18 de setembre de 2019 18/9/19
Per Eleuterio Fernández Guzmán
Piedras vivas - RSS

A Satanás le gusta mucho el verano

No. No nos referimos a que con los calores que hacen (al menos en nuestro hemisferio y en nuestra Patria, España) sea del gusto del Maligno, eso, el calor que casi parece fuego. Nos referimos a otra cosa que está más cerca de nosotros, de nuestro corazón.

El caso es que ya sabemos lo que suele pasar en este tiempo de descanso, al menos, generalizado (se supone aunque no todo el mundo puede gozar del mismo): hay dispersión de lo ordinario y cotidiano y sometimiento a otras costumbres.

Queremos decir con esto que se suele predicar que cuando llega el tiempo veraniego no debemos dejar de practicar nuestra fe porque la misma no es algo que se cumple en invierno y, luego, cuando llega el calor… en fin, que si te he visto no me acuerdo.

La teoría, por tanto, bien que la sabemos. Incluso podemos y solemos defender (seguramente con la boca pequeña) que Dios no se va de vacaciones como diciendo que se olvida un poco de sus hijos, hechos a su imagen y semejanza. Y, es más, estamos seguros de que eso es más que cierto porque sí, Dios nunca se olvida de nosotros.

Sin embargo, es más que probable que nos olvidemos de Quien nos ha creado y desatendamos nuestra relación con el Padre.

Para esto, hay todo tipo de excusas: que si donde voy a pasar las vacaciones no se dispone de templos católicos, que si siempre hay algo que hacer que me aleja de lo cotidiano, etc.

Es decir, el ser humano es especialista en justificar lo que es su interés e, incluso, el precepto dominical puede quedar olvidado. “Total, por unos días...”, podemos llegar a pensar.

Es bien cierto, según vemos, que nuestra fe se puede debilitar porque, sencillamente, olvidamos lo esencial y básico de la misma y que nunca deberíamos tener por realidad espiritual de poca importancia sino, al contrario, como lo más importante en nuestra vida… ¡También en verano!

Nosotros somos, digamos, muy “conveniencistas” si es que se puede aludir con este palabro a las circunstancias que en nuestra vida nos acaecen y que determinan qué hacemos o qué dejamos de hacer.

A nosotros, así, si nos conviene no ir a la celebración de la Santa Misa…¡pues no vamos y a otra cosa mariposa!,

A nosotros, también, si olvidamos el Sacramento de la confesión en tal tiempo… ¡pues, nada, a otra cosa mariposa!,

A nosotros, y ya para terminar, si adoptamos costumbres más mundanas que de costumbre que desdicen nuestra fe… ¡pues, para eso estamos en verano!

En fin, a estos simples y sencillos ejemplos estamos seguros de que muchas personas podrían agregar otros porque ¡cada cual tiene su propia conveniencia!

Por todo esto decimos que Satanás gusta mucho del verano. Y es que tiene muy cerca de sí a muchos que, de ordinario, huirían de su lado como llevados por el Diablo.

Y, como se suele decir, quien tenga ojos para ver, que vea.

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A Satanás le gusta mucho el verano
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