20 d’octubre de 2019 20/10/19
Per Eleuterio Fernández Guzmán
Piedras vivas - RSS

Ni un descanso en la fe

    Ahora empieza, por lo general (al menos en España) el tiempo de vacaciones. Aunque es bien cierto que ya no es julio o agosto siempre el tiempo de eso... la verdad es que, como suele decirse, la cabra tira al monte y las cosas son como son.

    Es, éste, tiempo de vacaciones. Sin embargo, no puede ser tiempo de darle vacaciones a Dios. Eso es un error más que grave y supone, además, manifestación de dejadez y de tibieza espiritual.

    Que sí, que es más que seguro que necesitamos descanso y todo eso pero no deberíamos olvidar nunca que Quien nos creó también nos mira y nos ve.

    Tu Luz, Padre,
    no se apaga ahora
    ni miras para otro lado
    como si no nos vieras.

    Tu Amor, Padre del Cielo,
    nunca deja de amarnos
    y no descansa tu corazón
    de manifestarlo.

    Tu Misericordia, ¡Oh Dios Eterno!,
    también se manifiesta
    cuando creemos que no importas,
    cuando las cosas del mundo
    nos atrapan y nos alejan de Ti.

    Mirarte, Padre,
    y dar gracias; verte en la tierra
    y el sol; no menguar nuestra
    esperanza; saber que siempre estás,
    ¡Oh Creador nuestro!, mirando
    a tu creación más querida,
    a tu imagen y semejanza.

    Saber eso y no avergonzarnos,
    tener en nosotros tu Espíritu
    y no gozar,
    ser, así, descreídos, en el fondo,
    con lo que llamamos fe, Padre,
    Tú que mereces todo
    de parte de todos;
    Tú, al que sólo nos dirigimos
    en la tribulación y no agradecemos
    tu ternura ni tus caricias.

    Perdona, de antemano, nuestra dejación
    y nuestro olvido; perdona a estos, tus hijos,
    que tantas veces quieren amarte
    y no saben, que tantas veces miran
    y no ven, que son ciegos y sordos
    a las palabras de tu Santo Espíritu.

    Tu Luz y tu Amor y tu Misericordia, Padre,
    saben de nosotros porque somos tuyos,
    caminantes hacia un Reino que es el Cielo,
    libres de escoger el Bien y rechazar el Mal,
    sembradores de amor o de odio.

    Y Tú, mientras nosotros miramos
    para otro lado,
    mientras que escondemos
    la fe y mientras que nos adaptamos
    al mundo; Tú, mientras,
    miras, a lo mejor con tristeza,
    a los que, habiendo salido
    de tu corazón,
    se creen algo y en algo
    pierden un tiempo que ha de ser
    de fe, de luz, de misericordia,
    de perdón.

    Esto, apenas aquí dicho, es una verdad grande porque grande es el Amor que nos tiene nuestro Padre Dios. Y es que debemos recordar, más que nada, que este tiempo lo es de Gracia de Dios y, por eso, desaprovecharlo es hacer de menos esa voluntad amorosa del Padre. ¿Puede haber algo peor y menos conveniente?

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