26 de septiembre de 2020 26/9/20

La prueba piloto para la recogida selectiva de biorresiduos recoge 3.380 kilos de materia orgánica

    El proyecto piloto ‘Vila-real orgánica’, para la recogida selectiva de biorresiduos en la zona norte de la ciudad, ha finalizado con un total de 3.380 kilos de materia orgánica recogidos durante sus 12 semanas de funcionamiento. El programa, financiado por la empresa pública Reciplasa y desarrollado a través de la Concejalía de Agricultura, Medio Ambiente y Cambio Climático, tuvo lugar entre los meses de octubre y diciembre en un núcleo poblacional de 1.700 vecinos de la zona norte, con el objetivo de testar las posibilidades de implantar la recogida selectiva de la fracción orgánica de las basuras domésticas y favorecer la concienciación sobre la importancia de separar los residuos para su posterior tratamiento.

    “Consideramos que es una cifra importante y que demuestra que los ciudadanos están cada vez más interesados en aprender y poner en práctica técnicas para proteger el medio ambiente”, valora el edil del área, Josep Pasqual Sancho. “Los resultados detallados mes a mes sostienen que cada día hay más concienciación y desde la Administración pública tenemos que poner herramientas a su alcance”, señala el edil.

    La prueba piloto se ha desarrollado entre un total de 1.700 vecinos en la zona comprendida entre las avenidas de Francisco Tárrega, Mediterráneo, Francia y Grecia, donde se repartieron 25 contenedores de color marrón, así como 20.000 bolsas biodegradables y dípticos explicativos sobre cómo separar los residuos orgánicos de los que no lo son y cómo hacer uso del sistema de reciclaje. En este nuevo contenedor marrón debían depositarse tanto restos de comida, como vegetales, residuos de papel como servilletas, pañuelos y papel de cocina, bolsas de infusión, tapones de corcho, serrín, palillos, excrementos de animales y bolsas biodegradables. Por su parte, el vidrio ha seguido en los contenedores verdes de tipo iglú; el papel y cartón en el azul, y los plásticos, envases y bricks, en el amarillo. El resto de desechos, considerados no orgánicos, como el textil sanitario, las toallitas, pañales, compresas, cerámica, residuos de cenizas o colillas, entre otros, han ido al contenedor habitual.

    “En el primer mes se recogieron 1.480 kilos de desechos; en noviembre 1.200 y en diciembre 700”, explica Sancho, quien atribuye este descenso paulatino a la habituación de los vecinos al sistema de recogida. “El primer mes se encontraron bastantes productos no orgánicos, como papel, cartón o plásticos, mezclados dentro de las bolsas de residuos”, detalla el edil, “sin embargo, en noviembre y diciembre la cantidad de restos descendió, pero su pureza aumentó, es decir, la cantidad de materia exclusivamente orgánica llegó a alcanzar valores del 80%”. “Es un detalle muy importante a tener en cuenta”, indica Sancho, “ya que se recogió menos cantidad, pero estaba mejor separada por los vecinos, que en solo dos meses entendieron mucho mejor el funcionamiento del proyecto”. A ello se suma también, según el estudio, que diciembre “es un mes peculiar, por cuanto hay más días festivos que en el resto de meses y la tendencia cambia”. “El resultado es satisfactorio y nos hace seguir adelante en nuestra lucha por ayudar al medio ambiente”, valora Sancho, quien no descarta estudios similares en otros puntos de la ciudad.

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