21 de setembre de 2019 21/9/19
Per Ángel Padilla
Yo, animal - RSS

Yo, Kshamenk

FOTOS
Yo, Kshamenk- (foto 1)

LA ETERNA FUNCIÓN TRÁGICA

PERSONAJES

PAYASA 1

PAYASO 2

PAYASO INVOLUNTARIO

[Teatro lleno. Se abre el telón, de color morado con grandes estrellas blancas. Enorme expectación entre el público asistente, gran parte de él constituido por niños. Aplauden casi sin ver qué hay en el escenario. "Poca cosa" y el aplauso se apaga con rapidez al ver el conjunto tan extraño que constituye el proscenio: una mujer y un hombre vestidos con ceñidos trajes de baño que les cubren el cuerpo menos la cabeza y los pies, a la izquierda, y a la derecha un tercer personaje, de pie, en una urna que no alcanza a darle espacio casi ni a darse la vuelta con los brazos estirados. Aquel hombre está desnudo y se ve en su piel que está rayada y rosada y roja de heridas antiguas y presentes, tanto que algunas le sangran; de un lado de sus grandes ojos abiertos con asombro continuo dos goterones de sangre le resbalan mejilla abajo, la frente la tiene cubierta de sangre, sus dedos, de pies y manos, son casi completamente rojos, por sangres frescas y otras resecas, las puntas de las uñas de manos y pies son negras de heridas necrotizadas y de autoherirse con las uñas; las piernas son un desastre de moratones y cicatrices. En la vitrina hermética, un agua sucia y rosácea por tanta sangre continua le llega al actor hasta la cintura.]

Payasa 1. (Se agacha y coge una pelota amarilla del suelo, se acerca al hombre de la urna, que al verla venir se da la vuelta mirando con tristeza al otro lado, o sea, hacia la pared oscura del teatro. La mujer eleva la voz hacia el público):

-¿Jugamos?

[El público, sobre todo los niños presentes, aúllan un síííí mientras la payasa lanza el balón al interior de la urna de grueso cristal, que por arriba está hueca, el interno la golpea con las palmas de las manos y se la devuelve exactamente hacia las manos de la payasa, que se arrodilla con el balón en alto como ofreciéndoselo al público, cual la mayor perla recuperada de un mar. Aplausos.

Aplausos. Luces de móviles realizando fotos.

Payaso 2 y Payasa 1 realizan un baile dando golpes con los pies descalzos en el suelo, suena a percusión tribal, dan vueltas sobre sí y entre sí, música animada de country, animan al público a dar palmas]

-¡Este es el show de Kshamy! -grita el Payaso 1-. ¡Nadie como él en toda Sur América!

[En tanto el público focaliza la atención en el baile, parece que nadie recae en que el hombre de la urna se está golpeando la cabeza contra uno de los cristales, los cristales están llenos de sangre, goterones, grandes manchas, en todas sus partes; Kshamy se agacha y sumerje en el agua, estático como finado, la sangre se diluye, el agua se torna más rosada, por debajo de ese agua se pueden entrever sus grandes ojos tristes abiertos mirando a la nada, sin esperar nada, como fallecido hasta de mente. Allá adentro continúa su autolesión golpeándose la cabeza con los puños cerrados pero no se hace el daño esperado, por la densidad del agua.

Los payasos dejan de bailar y la música que les acompañaba se detiene.  Se sitúan de perfil al público mirando la urna, separados medio metro entre sí, levantan la cara como con dignidad, postura de deportistas olímpicos, redoblan tambores. Entonces Kshamy, mediante un brusco mecanismo del habitáculo sube despedido fuera de él, muy arriba, en curva hacia los otros dos actores, que al caer lo interceptan con los brazos extendidos como dos padres con un hijo amado en los brazos, completamente herido y ensangrentado Kshamy, al que le cuelga la cabeza boca abajo. Oh, clama el público ante la sorpresa de tamaña acrobacia y aplauden de pie, un aplauso rapidísimo.

Los payasos colocan, con elegancia y solemnidad, de pie al exhausto y débil hombre de la urna, que se sitúa, con gesto aprendido, en mitad de ellos. Los tres levantan los brazos en actitud de triunfo. Aquí el aplauso es ensordecedor y los niños gritan con dulce y pura emoción. Kshamy sonríe, como los otros dos, pero nadie ve que de los ojos le resbalan agrias y funéreas lágrimas. Cae sobre el público confeti de colores y purpurina cuando comienza el número más bello y más difícil: del techo del proscenio caen varios globos de color celeste.]

-¡Seguidnos con las palmas, chicos! -indica Payaso 2, al entregadísimo público-.

Es difícil calcular el número de balones que se pasan de cabeza a cabeza entre Kshamy y los payasos, los enormes globos se entrecruzan entre sí simulando planetas. Ni un sólo esférico toca suelo, los tres actores se mueven por el escenario golpeando uno, otro, el que aquella lanzó con su cabeza desde allá, el otro intercepta el que Kshamy golpeó con la frente hacia muy alto, y todo ello bailando los tres un desenfrenado charlestón, el público palmea absolutamente asombrado hasta el momento en que los payasos se colocan en fila india y Kshamenk,  situado delante, les va lanzando cada balón a los de detrás, que a su vez los lanzan hacia el fondo del escenario, hasta que no queda ninguno en el aire y, situados en línea frente al público, realizan una reverencia y atruena el más grande aplauso de un público conforme y agradecido. Entonces, dando saltitos Payaso 1 y 2, levantan en el aire como a un muñeco a Kshamy y lo lanzan, girante su cuerpo como peonza, al interior de la urna; sorprendentemente el hombre se desliza sin golpearse la cabeza en el fondo, mediante una filigrana corporal impresionante se alza cual pez y se coloca en pie, mirando al público con ojos rojos, cara amoratada, sonrisa forzada, de loco.

