26 d’octubre de 2020 26/10/20
Per Eleuterio Fernández Guzmán
Piedras vivas - RSS

Es bien sencillo: es “por muchos”

    En materia de fe católica, y no diré yo que, en general, cristiana, hay cosas que, por sí mismas, caen por su propio peso y no pueden ser de otra forma.

    Una de ellas es el conocido “pro multis” que parece causa cierto estupor entre los que, buenistas que son, piensan que no es posible que nadie se condene.

    A esta altura del siglo y del devenir de la Esposa de Cristo, es fácil entender (si se quiere, claro) que no todo el mundo es bueno sino que hay mucho malo y más que malo. Y que tales personas no se van a salvar por su forma de hacer las cosas es algo que lo sabe hasta el lucero del alba.

    Al parecer, es terrible (para algunos) que se pase a decir, en la Consagración del Santo Cáliz, de “por todos” a “por muchos”. Y eso se dice porque no se acaba de comprender ni la historia de la salvación ni quién se puede salvar. Así de fácil es la cosa.

    Los que creemos que no podemos salvarnos así como así o porque Dios es, simplemente, misericordioso (olvidando que es, también, justo) no podemos dejar de saber que Cristo, en efecto, murió por todos.

    Que el Hijo de Dios murió por todos sus hermanos los hombres es algo que tenemos por cosa de fe, de doctrina y de todo lo que queramos aportar a tal realidad. Sin embargo, hay que algo que, bien parece no saberse (que seguro que no es el caso) o parece olvidarse. Y lo dijo Jesucristo en una ocasión (seguramente en más pero, al menos, entonces). Y dijo esto que sigue:

    “El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará”.

    Esto lo escribe San Marcos en su Evangelio en el versículo 16 del capítulo 16 del mismo.

    La cosa está bien dicha y se ha de entender como es: estando en disposición de conocer al Hijo de Dios, Enviado del Todopoderoso al mundo y, por tanto, no pudiendo alegar ignorancia, quien crea y se bautice, se salvará; no quien eso no haga.

    Por tanto, sólo quienes, pudiendo conocerlo crean y se bauticen, se salvarán. Y es que Jesucristo sabía más que bien que no todos, conociéndolo, iban a creer y a bautizarse.

    ¿Quiere decir eso que Dios no es tan “bueno” como se dice?

    Pues no. Eso quiere decir que hay que cumplir una condictiosine qua non (otra cosa es que Dios salve a quien no conozca a su Hijo Jesucristo, claro está esto) para salvarse. Ya está.

    Por eso es mucho más conveniente, para no engañar a nadie, decir en la Consagración del Cáliz, esto:

    “Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados”

    “Por muchos”. Y tales “muchos” (que sí son muchos pero no “todos”) serán los que se salven. Y lo dice Jesucristo. Y con eso basta.

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