17 d’octubre de 2019 17/10/19
Per Santiago Ríos
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Una verdad a medias

Se dice que una verdad a medias es una mentira y que una mentira, de ciento tira.

Les voy a plantear dos casos, con ilustración fotográfica, para que ustedes saquen sus propias conclusiones.

El pasado domingo 20 y con el lema de precampaña electoral, “Junts SOM una gran Comunitat”, aparecía una separata de cuatro páginas en el periódico Mediterráneo que aunque no llevara especificación de ningún partido político, si indicaba que se trataba de hacer un balance de las actuaciones del Consell de la Generalitat Valenciana, en la provincia de Castellón. No creo que fuera del PSOE.

En la página 2, con fotos del ábside de la Iglesia del Salvador de Burriana, hoy y ayer, se podía leer lo siguiente como titular, “Recuperamos el primer edificio que fundó Jaume I”.

A continuación cuatro puntos explicativos de los trabajos allí realizados, de recuperación de fachadas, los desarrollados en la nave y capillas, la recuperación exterior del ábside y por último copio literalmente, “La apertura del jardín interior, tras la demolición de la Casa Abadía, ha permitido restaurar la primitiva muralla de la villa y la recuperación de la visión de este edificio, Monumento Histórico-Artístico Nacional desde mayo de 1969”.

Soy propietario de una planta baja en el Barranquet que linda en su parte trasera con dicho jardín. Cuando se iniciaron los trabajos de limpieza y adecuación, para la exposición de la Fundación La luz de las imágenes, me ofrecí a los dos arquitectos encargados y ante el concejal delegado de Cultura, Sr. D. Enrique Safont Melchor, a todo tipo de facilidades para que desde mi propiedad, procedieran a la restauración de la torre de la muralla, ya que se apoya en su parte izquierda en un muro que se construyó al edificar la finca.

También les ofrecí que podían tirar el muro que sirve de medianera entre el jardín y mi inmueble que no tiene ningún valor histórico ni arquitectónico, como ellos mismos me corroboraron, a fin de que se pudiera observar desde su arranque toda la magnitud de la torre primitiva. Ahora bien, les puse dos condiciones; yo me haría cargo de los gastos de adecentamiento de mi “fachada”, según su proyecto”, para que no desentonara con el entorno, pero ellos debían sustituir el muro derribado por un cerramiento transparente de metacrilato (como el que hay a la entrada del jardín), para que no fuera un foco de basuras, excrementos y animales.
Entraron e instalaron un alto andamio. Ante mi reclamación, limpiaron en una ocasión los escombros que habían arrojado a mi propiedad. No derribaron la medianera, la aumentaron dos palmos, se dejaron las cosas a medias y se largaron, dejándome otra montaña de escombros, con el agravante de que los desagües del patio de luces se habían obstruido. Como podrán observar por las fotografías, taponaron dos ventanucos laterales, con ladrillo de panal y hormigón que eran los respiraderos del W.C. instalado en los años 40, en el interior de la torre.



Si alguien está interesado en observar “in situ”, esta gran “recuperación”, pónganse en contacto conmigo, estaría encantado de enseñársela. Mi teléfono viene en la guía.

Al no estar saneada la parte de apoyo de la torre, corre el riesgo de derrumbe, según me ha manifestado un técnico, aunque no inmediato. Lo que no entiendo tampoco, es por qué han tapiado la puerta que había en la parte baja, del frontal de la torre quedando el posible acceso a una altura considerable. Pienso que sus razones históricas tendrán.



¿Dónde está la muralla?, se pueden preguntar ustedes. El único resto que queda, es un pequeño trozo, de poco más de 1 metro cúbico que se encuentra sobre el muro que queda a la derecha de la torre, junto a la pared de mampostería que se ha construido actualmente. Si se fijan atentamente en la siguiente fotografía, pueden apreciar los cantos rodados, los trozos de ladrillo y la argamasa de tierra y arena, del único resto que queda de muralla primitiva. Todo lo demás es posterior. El edificio de la derecha, son los nuevos aseos.


Pasemos al otro tema que nos ocupa. Un conocido ciudadano, me hizo una observación de la que no me había percatado, obligándome a indagar sobre los orígenes de la arquitectura histórica de nuestra ciudad.

Me acordé del primer libro que adquirí, al comenzar mis estudios de arquitectura que luego abandoné, por los de Artes y Oficios. Se trataba del Trazado de los cinco órdenes, de T. Carreras Soto y en él se explicaba que la arquitectura es el arte de construir con propiedad, solidez y belleza.

Los cinco órdenes de la arquitectura clásica. Seguro que les suenan. Toscano, dórico, jónico, corintio y compuesto. En él se habla de la importancia primordial que tiene el arquitecto, como director de obra y como buen conocedor de las proporciones, los detalles del entablamento, las disposiciones de cotas, las proporciones, los trazados, las secciones, las impostas, etc.

