Un año del 'monstruo de la Plana', la tormenta que bombardeó Castellón con granizo como huevos, coches destrozados y pérdidas millonarias
Lo que empezó como una tormenta de verano acabó convertido en uno de los episodios más destructivos que se recuerdan en esta comarca
Hace un año, el 12 de julio de 2025, la Plana vivió una de las tormentas más destructivas de los últimos tiempos. Aquel episodio, bautizado por este periódico como el “monstruo de la Plana”, dejó granizo de gran tamaño, lluvias torrenciales, rachas de viento extremas y una imagen difícil de olvidar: pueblos enteros golpeados por el hielo en plena tarde de verano.
No fue una tormenta cualquiera. En municipios como Nules, Burriana, la Vilavella, Moncofa, la Vall d’Uixó o Artana, el temporal dejó campos arrasados, coches abollados, lunas rotas, persianas agujereadas, árboles dañados y una sensación de incredulidad entre vecinos y agricultores. Durante unos minutos, el cielo descargó con una violencia que convirtió la Plana Baixa en uno de los grandes epicentros del episodio.
Tormenta de grandes impactos de granizo en Nules ( Castellón ) #meteo#FMA#Castellon#Nulespic.twitter.com/6ZIG1XB5dz
— Miguel (@MikkiSounds) July 12, 2025
La efeméride llega además con una lectura que va más allá de aquel día. La Plana Baixa no solo sufrió una granizada histórica: esta zona del litoral valenciano reúne condiciones que favorecen la aparición de tormentas con pedrisco. AEMET no cuenta con una estadística oficial de granizadas, pero fuentes consultadas por elperiodic.com apuntaban meses después a que la Plana Baixa es una de las áreas costeras valencianas más expuestas a este tipo de fenómenos.
El corredor donde las tormentas encuentran camino hacia el mar
La explicación está en la propia geografía. El valle del Palancia y el Mijares actúan como corredores naturales por los que las tormentas pueden avanzar desde el interior hacia la costa. Los vientos canalizados por estos valles favorecen que las células tormentosas se organicen, se intensifiquen y lleguen con fuerza a zonas que, por su proximidad al mar, no siempre se asocian a granizadas tan severas.
El 12 de julio de 2025 fue el ejemplo más extremo de esa dinámica reciente. La tormenta que acabó castigando con especial dureza al sur de Castellón se formó durante la tarde en el interior, en el entorno de Pina de Montalgrao y Barracas. Primero avanzó lentamente hacia el sur y, poco después, se intensificó y tomó dirección este, hacia el entorno de la Sierra Espadán y la Plana.
Cuando el núcleo tormentoso alcanzó la Plana Baixa, descargó con una intensidad inusual. En algunos puntos, el granizo llegó a tener un tamaño comparable al de huevos de gallina. Las imágenes de aquel día mostraron calles cubiertas de hielo, vehículos destrozados y campos de cítricos golpeados con una fuerza muy difícil de asumir para quienes viven del campo.
En Nules, uno de los municipios más afectados, el informe meteorológico oficial publicado tras el temporal recogió datos especialmente llamativos: una extrapolación de 122 litros por metro cuadrado en una hora y vientos superiores a los 116 km/h. El Ayuntamiento elaboró ese documento para ayudar a los vecinos a tramitar posibles reclamaciones por los daños sufridos.
En Burriana, el informe municipal también reflejó la dureza del episodio. La estación de la Serratella registró rachas de hasta 106,2 km/h y en Santa Bárbara se alcanzaron 66,4 litros por metro cuadrado. Los primeros balances apuntaron a más de 1.000 vehículos dañados por el pedrisco, una cifra que explica el colapso posterior en talleres de chapa y pintura.
Una tormenta con memoria en una comarca cada vez más acostumbrada al granizo
El “monstruo de la Plana” impactó por su violencia, pero no apareció en una zona ajena a este tipo de episodios. En los últimos años, la Plana Baixa ha acumulado varios temporales destacables. A la granizada del 12 de julio de 2025 se suman otros episodios como el del 10 de mayo de 2025, el violento reventón húmedo del 12 de septiembre de 2023, la granizada del 11 de abril de 2021 o la del 21 de junio de 2013.
