Diumenge 22 de Octubre de 2017

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Por Julio Terrén

Belleza a través de las edades: mujeres en la antigua roma

12/07/2017
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Los romanos tenían estándares de belleza claramente definidos en los que primaba la simetría y la harmonía. Se buscaba la proporción en la forma del cuerpo, en las extremidades y en las facciones de la cara. Hoy en día conservamos multitud de esculturas en las que puede comprobarse el ideal de belleza romano. Pero existían diferencias evidentes entre hombres y mujeres:

Canon de belleza femenino

Se apreciaba que las mujeres fueran de constitución pequeña, delgadas pero robustas, con hombros estrechos, caderas pronunciadas, muslos anchos y pechos pequeños. En el rostro primaban los ojos grandes almendrados, la nariz afilada, la boca y las orejas de tamaño mediano, las mejillas y la barbilla ovaladas y los dientes regulares.

Uso del maquillaje y cuidado de la piel

En el mundo romano las mujeres, especialmente las de clase alta, dedicaban mucho tiempo a cuidar su aspecto exterior. Las mujeres trabajadoras o de clase más baja también utilizaban cosméticos, pero de baja calidad, ya que eran más baratos. Debido a la baja calidad en la composición y la menor durabilidad de los cosméticos era necesario aplicarlos varias veces al día. Además, tenían que aplicarse poco maquillaje ya que su exceso era considerado propio de prostitutas.

Como en otros pueblos antiguos, a los romanos les gustaba la piel pálida y blanca, libre de arrugas, pecas y manchas. Las romanas no tenían la piel blanca de nacimiento, así que utilizaban cosméticos blanqueadores de la piel para obtenerla, tales como: el polvo de tiza, la marga blanca, el estiércol de cocodrilo, el blanco de plomo (que era venenoso), el aceite de almendra, el agua de rosas, la raíz de lirio, etc.

También exfoliaban su cuerpo untándolo con aceite de oliva y aplicando carbonato de calcio o piedra pómez. Luego enjugaban la mezcla con agua o con aceites perfumados (cedro, mirra, pino, lirio, azafrán, membrillo, jara, violeta o rosas). Las mujeres más ricas, como era el caso de Popea, esposa del emperador Nerón, se daban baños en leche de burra, que funcionaba como exfoliante natural.

Como comentamos anteriormente, los ojos debían ser grandes, con largas pestañas y cejas gruesas que casi se encontraban. Para lograrlo, las mujeres oscurecían sus cejas con antimonio u hollín con lo que formaban una única ceja. Para los ojos usaban kohl, que se realizaba con azafrán, ceniza, hollín o antimonio, que se aplicaba con un bastoncillo redondo de marfil, vidrio, hueso o madera. En ocasiones especiales, y ya al final del imperio, se empleaba la sombra de ojos, que solía estar hecha de minerales (malaquita para el verde, azurita para el azul).

Se utilizaba colorete para dar color a las mejillas, para aportar un aspecto saludable al rostro. Se obtenía de los pétalos de la amapola, el fucus, la tiza roja... o en su variedad más económica de jugo de mora o poso de vino.

Higiene bucal

Los dientes blancos eran muy apreciados. Para lavárselos usaban polvo de piedra pómez o vinagre. Si carecían de dientes podían usar falsos hechos de marfil, dientes humanos o animales, cosidos con oro.

Cabello y vello corporal

Las mujeres romanas solían llevar el cabello largo sujetado con cintas y trenzas. El estilo del peinado dependía de la época del año y de la clase social o de si la mujer estaba casada o soltera. Así, las mujeres jóvenes solteras se peinaban de forma sencilla, recogiendo el cabello en un moño sobre la nuca con trenzas o se hacían una cola de caballo, mientras que las casadas llevaban un peinado característico, las sex crines o seis trenzas, que fue variando hacia peinados más complicados, pero siempre recogidos, para diferenciarse de las prostitutas, que llevaban el pelo suelto.

El color más apreciado era el caoba o pelirrojo. Pero tras la llegada a Roma de esclavos galos, el pelo rubio comenzó a hacerse muy popular. Para poder tener ese color comenzaron a teñirse el cabello con vinagre y azafrán, rociándolo con polvo de oro (o usando redes de pelo de oro). También se utilizaron excrementos de paloma, grasa de cabra y jabón cáustico al final del siglo I d.C. Si no tenían suficiente pelo, usaban pelucas hechas con el pelo de esclavos alemanes.

Sobre el pelo corporal, los historiados creen que había esclavos que se dedicaban en exclusiva a eliminar el vello corporal. Se empleaba una crema denominada philotrum o dropax similar a las actuales cremas depilatorias, unas pinzas denominadas volsella y una especie de cera realizada a base de resina o brea.

 

Julio Terrén Ruiz
Cirujano Plástico de la SCPRECV (Sociedad de Cirugía Plástica de la Comunidad Valenciana)


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