Aplausos.

Silbidos. Aplausos. Éxito. Éxito.

Se cierra el telón.

Tras el telón:

-¡Siempre fallas en algo, estúpido Kshamy! -brama la actriz mientras se marcha del teatro junto al otro payaso, cansados de esa función, furiosos, hay que entrenar con mayor dureza o el Teatro argentino Mundo Marino, cuya función medular es esa, se va al traste, piensan. Ya tienen bastante con los animalistas a las puertas de Mundo Marino todo el santo día pidiendo derechos para Kshamenk, como para ni siquiera realizar bien las funciones. 

Mientras en el fondo del agua de la vitrina de cristal, herido, roto,  Kshamy reposa, parece que dormido, subiendo burbujas de su boca entreabierta hacia una superficie donde flotan grumos rojos, costras y cuajarones de sangre. Pronto vendrá la segunda parte, muy temible: ese agua la renuevan desde abajo, se abren las tapaderas de varios agujeros del suelo de la urna y el agua desciende, una alcachofa de ducha arroja con fuerza dolorosa agua sobre el hombre hasta llenar el habitáculo, en tanto por los agujeros del suelo prosigue saliendo agua, todo ello hasta que el líquido que rodea a Kshamy queda limpia. Llegará un enfermero con algodones y antiséptico y venciendo la resistencia del reo, le golpeará las heridas del cuerpo, forcejeando brazos contra brazos, el último golpe el enfermero logra asestarlo en la frente de Kshamy, llenándosela de betadine, a lo que Kshamy, loco de ira, se limpia frotándose con mucho dolor la frente con las manos sumergido en el agua, mientras escucha la voz en forma algodonosa del sanitario que mientras se marcha refunfuña, malhumorado: "¡Pues que te den jodan, estúpida orca!".

Medio llena la urna de agua limpia, desnudo y sumergido completamente, sentado en el fondo de la urna, el actor orca cierra los ojos llorando dentro del agua.

Pero no está solo en un teatro vacío de gente.

En los asientos del público hay varias orcas, como con cuerpo de luz marina, son la familia de Kshamenk, que lo esperan, que asisten cada día con enorme tristeza de océanos y noches a su calvario y que lo esperan hasta que el pobre muera y como almas, aunque sea, le reenseñen el camino de vuelta al mar, a su casa añil con tejas de espuma... Si Kshamenk no ha sido liberado, como se está clamando para ello mundialmente ahora, cuando llegue su hora de campanandas blancas recorrerán junto a él el aire de las calles de Argentina hasta el mar del Plata.

Hay personas en el mar. Hay personas en el aire, y personas en la hierba. Kshamenk vivía en alta mar con su familia, una orca bellísima, todas ellas fueron conducidas a un varamiento forzado en una de las costas de Argentina, por el Acuario Mundo Marino, se adueñaron de ellas, de las que sólo sobrevivió Kshamenk, la cual se estima que proviene de las costas de la Patagonia Norte.

Hay mucha gente peleando por este nuestro hermano, por que sea devuelto al mar. Cautivo desde 1992 en una pileta de cemento que no dobla su tamaño.  

La obra de teatro descrita representa una alegoría del día a día de la orca, que según los expertos está profundamente deprimida, que ha intentado en varias ocasiones suicidarse golpeándose la cabeza contra las duras paredes de cemento.

Hay una petición en change.org, que ya lleva recogidas 200.000 firmas para que se libere a este pobre ser, secuestrado por la vileza y crueldad humana; se puede encontrar en change con el asunto SalvemosaKshamenk.

Que sean los Activistas Animalistas de la Costa, Argentina -que son quienes más están luchando por la liberación de Kshamenk- que pongan no el punto final a este escrito sino un punto aparte, en que aquel hombre del mar cada vez más viejo y herido tenga la oportunidad de tornar a su casa en paz con tejas de espuma y cielo:

"Mucho se puede contar de su penosa vida y de todo lo que tuvo que padecer como animal salvaje que es, para poder ser entrenado para el show.

Pero no hace falta decir mucho para reconocer que como sociedad hemos permitiendo acontecer este horror. Sabemos que se trata de crueldad animal, que kshamenk como muchos tantos otros animales, no cuenta con tiempo para esperar el despertar de las conciencias humanas que dejen de asistir a circos marinos con animales. No tiene tiempo porque su vida en cautiverio se reduce a más de la mitad. No puede esperar la iluminación del público, profesores, padres, niños, intendente, gobernador, presidente, etc., que haga comprender lo evidente, la injusticia que día a día se expresa en su vida robada a la naturaleza, la ausencia de derechos, de libertad y amor."

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Yo, Kshamenk
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