26 d’octubre de 2020 26/10/20
Per Eleuterio Fernández Guzmán
Piedras vivas - RSS

Un verano para pensar qué está pasando con el catolicismo

    Es bien cierto que el ser humano necesita descanso. Por eso, Dios, siendo nuestro Creador, quiso dar ejemplo y descansó al séptimo día de haber iniciado la Creación.

    De todas formas, eso no quiere decir que, luego de empezar a descansar lo hiciera para siempre porque, como sabemos, ahí está, a nuestro lado y quiso quedarse aquí como bien dijo su Hijo cuando iba a marcharse cabe sí.

    Justificamos, pues, el descanso necesario sabiendo que hay muchos entre nosotros que no pueden dejar su trabajo o, simplemente, porque, no teniéndolo, no pueden dar el paso siguiente que es dejar de tenerlo temporalmente para mirar otros horizontes y venir, como se suele decir, "con las pilas cargadas".

    Sin embargo, nosotros, los católicos, no podemos descansar de ciertas cosas que nos pasan. Y es que, de hacerlo, podría pensar el Enemigo y sus secuaces (que son muchos y abundantes) que ha vencido nuestra natural tendencia a defender lo que somos.

    Los hay, sin embargo, que, en efecto, no es que miren para otro lado (apartando su fe como si apestara) sino que miran para cualquier otro lado. Y mientras hacen eso, pasan cosas que no deberían dejar de ver porque, de hacerlo, les podemos garantizar el más absoluto de los fracasos espirituales, hacer oposiciones para la fosa de la que tanto habla el salmista y, en fin, mostrar que de católico no se tiene más que el título.

    Otra cosa debemos hacer: mirar hacia dentro y mirar hacia fuera.

    Hacia dentro de nuestra amada Iglesia católica miramos si atendemos a lo que pasa. Y no queremos referirnos a lo que diga tal o cual parroquiano o a si la canción de la Santa Misa estuvo mejor o peor. Eso son, entiéndase esto, minucias. Lo que importa va más allá de lo que más de cerca nos toca.

    Queremos decir, para no dar más rodeos, a lo que pasa en las más altas instancias romanas, en Roma, donde está la más alta jerarquía católica. Y no despreciamos su labor, faltaría más, pero sí debemos decir que muchas cosas no se están haciendo bien porque pueden abrir la puerta a mucha heterodoxia y, con el riesgo de que se nos llame agoreros o gente de mal fario, no podemos negar que en temas relacionados con los divorciados vueltos a casar y otros similares, podemos echarnos a temblar por lo que se ve venir.

    Es bien cierto, de todas formas, que es más que probable que todo se "trague" como si la píldora no fuese, sino, que un caramelo (envenenado, eso sí) y nada se tenga en cuenta, se siga viviendo la fe como si nada hubiera pasado... ¡y a otra cosa, mariposa!

    La cosa puede ser, seguramente será, más que grave y a lo mejor hasta podría causar una grave separación en el seno de la Esposa de Cristo. Y eso sería una clara victoria del Demonio que, como sabemos por lo que podemos ver oír existe y más que existe.

    Eso, es verdad, tendremos que verlo... y lo veremos, a no mucho tardar.

    Pero también debemos mirar hacia afuera. Es decir, a lo que pasa con nuestra Iglesia, la católica (la verdadera, la única que puede serlo porque sólo puede haber una verdadera o dejaría de serlo quien eso dijera si hubiera varias). Y lo que pasa es que se la asedia desde los poderes del mundo que, como sabemos, poco tienen que ver con la Palabra de Dios y la santa doctrina que su Iglesia, la católica, transmite al mundo donde está, estará y para siempre permanecerá sin ser destruida (por más que muchos, intra y extra, quieren). Por eso, el siglo ataca con ira (es hijo predilecto del príncipe de este mundo, es decir, Satanás) todo lo que puede a nuestra santa institución eclesial. Y no falta quien, desde la misma, no ve tan mal un poco de "corrección" poco (nada) fraterna porque debe creer, gravemente con error, que así será aceptada la que no tiene más realidad que la persecución por mucho ciego que haya en su propio seno acerca de la misma.

    Todo, como vemos, está en ascuas porque ya ha empezado a arder. Lo que venga después de esto sólo pueden ser quemaduras y heridas de muy difícil curación.

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