20 d’octubre de 2019 20/10/19
Per Eleuterio Fernández Guzmán
Piedras vivas - RSS

Esa tontería que es el proselitismo

    Al parecer, las cosas están cambiando en el seno de la Esposa de Cristo. Y no parece un buen cambio sino, seguro, a peor.

    El caso es que, como cualquiera sabe, la misión fundamental de aquella Iglesia que fundó Jesucristo era llevar la Buena Noticia, el Evangelio, allá donde pudiese llegar y allá donde faltase, no se conociese o se conociese mal.

    Esto lo hicieron, desde el mismo principio de todo aquello, aquellos 77 que envió Jesucristo; también lo hicieron los Apóstoles cuando, tras el episodio de Pentecostés, Jesucristo los envió a predicar. Y así, siglo tras siglo hasta ahora...

    Esto lo decimos porque, según parece, desde el Vaticano (y ya sabemos a quién nos referimos) suenan vientos muy distintos a la primera intención que manifestó el Hijo de Dios.

    Sabemos, por otra parte, que cuando la Iglesia católica se aviene a estar con el mundo, lo peor se puede esperar de tal situación. Y así nos va, al parecer.

    Todo esto decimos al respecto de otra cosa.

    Hace poco tiempo se firmó, por así decirlo, un documento en Abu Dabi. El mismo se refiere a la multitud de religiones que hay en el mundo y se las bendice como si fuera, tal existencia, una manifestación de la Voluntad de Dios.

    Sin embargo, nosotros sabemos que Dios sólo puede querer que sea a través de la Iglesia fundada por Jesucristo a través de la cual llegue la salvación al mundo. Las otras no son, sino, trasunto de hombres y no tienen nada de verdaderas.

    Pues bien, como al Vaticano le parece la mar de bien el tal asunto de las diversas religiones se propone desde el mismo algo que contradice, de forma radical, lo que es la propia religión católica: que no se haga proselitismo, que no se evangelice.

    Esto no contradice, para nada, eso de las diversas religiones sino que va, directamente, a favor de tal tesis: no hay que procurar evangelizar ni convertir a nadie que pertenezca a otra religión porque, al parecer, todas son queridas por Dios y, en suma, todas son “iguales”.

    Esto, como podemos comprender, es hacer más que de menos la fe católica que tienen los que la tienen desde que algunos llamasen católicos a los discípulos de Jesucristo. Y supone, también, tomar a risa las palabras mismas de Dios que quiso que escucháramos a su Hijo Jesucristo y que lo siguiéramos y no que siguiéramos a cualquiera que se diga portador de la verdad. Nada, pues, de vientos de doctrina contrarios a la Verdad que es Cristo y que transmite, evangelizando y haciendo proselitismo (obligado, además) la Iglesia católica.

    Otros, sin embargo, creen que lo mejor es hacer como si la Verdad no tuviese importancia. Y aplican el buenismo religioso y lo políticamente correcto. Es decir, no dicen sí donde es sí y no donde es no.

    A nosotros, francamente lo decimos, nos da, primero, bastante pena todo esto por lo que supone de aberración (por desviación) y confusión sembrada en el seno del pueblo escogido por Dios a través de su Hijo Jesucristo pero, además, nos da bastante rabia darnos cuenta de que quien ocupa la silla de Pedro la ha dejado a un lado y se ha sentado en el suelo para estar a ras del mundo.

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