26 de marzo de 2019 26/3/19

La Nau acoge un debate con motivo del centenario de la mal llamada gripe española

La Nau acoge un debate con motivo del centenario de la mal llamada gripe española - (foto 1)

El Centre Cultural La Nau de la Universitat de València acoge este miércoles 14 de noviembre, a las 18:30 horas (Aula Magna), la mesa redonda 'La mal llamada gripe española 100 años después'.

El acto, que estará moderado por Carmela Moya, presidenta del Instituto Médico Valenciano, contará con las intervenciones de Josep Bernabeu-Mestre, catedrático de Historia de la Ciencia de la Universitat d'Alacant, que hablará sobre las lecciones de esta pandemia, y María Isabel Porras Gallo, catedrática de Historia de la Ciencia, de la Universidad de Castilla-La Mancha, que abordará la epidemia como un revulsivo científico y sociosanitario.

La epidemia de gripe de 1918, cuyo centenario se conmemora ahora afectó a un tercio de la población mundial y murieron 50 millones de personas. La pandemia planteó muchos interrogantes algunos de los cuales todavía no están aclarados y que desde entonces se han venido estudiando desde distintas perspectivas, de la biológica a la social y cultural. Estudiar y conocer bien la gripe de 1918 es fundamental tanto para los investigadores de ciencias naturales como sociales y humanas porque puede contribuir a planificar medidas de salud pública para otras situaciones semejantes. Ha habido otras pandemias mucho menos graves en 1957, en 1968 y en 2009.

A pesar de que se conoce con el nombre de "gripe española", su origen no estuvo en España. La explicación para ese sobrenombre está en que en 1918 el mundo se encontraba en plena guerra y la información tenía carácter estratégico. Mientras en Europa se silenció la epidemia, en España, que no participó en la guerra, aparecieron numerosas noticias en la prensa. Esto llevó a que se creyera que se originó en nuestro país.

Se sabe que la causa de la epidemia fue el virus H1N1 de origen aviar. Afectó sobre todo a personas jóvenes. Parece que empezó en los cuarteles donde los soldados estaban sometidos a los rigores de la guerra, vivían hacinados, mal alimentados e inmunológicamente deprimidos. Estos la extendieron después entre la población civil. Si bien al principio no se tomaron medidas, poco a poco hubo necesidad de establecer aislamientos y cuarentenas, cerrar escuelas, prohibir reuniones públicas, etc. El curso clínico era rápido y grave. Evolucionaba rápidamente a neumonía y hemorragias pulmonares para los que la medicina no disponía de terapéuticas adecuadas.

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