Evidentemente las profesiones y los profesionales, también evolucionan con el tiempo. No queda fuera de este menester, la arquitectura.

A principios del siglo XX, las necesidades de la profesión debido al aumento de la población, el desarrollo de nuevas viviendas, la magnitud de las obras a realizar y la aparición de nuevos materiales, hacen que los arquitectos se vean obligados a estudiar una serie de materias didácticas que no se consideraban necesarias hasta entonces para el desarrollo de la profesión.

La aritmética, álgebra, geometría, trigonometría y física, siguen su evolución imparable, incorporándose en los años 30, a la carrera de arquitectura, la hidromecánica, neumomecánica, acústica, termología, óptica, electricidad, estática y dentro de la construcción propiamente dicha, se hace gran hincapié en el estudios de materiales, ensayos a pié de obra, pesos de las construcciones, dimensiones, escaleras, ventilación, evacuación de aguas, trabajos mecanizados, superficiado y cubicación, entre otras cosas, todas ellas importantes y necesarias para que un buen estudiante, pudiera conseguir el título de arquitecto, con el que poder ejercer la profesión.

Es de justicia, bautizar a una obra importante con el nombre de su arquitecto, máxime responsable de su ejecución y de la dirección de la obra.

Fue Fidias, arquitecto y escultor quien designado por Pericles, construyó la Acrópolis de Atenas. Gian Lorenzo Bernini fue quien construyó la famosa Columnata de la Plaza de San Pedro en el Vaticano .

Bramante, inició la construcción de la Basílica de San Pedro y a su muerte le sucedieron Rafael Sanzio, Fra Giocondo da Verona y Antonio da Sangallo el Joven. Más tarde el papa Pablo III encomendó la dirección de las obras a Miguel Ángel.

¿Alguno de ustedes, se atrevería a negar la autoría de la Sagrada Familia de Barcelona a Antonio Gaudí, la torre de la Exposición Universal de Paris a Eiffel, el Museo Guggenheim de Bilbao a Frank O. Gehry o la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia a Santiago Calatrava, por ejemplo?

Lean atentamente, el panel informativo que el Ayuntamiento de Burriana, Concejalía de Cultura, ha instalado en la acera del jardín, frente al campanario.


¿Por qué no aparece el nombre de D. Enrique Pecourt Betés, arquitecto municipal que dirigió las obras? ¿Donde se indica la importancia de los estudios que realizó D. Enrique al “muñón” que quedo, tras la voladura del anterior campanario en 1938, sin los cuales no se hubiera podido iniciar su reconstrucción? ¿Por qué no se habla de la dificultad arquitectónica que supuso la construcción de dentro a fuera que tan bien supo resolver con sus vastos conocimientos D. Enrique?

A quién corresponda, sea consecuente, revise el Archivo Municipal y haga justicia a quién fue funcionario de ese ayuntamiento y devuelva el valor de los hechos a quién también lo tuvo.

Repártanse los honores en su justa medida, por su distinta colaboración, al habilidoso carpintero y maestro de obras Vicente Piqueres, al ingeniero industrial D. Juan Granell Pascual, al cura párroco Mosén Elías Milián Albalat y al arquitecto y director de la obra D. Enrique Pecourt Betés.

Por si alguien lo ha pensado, debo decirles que no me une, ni me ha unido, ningún vínculo familiar ni de amistad, con quién hay que considerar como máximo responsable de la reconstrucción de la torre campanario, de la Iglesia del Salvador de Burriana.

Ruego redacten un nuevo panel y sustitúyanlo por el actual. Ya saben, en muchos casos así se escribe la historia, llena de gazapos.


 11 comentaris
MARIA JOSE PIQUERES
MARIA JOSE PIQUERES
28/07/2014 02:07
EL NINGUNEO CONTINUA. No soy ninguna mentirosa, y nadie desmintio lo que ya se sabe y esta escrito

Estimado lector. El ninguneo continua, después de leer el final de este articulo. El Campanario se planteo hacerlo igual que el anterior, cuando Vicente Piqueres tuvo la palabra, dijo y demostró lo que él haría, El Sr. Pecourt dijo al escuchar a aquel carpintero, que lo que proponía era una obra de genios, desde el basamento hasta el final, con escalera incluida que horas de sueño le costo al pobre, y que le daba la responsabilidad técnica y dirección de TODA la obra. Vicente Piqueres no podía firmar tal proyecto, no era arquitecto. Es normal que en los archivos municipales aparezca el nombre del Sr. Pecourt. Ninguno de los 4 personajes claves ha desmentido lo que yo acabo de decir. Lo que ocurre es que en aquella época las personas eran mas humildes, y el Sr. Pecourt, si proyectó y firmó, pero ahí quedo la cosa, y nunca se adjudico nada, porque era una persona humilde y reconoció el ingenio de su buen amigo. Sr. Rios infórmese bien antes de decir algo. Con todos mis respetos

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