Cuando todo se paró: así vivieron los valencianos el histórico apagón de Sant Vicent entre la angustia y las fiestas
Recorremos la historia del apagón desde diferentes puntos de vista
"¿Dónde estabas el día del apagón?" ya se ha convertido en una de las preguntas típicas para conversar, con una fecha que se suma a otras efemérides populares como la del inicio del confinamiento, el atentado de las Torres Gemelas o el golpe de Tejero.
El 28 de abril de 2025 fue, sin duda, el día de Sant Vicent más atípico. La jornada en la que, inopinadamente, la Comunitat Valenciana se paralizó por completo al compás del resto de la península ibérica.
Todos los valencianos, desde Torrevieja a Morella, recuerdan aquel fatídico día del apagón. Algunos con angustia, otros con curiosidad y expectación, unos cuantos con tranquilidad mediterránea pasando el día 'a la fresca' e incluso, decenas de miles, con indiferencia, al encontrarse en plenas fiestas mayores de sus municipios con el popular fervor hacia Sant Vicent Ferrer 'el del ditet', uno de los patrones más queridos a lo largo y ancho del territorio valenciano.
En elperiòdic.com hemos querido recordar aquel insólito día en el que los valencianos retornamos a la época preindustrial a través de testimonios desde diferentes ángulos, desde un restaurador valenciano que sufriría pérdidas de miles de euros a unas festeras alicantinas que siguieron bailando sin incomodarse por el cero absoluto que atenazaba a España.
Historias particulares mientras aumentaba la tensión de una emergencia que multiplicaba las incidencias a resolver por bomberos con cientos de atrapados en los ascensores, los hospitales muy pendientes del combustible de sus generadores y la comunicación 'caída' por el vacío que dejó la telefonía.
“Fue solo un día, pero un día de muchas pérdidas”
Muchas cocinas estaban en plena ebullición cuando todo se detuvo. El 28 de abril de 2025 se celebraba el día de San Vicente, una de esas jornadas marcadas en rojo para la hostelería de muchos municipios de la Comunitat Valenciana que celebran el festivo. El restaurante Chef Amadeo, en la playa de Gandia, afrontaba un servicio completo, con todas las mesas reservadas y decenas de arroces preparados para entrar en fuego. Entonces llegó el apagón.
“Era un día grande y yo tenía el restaurante petado”, recuerda su propietario, Amadeo Faus. La escena, habitual en festivos señalados, se tornó en cuestión de minutos en una situación límite. “Unas 30 mesas en total, veinte y pico paellas marcadas y me las tuve que ‘comer’ yo”, explica con crudeza. En el argot de cocina, “marcar” implica dejar listo el sofrito y la base del plato para, a la llegada del cliente, añadir el arroz o el fideo y culminar la elaboración. Todo ese trabajo previo, horas de preparación y producto fresco, acabó en la basura.
El corte de suministro llegó en torno al mediodía, con el servicio a punto de arrancar. “Habíamos abierto por la mañana y la mayoría de las reservas estaban marcadas. Incluso en la cocina se estaban preparando todas las guarniciones”, detalla. Sin electricidad, el problema no era la imposibilidad de cocinar con gas, sino la seguridad. “Sin la extracción de aire el local hubiese sido impracticable con el humo y los vapores”, añade. La decisión fue inmediata: cerrar.
El impacto económico fue directo. “Tuvimos unas pérdidas en facturación de unos 6.000 euros fácilmente”, calcula Faus. Pero la cifra no se queda ahí. A esa cantidad hay que sumar el género desperdiciado y los costes laborales de una plantilla reforzada para la ocasión. “Somos ocho en plantilla y en fines de semana y festivos tenemos cuatro o cinco extras. Ese día seríamos una quincena. Y todo el equipo tenía derecho a cobrar igualmente”, subraya.
