20 d’octubre de 2019 20/10/19
Per Eleuterio Fernández Guzmán
Piedras vivas - RSS

Nace María, Inmaculada, Virgen y Mediadora

    Es propio de este mes de septiembre que haya muchos pueblos que celebren el encuentro de una imagen de la Virgen María. Así, el 8 de septiembre recordamos que, durante muchos siglos, hubo necesidad de esconder a la Madre Dios porque la invasión musulmana hacía recomendable que eso se hiciera.

    Celebramos, por eso mismo (o, más bien, al revés), la Natividad de la hija de Dios que, siendo muy joven, dio un sí grande y entregado a Quien había enviado a su Ángel para que respondiera si quería ser Su Madre.

    Nosotros, tantos siglos después de que se empezaran a abrir las puertas del Cielo, sólo podemos agradecer a Dios que quisiera que su semejanza se salvase. Y lo hacemos de una forma sencilla, como el Padre nos da a entender si ustedes nos comprenden: con un poema. Baste, quizá, eso, porque imaginamos a María, pequeña criatura venida al mundo, en las manos de su madre.

    "Reposa, María, sueño dulce de Madre
    de Dios por llegar, alegría dada,
    con un diminuto corazón en llama,
    y en el tiempo llegada esperanza,
    promesa para la luz; cuando la eternidad
    espera su palabra inmaculada y santa;
    cuando, aún, Dios no le ruega su sí
    para que al mundo venga en su vientre,
    lugar donde la vida se acogerá segura.
    Reposa, María, y azahar sus dedos esparcen
    con delicadeza, sus ojos como estrellas
    relucen, alma limpia de ángel siempre;
    por el amor
    a un hijo que, en el tiempo, esperará el momento
    para la redención, mediando el Padre.
    Reposa, María, alma clara, por la Gracia
    llena,
    en el instante preciso de alabar su nombre.
    Reposa, María, para la eternidad luz, elegida del Padre,
    en la esperanza dedicada a dar la vida
    a Cristo.
    Reposa, María... y duerme el mundo...
    bajo un manto deleitoso de fe".

    Hace más de quince años que fue escrito este poema por quien esto escribe pero, ¡qué le vamos a hacer!... las cosas del alma son así y no hay palabras mejores, para cada cual, que las que han salido del corazón.

    María, nacida María, Madre de Dios y Madre nuestra, ruega por nosotros.

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