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Per Vicent Albaro
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El mural de Torrecid

    Han pasado las fiestas de Pascua como una exhalación, como pasa todo en la vida sin darnos cuenta. Tradicionalmente estas jornadas siempre han constituido un encuentro con el ser íntimo de la población, con las raíces auténticas de nuestra pátina como pueblo. Todo transcurre alrededor de la Iglesia como edificio señero y como ente espiritual y social. Desde que estas tierras fueron reconquistadas al musulmán, la vida pública ha transcurrido siempre en este entorno sacrosanto y vetusto del casco antiguo, que como en cualquier otra población, jalonan su iglesia y consistorio como hitos señeros. Así lo fue en esta Alcora, hasta que el nuevo ayuntamiento pasó a ocupar los húmedos solares de la balsa comunal de riego en el barrio de la Calderona, una puerta al progreso que lo ha cambiado todo.

    Por lo tanto en estas festividades donde se conmemora la pasión y muerte de Cristo, así como su resurrección, toda la población está convocada a participar de los actos que dan sentido a nuestra cultura secular. Los hay que lo hacen con fe acrisolada, otros por costumbre o tradición heredada, y los más por diversión, como buscando el ambiente lúdico que rompa la monotonía diaria. Estas jornadas siempre fueron intimistas, como lo es la particular espiritualidad de cada cual, el remover los recuerdos familiares fieles a la tradición y reflejados en aquellas viejas fotografías en blanco y negro; las del niño en brazos de su padre o padrino sacando el Rollo. O las tareas domésticas de las madres y abuelas confeccionando los dulces del tiempo pascual: monas, empanadas, rollos de anís, cocas, almendrados, brazos de gitano, etc. Cuando se laboraba en casa y se llevaban en bandejas a los hornos para su cocción, se almacenaban en la despensa con mimo, cubiertos con telas de lino o algodón, y todo aquello olía a manjares del cielo. Como manjares son las jugosas tortillas de espárragos, habas o ajos tiernos en las merendolas de pandilla. Grupos juveniles diseminados por los campos y alquerías, buscando intimidad y una libertad a los sentidos que aquella sociedad encorsetada, no les permitía bajo ningún concepto.

    Pero hete aquí que hemos pasado en pocos años del encorsetamiento al despiporre. De la intimidad al exhibicionismo. De la cuidada tradición a la masiva participación. De la delicada sutileza de estas fiestas con indiscutible toque identitario, a la chabacanería de la turba aulladora y eufórica. Y por lo tanto visto lo visto, ya no existe ninguna diferencia con las de agosto que tenían ganado el afamado título de excesos veraniegos, comparadas con las siempre sutiles y recatadas de la Pascua. Todo esto solo es comprensible, visto desde la óptica mercantilista de la política que hace tabla rasa de cualquier cosa, -y cualquier cosa es cualquier cosa- con tal de contentar y aplacar a la enervada masa que le vota y le regala sueldo, honores y prebendas. Y esa masa hedonista, ya ha sido previamente aleccionada, manipulada y convencida por los voceros del “establismen”, para que al final todo salga a partir un piñón, al gusto del interés “general” y del propio. Y esto no pasa aquí solo, en un lugar remoto del Alcalatén, no que va, esto es una plaga que lo va devorando todo. Y las posiciones son muy claras, o participas de la orgía sutilmente impuesta, o margínate y dedícate al claustro, al exilio o a vagar por los montes. No hay sitio para ti en la nueva “Tradición” festiva.

