‘Mario’, comedia negra con sello valenciano: un plan de cine para este puente lluvioso
El largometraje, rodado en parte en Valencia, llega este 10 de octubre a los cines como una reflexión sobre las apariencias y las mentiras cotidianas
Hay películas que se cuelan en la cartelera sin contar con el estruendo de las grandes superproducciones de Hollywood, pero que traen consigo una mirada capaz de poner en jaque nuestras certezas. Mario, el nuevo largometraje de Guillem Miró, que llega a los cines este 10 de octubre, pertenece a esa rara especie. Una comedia negra coral que se mueve entre el humor y la incomodidad, el suspense y la ternura, con un marcado sello valenciano tanto delante como detrás de las cámaras.
El filme, rodado en localizaciones de Valencia y Mallorca, cuenta con la participación de la productora valenciana Nakamura Films, responsable de títulos como La casa, y con algunas de las caras más reconocibles de la escena valenciana actual entre sus protagonistas, Gloria March (La mort de Guillem, La buena letra) y Raquel Ferri (Un año, una noche; Los renglones torcidos de Dios). Junto a ella completan el reparto Jaume Madaula, Jose Pérez Ocaña, Miquel Gelabert, Daniel Bayona, Alba Pujol, Aimar Vega y Jaume Gálvez Gimeno.
La película parte de una premisa aparentemente sencilla: Antònia organiza una fiesta sorpresa para Mario, su pareja, sin saber que ese gesto cariñoso destapará una maraña de mentiras que todos preferirían no conocer. Entre anécdotas y recuerdos, los invitados comienzan a descubrir grietas en el relato del carismático Mario. Las sospechas crecen y la celebración se transforma en una inquietante disección de las apariencias. “¿Quién es realmente Mario?” —esa pregunta que articula la trama— acaba siendo un espejo para todos los personajes… y para el propio espectador.
Miró, que firma el guion junto a Ana Inés Fernández, construye una historia que mezcla la comedia de enredos con la tensión psicológica. Pero lo que realmente distingue a Mario es su capacidad para hacer estallar lo cotidiano. El director mallorquín —que ya había mostrado su talento en En acabar y en los cortos La nau y La farsa— vuelve a apostar por ese tono entre la ironía y el desasosiego, donde el espectador ríe sin saber muy bien si debería hacerlo.
“Mario no es solo una película sobre la identidad —explica Miró—, sino sobre el relato: lo que contamos, lo que callamos y lo que los demás deciden creer. La tensión entre verdad y percepción. Y es que, para que una mentira funcione, no basta con un buen mentiroso: hace falta alguien dispuesto a creerla.”
El germen del proyecto nació, según el propio director, de una experiencia personal inesperada. Durante un tiempo, Miró participó en ensayos clínicos en el Hospital de Sant Pau, donde escuchó historias sorprendentes de otros voluntarios. “Una de ellas me dejó fascinado —recuerda—: un hombre consiguió hacerse pasar por neurocirujano durante años. Su pareja —y todo su entorno— vivieron inmersos en la mentira. Los amigos del mentiroso, que conocían la verdad, asistieron durante todo el cumpleaños impactados al ver el despliegue de mentiras y engaños de su amigo. Buscaron una excusa y escaparon de aquella incómoda fiesta. No se atrevieron a desenmascararlo. Ahí pensé: ¿y si esos amigos hubieran decidido desnudar las mentiras de su amigo? ¿Qué habría sucedido?”.
Esa imagen fue el punto de partida de una historia que transcurre casi íntegramente en un único espacio, una casa donde los silencios pesan más que las palabras. Mario se sostiene en su guion milimetrado y en el trabajo coral de un reparto que brilla especialmente en los momentos de tensión contenida. La dirección apuesta por el detalle, por la mirada que se desvía, por el gesto que contradice al discurso.
“Me interesaba ese pequeño desplazamiento de perspectiva que lo cambia todo —añade Miró—. Aquello que parecía noble o incluso admirable puede convertirse, con solo un giro, en algo oscuro. Esa ambigüedad es la mejor gasolina para la comedia… y también para el drama.”
Más allá de su planteamiento psicológico, Mario funciona también como un retrato mordaz de nuestra sociedad de las apariencias, donde la imagen pública y las ficciones personales se confunden hasta el punto de resultar indistinguibles. En ese sentido, Miró consigue que la película resuene con la vida cotidiana de cualquiera: “Todos, de alguna forma, somos narradores de nosotros mismos. Todos adornamos o escondemos partes de lo que somos”, apunta el cineasta.
En última instancia, Mario no busca señalar a los mentirosos, sino preguntarse por qué necesitamos creer. “A veces —concluye el director— vivir dentro del engaño es más cómodo que mirar de frente la verdad. Todos tenemos un pequeño Mario dentro, esa parte que prefiere la versión amable de las cosas. Pero, como en la película, llega un momento en que el espejo se resquebraja y ya no hay vuelta atrás.”
Con Mario, Guillem Miró firma una de las propuestas más personales y sugerentes de la temporada: una comedia negra con alma mediterránea y acentuada raíz valenciana, que nos recuerda que, tras cada sonrisa perfecta, puede esconderse una historia mucho más inquietante de lo que imaginamos.
Presentada en la Sección Oficial Nacional del Atlàntida Mallorca Film Fest 2025, Mario confirma a Miró como una de las voces más singulares del nuevo cine balear y mediterráneo. Además, cuenta con el apoyo del IVC (Institut valencià de Cultura), ICIB (Institut d’Indústria i Cultura de les Illes Balears), Fundació Mallorca Turisme, Consell Insular de Mallorca, Mallorca Film Commission, Europa Media Creativa, À Punt, 3Cat e IB3, y CREA SGR.










