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Por Miguel Bataller
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La familia, garante de la subsistencia

28/02/2015
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Durante bastantes años muchos españoles nos habíamos olvidado de la verdadera importancia de la familia como catalizador de nuestra propia felicidad.

En la misma medida en la que nos íbamos modernizando e incorporando a un mundo consumista, en el que proliferaban las familias monoparentales o nuevos arquetipos de familias en las que no aparecían perfectamente delimitados los papeles del padre y de la madre, al existir indistintamente dos padres o dos madres, el concepto de familia tradicional se iba difuminando.

Lo mismo podía ocurrir en las familias tradicionales en las que al trabajar padre y madre y tener que atender a sus hijos pequeños sin apenas tiempo para hacerlo, los mayores se convertían en una carga importante ante la imposibilidad de prestarles los cuidados que se merecían, y por eso era frecuente llevarles a las Residencias, en general contando con su consentimiento, conscientes ellos también de que iban a tener mucha mejor atención médica, clínica y personal, a cambio de la falta del cariño diario de hijos y nietos.

Nuestros mayores acababan en no pocos casos, aparcados en residencias de la Tercera Edad donde los hijos considerados solían visitarles muy frecuentemente acompañados de los nietos, para alegrarles los últimos años o meses de vida.

Pero curiosamente la CRISIS, que en muchos casos ha tenido efectos perversos en muchos entornos sociales, ha servido en cierto modo para recuperar el sentido de la FAMILIA, ya que por imperativo económico no alcanzan en muchos casos los recursos económicos de los hijos abocados al desempleo, para pagar los gastos de estancia de los mayores en residencias de pago e incluso en aquellas en las que se aceptan a los mayores a cambio de sus pensiones de jubilación, les han sacado de ellas.

Al quedar en situación de desempleo uno o en bastantes casos los dos miembros del matrimonio en familias jóvenes, se ha iniciado el regreso al hogar familiar de nuestros mayores, ya que sus pensiones en bastantes casos se han convertido en la fuente de ingresos fundamental para la subsistencia y supervivencia de todo el núcleo familiar.

Ahora me vienen a la memoria las familias extensas de mis abuelos, con unas veladas interminables alrededor del fuego, con cenas familiares sin mesas ni manteles pero con una dosis maravillosa de cariño y sonrisas y un simple pedazo de pan tostado en el hallar y aderezado por “cansalá magreta” asada a la brasa con morcillas, longanizas o chorizos y en el mejor de los casos chuletas (pocas veces) con unas ensaladas abundantes y fruta del tiempo que nunca faltaba, ya fueran naranjas, peras, manzanas, melocotones, ciruelas y nísperos, hasta enlazar en pleno verano con los melones o sandias o la sabrosa calabaza asada, que solían aparecer en los postres.

En el patio siempre había un corral de gallinas, otro de patos, varias conejeras y hasta una pocilga en la que se alimentaba al cerdo que nacía condenado a morir en la matanza anual, que nos partía en corazón a los pequeños, como nos lo partían los golpes para desnucar a los conejos o los cortes en la garganta de las gallinas o patas, cuyos huevos nos habían alimentado durante tanto tiempo.

Uno intenta retrotraerse, sonríe, se sumerge en esos recuerdos y mira el presente de sus hijos y nietos, y no puede menos que lamentar el haberles privado de poder vivir algo tan especial y emotivo como era aquella vida elemental pero a la vez riquísima en sentimientos, en sensaciones y en vivencias.

Luego a la largo de nuestra vida nos hemos esforzado denodadamente en busca de un “bienestar” absolutamente diferente, ha sido una carrera desenfrenada en busca de una situación económica que nos garantizara el futuro de nuestros hijos y de nuestros nietos, sin darnos cuenta de que estábamos renunciando a lo que tanto nos había enriquecido, sin necesidad de tener tanto dinero.

¡Que gran verdad la del refrán que nos dice “no es mas rico quien mas tiene, sino quien menos necesita”!

Una vez cubiertas las necesidades básicas, al llegar a la Tercera Edad nos percatamos de que es tan poco lo que necesitamos para ser felices, que casi todo lo que hemos acumulado nos sobra ya.

Y por eso ahora es cuando yo escribo esta columna, para agradecerle a la CRISIS, en nombre de muchos ciudadanos que nunca lo harán (porque nunca se darán cuenta) de este maravilloso efecto secundario que va a permitir que abuelos y nietos vuelvan a convivir en un entorno inmediato y que esos nietos aprendan de sus abuelos muchos de los consejos que reciban ellos de los suyos y que les ayudaran sin duda a ser mas felices en el futuro.

La crisis actual, no es más que una consecuencia de la burbuja anterior, y esa burbuja se generó por el ansía y la necesidad compulsiva de tener y disfrutar de cosas, que no nos habíamos ganado y que pretendíamos disfrutar anticipándonos a crédito a los rendimientos de un futuro incierto.

Y ese anticipo costaba unos intereses, pero además, nadie podía garantizarnos el trabajo y su rendimiento eternamente.

Rota la cadena, llega el problema y nos hemos encontrado en tantas y tantas situaciones desesperadas, que han producido ese movimiento regresivo cuyo efecto mas positivo es esa consolidación de la FAMILIA QUE YO VIVI Y DISFRUTE EN MI INFANCIA.

Como suele decirse, “no hay mal que por bien no venga”.

Hay que ver el lado positivo, aprender la lección y que las generaciones de nuestros hijos y nietos, sepan asimilar los resultados de errores anteriores, para no repetirlos.

En este mundo vivir del crédito, puede enriquecerte o arruinarte.

Si vives de tus ahorros, nunca serás multimillonario, pero siempre podrás comer y dar de comer a tu familia dignamente.

DE TI DEPENDE, PERO NO CULPES A LOS DEMÁS DE TUS ERRORES.

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torrejon
pilar
miguel b. noches, como siempre tu comentario de matricula de honor, yo no tuve la suerte de conocer a mis abuelos, pues soy ahora la pequeña de 7 hermanos, pero si pude conocer al abuelo de mi marido todo un personaje que nos contaba las anecdotas de cuando fue guardia de asalto en zaragoza, y de verdad que mis hijos estaban maravillados con lo que contaba pues ellos conocieron al bisabuelo, y eran veladas muy entrañables alrededor del fuego, pues aqui en San Juan las chimeneas se usan mucho en invierno, y además esta todo más bueno en el fuego. bien solo me resta decirte que lo que tu has dicho no hay mal que por bien no venga, y espero si Dios quiere que todo se vaya arreglado, pero debemos de poner todo nuestro ahinco para que las generaciones que vengan tengan un fúturo mejor, un saludo y que Dios te bendiga siempre, pilar
Enviado el 28/02/2015    
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