10 de diciembre de 2019 10/12/19
Por Manuel Guisande
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Las mujeres donde más nos quieren es en la playa

    Las mujeres donde más nos quieren, pero muchísimo, es en la playa; bueno, exactamente, exactamente, en la playa no, más bien a 30 o 40 metros. Tú aparcas el coche, lo apagas, y de repente… ¡¡¡increíble!!!, sin darte cuenta en tus manos hay ya dos bolsas, en el antebrazo pegado al cuerpo una silla, en la cabeza un flota y sobre la espalda, en plan sherpa, pues lo que sobra… que lo mismo llevas una colchoneta que una nevera que… Y mientras vas al arenal, porque eres un ser racional que piensas, te dices: «¿Y yo para qué voy a querer crema protectora si así como voy no hay rayo que me entre?».

    Y es que, de forma inconsciente, naturalmente, yo creo que la mujer cuando conoce a un hombre, como que tiene una fórmula matemática secreta que calcula su altura, su peso, el número de pie o la masa corporal, lo multiplica por dos, le hace una raíz cuadrada y sabe perfectamente si el día de mañana se casa contigo eres capaz o no de llevar entre 30, 40 o 50 kilos en la chepa a lo porteador.

    Yo no sé tú; pero a mí a esa distancia de la playa me adora, me ama, me… bueno; eso mientras no haya un aparato que sea tipo pulpo, que se acerque al coche, le pongas una moneda, estire sus ocho brazos y ella cuelgue de ellos lo que quiera y la siga hasta donde ha decidido tomar el sol. Ese día, aparcarás, llegará el pulpo y ella te dirá: «Hasta luego cariño» y… pero no, porque estoy seguro de que no hay pulpo que vaya a por el café, que espere a ver si hay mesa en el chiringuito, que limpie los flotas de arena, sacuda las toallas o que recoja las bolsas que… pulpo sí, pero no tonto.

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