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Por Vicent Albaro
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Conrado Font Llopis, poeta

26/07/2012
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A estas alturas del mes de julio, el libro de fiestas de mi pueblo debe de estar a punto de ver la luz. Pero no crean que es un libro cualquiera al uso, el de Alcora desde sus inicios, ha logrado incorporar deliciosas plumas que lo han convertido en un coleccionable, a modo de anuario, con temas de actualidad y ameno con la prosa y literatura que encierra de la más variada temática. Los concejales delegados, siempre han tenido especial cuidado en su elaboración, ahora lo coordina el cronista oficial Puchol. Pero el secreto está en la nómina de colaboradores, que desde décadas elaboran con primor sus trabajos para esta publicación, quizás la única oportunidad de que su obra vea la luz para muchos de ellos.

Este año dos de ellos ya no estamparán su firma: Mossén Membrado y Conrado Font. De Pepe Membrado ya me ocupé en otro escrito, hoy le toca a Conrado Font Llopis como poeta del libro de fiestas. Caen las vidas como hojas del calendario y entre ellas colaboradores de esta añeja publicación. En los últimos dos lustros nombres como Soleriestruch, Vicente Mallol, Ramón Benlliure, Mn. Joaquín Amorós, los Roselló de Burriana, se han apagado y a su cita anual por agosto, ya no acudirán. Como mucho antes les ocurrió a Vicente Granell, Cristóbal Gasch, Enrique Peris, Cristóbal Bachero, Ernesto Nebot, Federico Michavila, etc…Podemos consolarnos en que es ley de vida y van apareciendo otros en sustitución…bueno si, pero no.

Perder una pluma como la de Conrado Font es un naufragio cultural. Poeta con mayúsculas, sin dudas alumno aventajado de Bernat Artola y Miquel Peris, con una versatilidad temática enorme, y dotado de gran sensibilidad y ternura. Capaz de enardecer al lector en sus medidos versos, cosa nada fácil en la poesía. Particularmente le descubrí a mediados de los sesenta, claro está en un libro de fiestas, sus poemas escritos en valenciano culto (no el hablado) eran de una lírica sublime. Yo no entendía la mitad de las palabras que utilizaba, en aquellos días no había diccionarios ni cursillos, ni nada de nada en lengua vernácula. Y aún así, con esas carencias semánticas personales, se le podía entender todo. Desde poemas a la reina de fiestas, al castillo de Alcalatén, temática amorosa, a oficios y personajes típicos, a la naturaleza, a Alcora en un abstracto delicado y calculado.

Por que él, Conrado, era de números, vamos de ciencias. Pero corroboraba la tesis del profesor Eduardo Soler Estruch. “La poesía son matemáticas puras”. Pues eso. Director local de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad, antes Bancaixa y ahora Bankia. Recuerdo con dieciocho años acudir a su despacho en la plaza de España a pedirle trabajo, y me contestó: sigue estudiando. Tiempos de cuando un banquero era como un dios. Amigo de sus amigos y un tanto tímido para las alharacas públicas. Bien sé lo que costó convencerlo y llevarlo a la Ronda al Cristo, y lo emocionado que salió del evento. Y cuando le profesé mi admiración en un baile de gala, y me contestó: “Usted, usted que sigue en la brecha después de tantos años”, dejándome de una pieza. Mantenedor de las fiestas, pregonero de la Semana Santa y por encima de todo poeta. Un poeta en valenciano, cuando no lo escribía casi nadie y resultaba casi épico hacerlo. Cuando la mayoría de los que hoy hastían con la cuestión, estaban recogiditos y confortables bajo el régimen que ahora tanto dicen despreciar. Vivir para ver.

No se si fuera de su pueblo de acogida publicó mucha cosa. Aquí al menos, por los polvorientos y resecos caminos de Alcora, adaptamos alguna de sus letras: L’arbre aquell, la Caragolera, l’Aubada…interpretadas por la Rondalla l’Alcalatén y previamente musicadas por el llorado Pedro Moliner. Letra y música e interpretación. Sin letra no hay canción, y aún sigue en el programa de actos la coletilla:” recital de poetas locales” sale hasta el tato en la programación menos los junta versos…”anonimus per aeternam”. Y así se escribe la historia.

En mi nueva etapa vital como abuelo, se me aparecen unos de sus memorables versos: …/… “ Han pasado muchos años / de prisa como en los cuentos / y ni tu eres la princesa / ni yo soy aquel guerrero. / Y pienso si no será una corona / tu campesino pañuelo / y no será mi arado, / cuando lo empuño, mi cetro. / Y hasta me alegra pensar / que, cuando tengamos nietos / no sólo les contaremos / las historias del abuelo, / sino también estas otras / de labriegas y labriegos…/ Del fruto que da el trabajo…/ De la gratitud del suelo…/ De trigales que se mecen / acunados por el viento / …/… Del toque de las campanas / cuando se acerca el silencio…/ y de muchas otras cosas / que ya nos inventaremos / y que serán tan bonitas / como las de los cuentos… ¡Y ya verás como se emboban / y disfrutan nuestros nietos!”. (Agosto de 1979).

No se si en el libro de este año alguien le hará mención, por mi parte considero un honor esbozarlo en esta página digital por méritos propios. Al menos en la cuestión literaria, al margen de otras virtudes y consideraciones de cuya información no dispongo, y quedaría huérfano de un retrato fiel. Palabras tejidas en poemas sublimes de factura irrepetible, cual molde de cerámica polícroma irrecuperable. Forjador de escuela de un tiempo difícil pero aún repleto de sueños y esperanzas. Profeta y cantor de glorias patrias, con ansia de recuperación y altura de miras. Sembrador de versos labrados en la pétrea memoria de las almas sensibles, con la ternura inacabable de quien ama lo invisible a los ojos de la inmensa mayoría de muertos vivientes. Conrado Font Llopis, era un poeta magistral, enrocado y airoso a los vientos. Superviviente bajo el cielo azul de una Alcora lírica, casi imposible que se desmorona como su viejo castillo que tan fielmente dibujó.

Vell castell de Alcalatén / niu altiu d’aquesta gent / llar roquera de l’antiga Alcora / claustra mora d’En Ximen d’Urrrea. …/…I perque l’Alcora té a gala / d’ésser un poble de història / com refa avui de memòria / del seu bressol enrunat, / refarà també la glòria / del seu grandívol passat. (Juliol de 1968)

Amén, añorado maestro, amén.

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