La imagen de las paellas ya preparadas, alineadas en cocina, resume el alcance del golpe. “Con lo que estaba preparado o en proceso no se pudo hacer nada, se tuvo que tirar todo”, explica. El resto de alimentos, especialmente los almacenados en frío, se convirtieron en una preocupación añadida. “Los dejamos en las neveras y congeladores sin abrir desde que supimos que era un apagón generalizado”. Mantener la cadena de frío era clave para evitar pérdidas aún mayores.
La incertidumbre se prolongó durante horas. Faus llegó a plantearse una solución de emergencia, desplazarse a Andorra para adquirir generadores eléctricos. “Tengo un almacén en Gandia con dos congeladores llenos de género para la temporada. Estuve a punto de comprar unos alternadores e ir a por ellos”, relata. Finalmente decidió esperar. “Si no hubiese vuelto la luz por la noche, habría arrancado hacia allí. Los congeladores aguantan hasta tres días si no se abren, pero no podía esperar más”.
Más allá de su propio negocio, el chef habla también como presidente de la Asociación Comarcal de Turismo y Hostelería DestíSafor y el diagnóstico es compartido. “Todos los restaurantes estábamos igual. Nos llamábamos entre nosotros y en prácticamente todos los casos era similar”, relata. Cocinas cerradas, servicios cancelados y pérdidas generalizadas: “Algunos bares más pequeños pudieron dar un servicio mínimo, pero la mayoría tuvimos que cerrar”.
El apagón evidenció, según los hosteleros, la fragilidad de un sector que depende por completo de la energía para funcionar. “Esto es un restaurante. Aquí la gente viene a sentarse y a comer. No es un bar donde puedas seguir sirviendo refrescos”, apunta Faus.
San Vicente, insiste, no es un día cualquiera. “Es prácticamente un día de verano. Todo el mundo sale a celebrarlo con la familia, son comidas largas, de sobremesa, con mucho gasto”. Precisamente por eso, el impacto fue mayor. “Fue solo un día, sí, pero fue un día de muchas pérdidas”, concluye.
"Las fiestas fueron perfectas: el apagón no nos bajó el ánimo"
“Las fiestas fueron perfectas. El apagón no consiguió bajarnos el ánimo en ningún momento”. Estas palabras, pronunciadas por Lucía Díaz, Reina de las Fiestas Patronales y de Moros y Cristianos de San Vicente del Raspeig 2025, definen cómo se vivió uno de los días más importantes para los sanvicenteros, tras el inesperado apagón eléctrico que afectó a todo el país.
El apagón se produjo el lunes de San Vicente, el día más importante de las fiestas, ya que se rinde homenaje al patrón de la localidad. Durante la mañana, se realizó la gran esperada ofrenda floral: “Pude realizar el desfile sin ningún problema. Cuando llegamos a la plaza, nos sentamos para ver pasar al resto de festeros. Mientras tanto había momentos en los que alguien se acercaba y comentaba: ‘Se ha ido la luz’, y la reacción era simplemente un ‘uy’. En ese momento no sabíamos que se trataba de un apagón generalizado en toda España, únicamente que no había electricidad”.
Sin embargo, poco a poco comenzó a circular información sobre que en ciertos establecimientos de la zona se había ido la luz. “Yo estaba hablando con el alcalde y decíamos: ‘Bueno, será cosa de esta zona’. Veíamos a los responsables de mantenimiento tocando los cuadros de luz e intentando arreglarlo, y pensábamos que no sería nada”.
Al poco rato comenzaron a darse cuenta de que se trataba de algo más serio y de que el apagón se había extendido a otros lugares. “Comenzaron a llegar mensajes: que San Vicente estaba sin luz, luego Alicante, Benidorm, Alcoy… Eran WhatsApps que indicaban que el apagón se estaba extendiendo. Poco después ya se hablaba también de Madrid y Sevilla. Todo aquello lo escuchábamos y pensábamos: ‘Qué cosa más rara’.”
