16 de septiembre de 2019 16/9/19
Por Manuel Guisande
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Los deportes playeros son un peligro…

Cuando llega el verano hay muchos deportes de playa y cada cual más peligroso, más amenazador, traicioneros incluso. No sé realmente cuál es el peor, pero la verdad es que temo a todos porque no hay ninguno inocente, pero ninguno. Yo aviso, luego… allá tú.

Mira, el de las palas y la pelota, por ejemplo, siempre marca un antes y un después en esta época estival. Estás tumbado en la arena y cuando menos te lo esperas… ¡¡¡zas!!!, un pelotazo; y da lo mismo que estés cerca o lejos, es algo consustancial con la playa, como el mar, las arenillas, el chiringuito, la cervecita, el… el pelotazo. Duele decirlo y más recibirlo, pero un veraneo sin un buen pelotazo de esos que te deja la piel roja no es veraneo; donde haya un buen pelotazo que se quite todo. Tanto es así que yo cuando voy a la playa y veo a unos jugando a las palas me dan ganas de decirles: «Oigan, ¿me pueden dar un pelotazo, que quiero saber lo que duele este año para cuando me toque el de verdad?».

Luego está ese del platillo volador que va de un lado a otro como un ovni. Yo veo ese y no digo ni mu, hasta me da un no sé qué que se me dé por bostezar y se me incruste el disco en la boca y me deje sin dientes; que no he visto yo saltar dentaduras postizas… si te contara, pero muchas ¡¡eh!!, no dos o tres, que luego se pierden entre la arena y el afectado preguntando: «Ferfón, ¿no habfrá fisto for afí unof dientef?».

También hay otros que no son realmente deportes como tal, son más bien juegos, pero de alto riesgo. Y estos suceden cuando tres o cuatro imberbes deciden dedicarse a cogerse unos a otros o a tirarse agua… que te voy a contar que tú no sepas. Lo normal es que si llegas a las 12 a la playa y te vas a las 6, por ejemplo, pues oigas unas 74.487 veces decir a una señora: «tener cuidado con el señor, tener cuidado con el señor»; y yo, que por lo visto soy «el señor», te lo juro que es verla echándose aceite y más aceite y me dan unas ganas de cogerla por el cuello y más que tome el sol que se lo coma…

Pero reconozco, sin embargo, que en verano hay un deporte, que ¡¡¡ oye!!!, es de una educación, de una elegancia, de un saber estar... es ese del ala delta: un auténtico deporte de caballeros, de gentelman. Es genial. Va el tío por el aire, sin hacer ruido, calladito, a su bola, y cuando se estrella… no molesta a nadie, pero a nadie de nadie, como mucho dice «¡¡¡uy !!» (si le da tiempo) pero es un «¡¡¡ uy !!!» tan en la lejanía, tan respetuoso, tan bajito… que la verdad, es que con deportes así ir a la playa da gusto, pero mucho.

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