Ese historial ayuda a entender por qué la tormenta de julio quedó rápidamente asociada a una idea: la Plana Baixa es uno de los territorios valencianos donde el cielo puede cambiar de forma más brusca cuando se dan los ingredientes adecuados. La combinación de calor, humedad mediterránea, inestabilidad en altura y relieves interiores próximos puede convertir una tarde de verano en un episodio severo en cuestión de minutos.
Aquel sábado, los vecinos vieron cómo el cielo se oscurecía y, en muy poco tiempo, el granizo empezaba a golpear con una fuerza descomunal. En algunos puntos, el ruido contra tejados, persianas, cristales y vehículos fue descrito como un auténtico bombardeo. En el campo, la escena era todavía más dura: fruta en el suelo, ramas partidas, hojas trituradas y explotaciones enteras dañadas.
La agricultura fue la gran damnificada. LA UNIÓ calculó que el pedrisco afectó a unas 8.000 hectáreas de cultivo en Castellón y Valencia y dejó pérdidas superiores a los 29 millones de euros. La Plana Baixa fue la comarca más castigada, aunque el temporal también causó daños en el Camp de Morvedre, el Alto Palancia, el Alto Mijares y otras zonas próximas.
El cultivo más afectado fue el cítrico, con alrededor de 5.000 hectáreas dañadas y más de 22 millones de euros en pérdidas. También hubo afecciones en hortalizas, melones, sandías, aguacate, olivar y almendro. La virulencia del pedrisco hizo temer incluso por la cosecha de Clemenules, uno de los símbolos agrícolas de la provincia de Castellón.
AVA-Asaja situó su estimación en torno a 6.000 hectáreas afectadas y unos 25 millones de euros en pérdidas. Las cifras variaban según la organización, pero coincidían en lo esencial: el temporal fue uno de los golpes más duros para el campo valenciano en una campaña ya marcada por la incertidumbre climática.
Campos, coches, tejados y una petición de zona afectada
Los daños no se limitaron a la agricultura. En Nules, Burriana y otros municipios de la Plana, numerosos vecinos comunicaron desperfectos en vehículos, viviendas, persianas, cristales, cubiertas y elementos exteriores. El granizo fue lo bastante intenso y grande como para dejar marcas visibles en coches y fachadas, y para obligar a muchas familias a iniciar trámites con aseguradoras.
La magnitud del episodio llevó al Consell a solicitar al Gobierno de España la declaración de zona afectada gravemente por una emergencia de protección civil para los municipios perjudicados por las lluvias, el granizo y el viento. La petición afectaba especialmente a zonas de la Plana Baixa, el Camp de Morvedre y el Alto Palancia.
Los ayuntamientos también movieron ficha. Burriana anunció los trámites para solicitar la declaración de zona catastrófica tras los daños causados por el temporal, mientras que Nules publicó su informe meteorológico oficial para documentar la violencia del episodio y facilitar gestiones a los vecinos. Con el paso de los días, otros municipios afectados se sumaron a la petición de ayudas.
La tormenta dejó además una reflexión de fondo sobre la vulnerabilidad de esta parte del territorio. En zonas donde el cítrico, los cultivos de temporada y las explotaciones familiares forman parte de la economía local, una granizada de pocos minutos puede comprometer meses de trabajo y condicionar varias campañas.
También abrió un debate sobre la adaptación al nuevo escenario climático. Desde AEMET señalaron que el calentamiento del Mediterráneo puede aportar más energía a las tormentas que se desarrollan en primavera y verano. Eso no significa que cada episodio concreto se pueda atribuir de forma automática al cambio climático, pero sí refuerza la necesidad de mejorar la vigilancia, la prevención, los seguros agrarios y las medidas de adaptación.
Un año después, esta tormenta sigue muy presente, especialmente por la sensación de fragilidad que dejó. En cuestión de minutos, una tarde de julio pasó de ser una jornada más de verano a convertirse en una de las imágenes meteorológicas más duras de los últimos años en la Plana Baixa.
La comarca ya sabía que el granizo podía ser una amenaza recurrente y aquel día lo comprobó de la forma más brutal



