Una vez finalizada la ofrenda, tuvo lugar una misa que se celebró de forma distinta, a la luz de las velas y sin micrófonos ni altavoces. Posteriormente, surgió la incertidumbre sobre la mascletá. “Yo estaba fuera con mis compañeras haciéndonos fotos cuando, de repente, llegó el alcalde y me dijo: “Lucía, o tiramos la mascletá ya o no se tira”. Entonces todo fue a contrarreloj. Normalmente se realiza un pasacalles ordenado, con mucho protocolo, desde la plaza hasta el lugar donde se dispara, pero en ese momento fue todo corriendo: cogí a todas las chicas y les dije que fuéramos rápido. Fue brutal, increíble, preciosa, y me alegré muchísimo de que se pudiera disparar.”
Al terminar, el Ayuntamiento y los responsables de la organización se reunieron, mientras las festeras continuaron con su actividad habitual. “Después de comer nos fuimos a cambiarnos y salimos a pasear por el pueblo con otras bandas de música y comparsas, haciendo los típicos pasacalles del lunes por la tarde. La sensación era como si nada hubiera pasado: la gente estaba en la calle, celebrando con normalidad”.
No obstante, dada la situación, la Unión de Comparsas y la Comisión Municipal de Fiestas analizaron la gravedad de lo sucedido. “Reaccionaron obedeciendo y siguiendo las directrices del Ayuntamiento de San Vicente, que a su vez estaban siempre consensuadas con la Policía, la Guardia Civil, los bomberos y los servicios de emergencias necesarios en ese momento. Después de comer, se reunieron para decidir qué pasaba con los actos de la tarde, además de por la noche y, al día siguiente, para decidir si continuaban los actos del martes.”
Finalmente, se suspendieron varios actos, como la procesión del Santo Patrón San Vicente Ferrer y el castillo de fuegos. Sin embargo, la actividad festera no se detuvo durante el día. “Mientras hubo luz del sol, las calles estuvieron llenas de festeros disfrutando como en cualquier año normal. Cuando empezó a anochecer, nos enteramos de la suspensión de la procesión. En ese momento sí que hubo una cierta decadencia emocional, porque sabíamos que esa noche de fiesta no se iba a poder celebrar. Aun así, recibimos mucho cariño de festeros y vecinos, que se acercaban a preguntarnos y a tranquilizarnos”.
Por mi parte, “intenté mantener siempre una sonrisa. Mi función fue, por supuesto, apoyar y entender cualquier decisión que tomara el ayuntamiento junto a la Unión y la Comisión de Fiestas, porque al final ellos eran quienes debían velar por la seguridad de todo el municipio”.
La luz fue regresando progresivamente, aunque no en todo el municipio a la vez. “Por la noche, cuando llegué a casa, todavía seguíamos sin luz. Cené a la luz de las velas, un sándwich, y me fui a dormir con mucha incertidumbre, pensando en qué pasaría al día siguiente”.
Sin embargo, el martes cambió la situación. “Cuando ya me enteré de que sí había embajada, salí de casa más feliz que nunca, pensando: ‘Hemos recuperado nuestras fiestas’. Al final, solo se había visto afectada la noche. La procesión se pudo recuperar el jueves tras Santa Faz y el castillo de fuegos también se disparó en el mig any. Fuimos recuperando los actos poco a poco”.
“Yo pensaba en cómo estaría la gente, pero el martes por la mañana todo el mundo estaba en la calle feliz y con mucha alegría”, explica. La gente estaba muy animada, con ganas de recuperar el tiempo perdido. Se notaba una alegría compartida entre los festeros.
“Recuerdo, sobre todo, una sensación constante de felicidad, de estar bien, como en una nube. Como máximas representantes, el apagón no consiguió sacarnos de ese estado. Y, a pesar de todo, fueron las mejores fiestas de nuestras vidas”, concluye.








