29 de noviembre de 2020 29/11/20

Luthiers europeos traen a Valencia su oficio y nuevas ideas como el violín-jamón

    Luthiers europeos han trasladado a Valencia la tradición y técnica centenaria de la construcción artesana de violines, que ellos han adaptado ahora a la cultura española con innovaciones como un "violín-jamón" y con las que pretenden proyectar una seña de identidad de la luthería de España en el extranjero.

    En la última Feria de Música de Frankfurt, la Musikmesse, el luthier checo Jaromir Bazant, afincado en Valencia desde 1987, presentó a músicos de todo el mundo este "invento", un violín con apariencia de jamón que "despertó la curiosidad y las risas" de muchos, "especialmente de los japoneses".

    En una entrevista a Efe, Bazant, que fue también violinista de la Orquesta de Valencia, ha explicado que "el nivel de luthería en España avanza muy deprisa" con una calidad y competencia que aumenta con la llegada de expertos en este oficio procedentes de toda Europa.

    Valencia constituye, según Bazant, un mercado "excelente" para este tipo de negocio por la existencia de una cultura de bandas, sociedades, escuelas musicales y orquestas sinfónicas de jóvenes, aunque también se acercan por su taller profesionales de toda España y países como Holanda en busca de instrumentos especiales, como una viola para mujeres, con un mango más corto.

    Con 37 años de experiencia, varios premios y colaboraciones con Premysl Spidlen, considerado uno de los mejores y más cotizados luthiers del mundo, este "casi ya" valenciano tiene en su taller piezas y materiales para crear un violín: crin de caballos de Mongolia, maderas de 20 años de la antigua Yugoslavia o barnices alemanes.

    "Procesos y materiales más naturales aportan mayor calidad y perfeccionamiento al instrumento, pero hoy en día las técnicas informáticas pueden milimetrar hasta el último componente y medida de un Stradivarius, por lo que ya no hay tantos trucos ni leyendas en este oficio de secretismos", explica Bazant.

    La tradición de la luthería nace al calor de las escuelas de música de la Europa de la Edad Media y se extiende por talleres en países de gran tradición de música clásica como Italia, Francia, Alemania y otros de la Europa del Este.

    Mirecourt, una ciudad al nordeste de Francia, es la cuna de la luthería francesa y el lugar donde otro artesano asentado en Valencia, Matthieu Legros, aprendió y perfeccionó sus técnicas en una escuela a la que sólo acceden seis aprendices al año después de un riguroso proceso de selección.

    Para este francés, son cuatro las artes y las ciencias que se combinan en su oficio: "la carpintería para trabajar la madera con formones, la escultura para moldear la cabeza de un violín, la química para mezclar los barnices, y la música para afinar y conseguir el mejor sonido", enumera en una entrevista a Efe.

    Desde que rompió su primer violín cuando tenía siete años y descubrió la luthería, por sus manos han pasado desde un Lupot francés de cientos de miles de euros, a una Stradivarius de millones de euros, una carrera que le ha llevado por talleres de París, Marruecos y Alemania.

    "La concentración, la precisión y la tranquilidad" definen para Legros esta profesión de "amor por la música y técnicas" como, por ejemplo, la composición de barnices.

    "Un barniz malo puede estropear todo el instrumento porque puede bloquear el sonido y las vibraciones; debe utilizarse uno blando para que atrape las vibraciones y proteja al violín", precisa Legros.

    El último de estos barnices elaborado por este luthier consta de ámbar, aceite de linaza y raíces secas, que después aplica quince veces, hasta culminar la creación del violín, después de 150 horas de trabajo.

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