20 de març de 2019 20/3/19

Dar de beber al sediento

En mis tiempos de niño, durante la posguerra, los años fueron de miseria y de hambre para muchos, algunos de los cuales recorrían las calles de los pueblos pidiendo a la puerta de cada  casa “una limosneta per l´amor de Deu”.

Recuerdo que mi abuela y mi madre solían decir que un trozo de pan o un vaso de agua  no debían negarse a nadie que lo necesite y pocas veces la respuesta era “un altra vegada será germanet”.

Fueron aquellos tiempos de necesidades en los que la solidaridad entre la gente no era nada excepcional.

Han pasado los años y con el paso del tiempo, los españoles, aun siendo más ricos y teniendo en nuestras casas más cosas de las que usamos y necesitamos, nos hemos vuelto temerosos, egoístas e insolidarios.

Nuestra sociedad, como en otras sociedades ricas, las ideologías, y quienes las predican, nos llevan  por nuevos senderos en los que hasta se promulgan  leyes que castigan por dar trabajo o acoger a un inmigrante en casa o ayudar a embarcaciones que van a la deriva.

Me hago estas reflexiones ante una impactante noticia  que acabo de leer: en el país más rico del mundo (EEUU) un juez acaba de condenar a cuatro mujeres por el “delito” de llevar garrafas de agua y frijoles a refugios en el desierto de Sonora en la frontera de México para que los desesperados que lo cruzan en su camino hacia EEUU puedan calmar su sed y no se conviertan, en ese paraje desolador, en carne para los buitres, como les ha ocurrido a tantos. Unas garrafas de agua que depositan las mujeres voluntarias con el loable fin de que pueden salvar la vida de algunos si logran encontrarlas antes que la Patrulla Fronteriza, que “cumpliendo con su deber” se dedica a vaciarlas.

Eso sucede en un país que es el espejo de derechos y  libertades hacia donde apuntan nuestras miradas. Cuatro mujeres condenadas a 15 meses de libertad condicional y al pago de 250 dólares de multa por el “delito” de ayudar a los demás sin que la noticia sea portada de informativos, sin que nadie vea sus rostros y sepa que se llaman Madeline, Ooria, Zaachila y Natalie.

¿Cómo se puede multar o encarcelar a alguien por ayudar a los más pobres? ¿Dónde hemos dejado el calificativo de “humanos”? ¿Es eso humanidad? ¿Donde en un país tan creyente como lo es EEUU han escondido las bienaventuranzas que hablan de dar de comer al hambriento y dar de beber al sediento? ¿Nos satisface el modelo de sociedad que estamos construyendo?

No es un ejemplo aislado. En ese mismo país se separa a los padres que cruzan la frontera de sus hijos. A estos se les deja llorando en centro de internado y a sus padres se les manda camino de vuelta. Todo en nombre de fronteras, seguridad, Dios, Patria y bandera.

En nombre de esos mismos “valores” aquí tenemos amarrado en puerto a un barco de una ONG, para que no acuda en ayuda de hombres, mujeres y niños que se lanzan al mar en un bote inseguro y atiborrado de gente, en busca de un destino distinto al que la vida les deparó.

En nombre de esos mismos valores  espurios, en Israel se  dispara contra niños, se derrumban casas de palestinos, se les arrebatan huertos y se mantiene bloqueado el mar de Gaza para que allí no llegue ayuda de voluntarios, a los que hasta se les dispara y se les mata por su osadía de intentar ayudar a quienes ellos han decidido mantener en el límite de la subsistencia. También, durante meses, ha estado encarcelada una activista española  en Marruecos por lo mismo, por ayudar a necesitados.

En el  mundo  lo inhumano avanza y se normaliza. En el mundo, a quienes lo controlan solo les importa que seamos consumidores compulsivos.  Para lograr sus fines,  nos  atiborran con mensajes que ocupan y llenan nuestras mentes contándonos que son tan buenos que mandan comida a los venezolanos que sufren, mientras ocultan que mandan a sus guardias fronterizos a vaciar las botellas de agua puestas por voluntarias para que seres humanos no mueran de sed. “Dios bendiga a América”. ¡Dios bendiga y proteja fronteras, les de seguridad y defienda su  patria y su bandera! ¡“Dios bendiga a América!”

Desde las cuevas de los neandertales hemos avanzado en tecnología, pero  a la vista de lo que está sucediendo, en valores humanos estamos peor que en los tiempos de las cavernas. Ahí están los ejemplos.

Quien quiera verlos y escucharlos, en  la televisión están las imágenes y las voces de quienes defienden esa inhumanidad  reguardados en palabras como fronteras,  Patria,  Dios, seguridad y  bandera.

 

DIJERON QUE TODAS LAS OPCIONES ESTABAN SOBRE LA MESA

Todas las opciones sobre la mesa, también la militar. Aunque para que la opción por la que se han decantado es la de sembrar el caos en Venezuela promoviendo el desabastecimiento, sabotajes, huelgas, bloqueando cuentas, cortes de carreteras, atentados,... 

En su discurso hablan de que van a restablecer la democracia y acabar con una cruel dictadura. Serían creíbles si la historia de lo que ha hecho EEUU fuera en esa dirección. Y la historia muestra que han enarbolado la bandera de la libertad y han apoyado a dictadores. Eso sí, dictadores dóciles  que les faciliten el acceso a las materias primas. Deberían decirlo muy claro: de lo que se trata es de arruinar el país con el objetivo de tomar el control de las mayores reservas petroleras del mundo.

¿Dictadura? Tal vez, pero con letras pequeñas ya que es un régimen que permite que se mueva en libertad el tal Guaidó; permite que convoque manifestaciones, que incendie camiones de ayuda humanitaria (para acusar después al chavismo), que llame al asalto a los supermercados para poder comer y permite pedir una  invasión militar extranjera. Con todo eso yo diría que se trata de una dictablanda. Nada que ver con Egipto, Marruecos, Guinea, Argelia, Arabia,… ¿Sufrimiento de la población? ¿Y en Argentina, Colombia, Perú, Paraguay, Haití, República Dominicana,…?

Tomen el control del petróleo a través de un encargado que se lo facilite, pero no nos disfracen los objetivos que tienen marcados en su agenda.

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