17 d’octubre de 2019 17/10/19
Per Ángel Padilla
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Yo, el miedo

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Yo, el miedo- (foto 1)

Me instalé en tu sangre nada más tú nacer, ya cuando abriste los ojos yo estaba allí, desde los ojos de tu madre salté a los tuyos, hundí mis profundos barrotes alrededor de tu cuerpo.
Y, ay, batalla que casi todos perdéis, como con todos y todas, inicié la pugna.
Cuando comenzaste a aprender a andar, primero a cuatro patas, como perro o gamo. Cuando a dos, allí estaba yo golpeando en tu pecho con grueso martillo, para que tornases al suelo, pero allí soléis ganar. Detener a un bípedo en cuadrúpedo no es mi intención.
Mi mayor objetivo era el torreón de tu mente. Allí está todo el oro. El gran expolio.

Entre los seis años y la adolescencia me encanta la lucha, te sigo por los pasillos de casa, por el colegio, voy a tu lado en el supermercado, o encajado en ti ando con tus piernas y miro con tus ojos, y digo cosas en ti, que tú confundes con tu propia voz. Me es muy divertido, mi misión es confundirte. Es antes de los 20 años cuando sé si seré parásito de un humano para siempre o no.

Soy la Cosa, un ente informe, que se puede ver o no, si fueras capaz de verme se te pararía el corazón, la gelatina de tantas sangres reunidas en mi cuerpo nunca lavado, hiede a parálisis y a desiertos. Alto como -os reto- la más alta pared o finca que seáis capaces de construir, desde el otro lado yo asomaré mi cabeza; al fin, soy también todo lo que creéis que soy: Leviatán, Thor, un bombardero llegando por el cielo, la mano que avanza en la oscuridad...

Me afano, por calles y recintos. Bien, digo: religión... ¡o yo! Y la mayoría se aferran a una fe.
Expongo: Ante los ruidos espantosos de fuera de casa o yo a tu lado en la casa: y todos dicen, tú con nosotros en la casa.
Expongo: Cadáveres en la nevera y la tranquilidad de lo conocido, o iniciar un camino que sabéis que es el ético -no comer animales- pero os parece difícil, y os parece que... en fin, ¡que en mitad de ese camino verde con un mañana estoy yo esperándoos con mi doradísima guadaña segadora de cabezas! Y seguís apretando el botón del Holocausto animal. Y que el miedo quede en el Holocausto animal, no en vuestra casa. Allí yo voy ganando.

Expongo: formar parte del grupo, de la nación, bajo la sombra de la bandera que te tocó amar en suerte, aunque lo sientas estúpido, o la senda llena a los lados de eras de nieve acaso, con pocos, como tú, y la aventura de lo no conocido, y me abrazas, y los demás que me conocen y los habito cubren nuestro abrazo con la bandera del país en que naciste. Suena el Himno, lloras de emoción, crees sentir paz, lejos el miedo. Eso crees.

Expongo: que los que vengan de atrás arreen, es lo más fácil, muchacho, chica, si, total, ¿a qué se viene a esta vida más que a disfrutar y tomar lo que se pueda? ¿Habrá, además, algo que hacer entre tanto caos? Y elegís la inacción, porque os da miedo intervenir o imaginar otro estado de cosas, os espanta la confrontación contra lo que hay, a pesar de que sabéis que lo que hay, ese mural gigante donde desde arriba tristes y crueles titiriteros manejan un apocalipsis real a corto plazo con esta tierra, este cielo, tus pulmones, hijos, lecho, vida... "Otros lo harán", crees pensar que piensas, y realmente es mi voz en ti. Te tengo completamente atrapado.

Ya te dije, desde el nacer, una firme jaula, de lo conocido, de lo que "no causa más problemas de los que ya se ven y se viven".

Unos revientan la jaula cuando esto es posible. Pero para todos los demás yo Soy en vosotros, como  una costra a una herida cerrada.

Y sonreís conmigo dentro, con los dientes temblando y una ansiedad que acaso ni notáis estremecedora, en todo el organismo.

Los hospitales llenos de enfermos con diversas enfermedades de nombres rarísimos: pero todas se llaman miedo, comienzan con él y entonces soy yo el que me expando en lo físico del apresado y me lo cargo, como suena.

Los experimentos con histéricos que realizó Charcot en el siglo XIX en la Salpêtrière ya demostraron que puedo fulminar un cuerpo, sólo con mi presencia. Una persona se cree poseída por un demonio, soy yo, el proceso comienza y la persona tantas veces acaba muriendo. Ya ocurre en las tribus, si el brujo afirma que le ha echado un mal de ojo mortal a X, y X se da por enterado, al otro día X muere; esto ha sido visto innumerables veces por exploradores y científicos.

Ahora hay gente, cada vez más, de los que no he podido ser "amigo" y me rechazaron desde muy pronto, y que luchan a favor de mi mayor enemiga, la dadora y portadora de toda la vida, la Tierra. Gente que masivamente y en muchos lugares del mundo salen a protestar, en clamor y poder creciente, por el daño pronto irreversible de los ecosistemas, por la liberación animal, por la liberación humana, que es la misma, esto es: por un mundo sin un "poder" que sólo busque a costa de su riqueza basada en hurtos descomunales, vaciar este planeta de toda su raíz y todo su aire respirable. Como un hortelano que, recogida la fruta, arranca los árboles, y luego se lleva la tierra en camiones practicando una vertiginosa fosa como un cañón, y sigue cavando y hasta trabajando de noche recoge a cachos ectoplasmáticos sangrantes el alma del huerto, tan al fondo, hasta el centro, hasta la propia primera raíz, de la que estamos asidos todos.

Expongo: ¿unirte a esos, que son muy pocos en relación a los que deciden, a mi lado, estar en paz en lo que les queda de vida, o desgastarse, buscarse problemas, líos, follones, entregar -como quien dice, y ciertamente- la vida, por la de otras y otros... For the green, for the sea, for the sky...?

Abrázame, yo te aprecio y te prometo que cuanto más me quieras y te entregues a mí, yo te corresponderé con la mayor paz posible, alejado de los peores terrores que yo, no me iré de tu lado, sentado a tu vera en el sofá, veamos la tele, cierra las persianas, oh por dios, qué bien, no se oye nada de fuera. Ni se sabe qué pasa fuera. Sólo mi voz que te dirá: estamos seguros. ¿Eso decides?

Te amo...

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