida y excelente trato, muy recomendado para aficionados taurinos.

    Por la tarde hicimos nuestro particular peregrinaje a la ermita del Rocío. Nos encantó.

    El martes, víspera del Pilar, visitamos nuestra tercera ganadería en este viaje, la de “Partido de Resina”, donde pastan los legendarios “Pablo Romeros”, que sin perder su morfología adquieren actualmente el nombre de la finca desde que se hizo cargo de la ganadería la sociedad ganadera del mismo nombre.

    350 hectáreas de pasto marismeño dividido en amplios cercados donde se distribuyen por separado los machos y las hembras. En la casa ganadera nos recibe el mayoral, Manuel Muñoz, cuarta generación de los Muñoz desde que se fundó la ganadería hace 150 años. Rincones históricos del cortijo. Su arquitectura es la típica del entorno ganadero andaluz donde se cría el toro bravo. El propio mayoral nos hace de guía y nos explica todas las características de la ganadería y de sus toros durante las dos horas de recorrido por toda la finca entre cercado y cercado. Su procedencia es de sangre Cabrera, Jijona, Vazqueña y Gallardo, de esta fusión sale el toro cárdeno de Pablo Romero creando un encaste propio. Como dato curioso nos contó que los Pablo Romeros de becerros son de pelo rojizo y con el paso del tiempo se transforman en el cárdeno característico de la ganadería.

    Al finalizar se le entregó al mayoral nuestra placa típica de cerámica conmemorativa de la visita a la finca, para ir a comer a la Venta Pazo.

    Todas las tardes – noches las tuvimos libres en Sevilla donde pudimos disfrutar de todos sus encantos, sus monumentos, del barrio de Santa cruz, Triana, La Maestranza, de compras por la calle Sierpes, sus tablaos, sus restaurantes y algunos tuvimos la suerte de vivir el auténtico arte flamenco en casa la Anselma. Sevilla es mucho Sevilla y más.

    Estupendo viaje el que hemos disfrutado, con buena organización, excelente armonía y con ganas de volver el próximo año.

         

      

      

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