    Pero como todo pasa y lo nuestro es pasar, han pasado estas jornadas que otras próximas harán olvidar, y así otras y otras y otras más. No obstante sí ha quedado algo que será imborrable, se trata del Mural del Rollo, un magnífico cuadro de cerámica sobre azulejos que muestra los aspectos más característicos de esta singular tradición. Obra de la destacada ceramista Lidón Mor, forjada como artesana en la escuela de la difunta Muy Noble, y patrocinado por la firma Torrecid. La herencia Michavila, apellido siempre omnipresente en esta bendita tierra que ya no la conoce ni la madre que la parió. Siempre atentos a cubrir detalles precisos y preciosos de nuestro pueblo. Amor con amor se paga, y esto es prueba de ello como así lo demostró el iniciador de la saga, el Dr. D. Federico Michavila, así como sus descendientes de hoy, que bajo la firma Torrecid han sufragado este pequeño tesoro de cerámica. Está ubicado en el interior de un arco gótico rescatado de la plaza Patio e instalado en ese lugar, pared este de la escuela de EPA y puesto ahí por un servidor en su tiempo de regidor, criticado en su momento; pero convencido de que esta acción, evitó su pérdida como los hermanos gemelos, ahora en paradero desconocido.

    El conjunto del arco y mural es espectacular. Su ubicación es perfecta, si hoy marca la salida de la romería, en otras épocas reflejaba la entrada por la calle Molineros, cuando todos los niños se apretujaban nerviosos en el interior del templo, a la espera de comenzar el reparto del pan bendito. Y me falta nombrar al artífice de esta obra, al anterior regidor de cultura Marcial Ros Grangel, quien se empeñó en marcar su impronta concejil con esta obra, con sumo acierto. Una idea brillante de quien buscó dignificar lo auténticamente nuestro. No anda la villa sobrada de murales alusivos a su historia y tradición. La moda de los murales de arte contemporáneo, más o menos abstracto, que todos alaban pero que nadie entiende y que refleja en contados casos, sin necesidad de manual explicativo, nuestra realidad costumbrista. Estos murales explícitos con cerámica clásica, pueden hacer mucha pedagogía de nuestras señas de las que no andamos sobrados, o recordando lo que se ha destruido –es un casco urbano irreconocible en pocas décadas-, abrigaría el sentimiento de patria chica entre los residentes, y devolvería el calor afectivo de la nostalgia a los ausentes, que no les queda apenas ningún recuerdo tangible fuera del camposanto. Que fluyan pues la sensibilidad y el sentido común.

    Se ha enriquecido el patrimonio local con esta obra de arte que quedará para la historia, fotografiados los actores del evento para la posteridad, y la gratitud de la gente sencilla ante este panel alegórico que retrata lo genuino, se hace patente. Seguramente no se hizo justicia a los desvelos del promotor, entre otros; pero al menos salió en la foto y así quedará para los restos. Otros, entre los que me incluyo, ni eso. Se curraron otros trabajos, cambió el signo del gobierno municipal, y adiós… ahí te pudras. Ni foto, ni agua, ni leches, al rincón castigado; y suerte que el bueno de Eladi, se acordó del pobre ex concejal en la última fila. Así es el fruto de la cochina política mezclado con antipatías personales: egoísta, trilera, ambiciosa, malvada, traidora, partidaria, sectaria y despiadada hasta el delirio, los de enfrente y los que crees tuyos. Ambos. Aquí no se escapa nadie. Y para colmo, en esta tierra de sequías perennes y olvidos clamorosos casi enfermizos, te recuerdo Marcial -con algunas cornadas aún sangrando-, cómo toma fuerza el adagio vernáculo que reza: “En este poble, val més caure en gràcia, que ser graciós”. Ex concejal dixit. ¿Cuál…? ¡Ah!, adivina adivinanza

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    comentari 1 comentari
    Bufanúvols
    Bufanúvols
    07/04/2016 06:04
    VANAGLORIA PÓSTUMA

    En ocasiones parece que las obras y servicios que prestan concejales cuando permanecen en el gobierno, que no olvidemos están retribuidos, sean ejecutadas para vanagloria futura, para jactarse ante amigotes, para salir en la FOTO y no se establezcan por servicio público. Me evoca a los grandes colosos construidos en el Antiguo Egipto por orden de los faraones a fin de ser recordados para la posteridad.

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