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Por Cristina Querol
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Juan se levantará

    Serán las 6 de la mañana y como un chorro de agua fría sonará el despertador. Juan volverá a plantearse para qué levantarse. Le duele la espada y siente que las sábanas lo atrapan inmisericordemente. En la habitación de al lado sus hijos duermen, no tan ajenos a un futuro incierto.

    Juan se levantará.

    Juan pondrá un pie tras otro mientras recorre los 400 metros que le separan del almacén. Sus cuatro trabajadores esperarán disciplinados en la puerta. Las manos en los bolsillos, la braga en el cuello, las manos ásperas, los pies fríos. Entrarán en calor cargando la furgoneta y se irán a acabar un trabajo que no saben cuándo cobrarán.

    Juan se reirá y bromeará con sus chicos. Todavía no sabe cómo le dirá a uno de ellos que mañana no hace falta que vuelva. Tampoco sabe si eso será suficiente para evitar bajar la persiana.

    Juan repasará la correspondencia. Las cartas del banco le amenazarán con quitarle la casa. Juan lo sabe y no las abrirá. Llamará a la señora Conchita, que le dirá que le puede adelantar 400 euros, que sabe que le debe 10.000 pero que no los tiene, que lo siente. Juan perderá toda esperanza de pagar las nóminas sin retraso.

    Su mujer le dirá que va a coger 30 euros de la cajita de emergencias. Son los últimos. La niña pide la muñeca para reyes. Habrá que comprársela. Juan se enfadará, porque ya está bien, que este año no hay reyes, Maruja, que tú sabes cómo están las cosas. Pero a la niña no le hables de crisis, piensa Maruja, que los Reyes Magos por algo son Magos. Juan se acordará de la madre del rey negro y Maruja llorará.

    Las horas pasarán lentas al son de la hormigonera. El frío no cesará. Hoy habrá que echarle horas. Todos saben que no las cobrarán. Nadie se quejará. Juan tendrá el semblante serio. Todos supondrán por qué pero no preguntarán. Pedro lo intuirá. Últimamente no da pie con bola. Está cansado, le faltan reflejos y le sobran años. No es más que un estorbo. Desde los 15 ha sido un mandado. Ya no sirve ni para eso.

    Se hará de noche, recogerán los bártulos. Mañana más. Menos para Pedro. Juan lo lamentará, pero no se lo dirá por la boca, sino con los ojos. Pedro lo entenderá. Agachará la cabeza. No pensará en mañana: ya lo ha pensado demasiadas veces.

    Juan volverá a casa. Enchufará la tele, absorto. No escuchará pero leerá, sin prestar demasiada atención, los titulares: “Sin ningún tipo de debate, todos los partidos políticos sin excepción se ponen de acuerdo sólo en una cosa: en asegurarse una paga cuando dejen de ocupar sus cargos, a pesar de no haber cotizado y de haberse eliminado la ayuda de 426 euros a los parados”.

    Algunos se preguntarán por qué Juan “pasa” de la política, por qué no va a votar, por qué no cree en los políticos. Muchos seguiremos defendiendo nuestras ideas y nuestro partido. Pero eso no impedirá que se nos caiga la cara de vergüenza con este titular. Como a Juan, que por suerte para todos, volverá a levantarse a la mañana siguiente.

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    comentarios 5 comentarios
    PACO VENTURA
    PACO VENTURA
    20/12/2010 06:12
    PARA MICHEL Y JP

    Efectivamente, Michel. Cristina en poco dice mucho. Pero conforme están los tiempos, razón tiene nuestro amigo JP, pues no debemos esperar mucho de los que nos rigen. No obstante existe una cita que me gustaría analizáis. No es otra, que aquella que nos dice que ..."Lo que ahoga a alguien no es la inmersión, sino el permanecer bajo el agua". ¡Bons Nadals als dos!

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