23 de setembre de 2019 23/9/19
Per María José Navarro
Picos Pardos - RSS

El fatídico verano del 19

Así lo estudiarán los chicos y chicas en las escuelas dentro de algunos años, o así debería ser, si es que logramos sobrevivir a este lamentable, bochornoso y destructivo verano, que va a marcar una nueva era ambiental y social.

¿No les está pasando a ustedes? ¿Esa angustia inmensa ante las noticias que nos vienen acompañando durante demasiados días? En algún momento he llegado a pensar que los calores de este estío interminable eran los culpables de esa sensación, pero no, las situaciones que se están dando son tan preocupantes como para merecerla.

Por un lado nuestro gobierno nos ha tenido durante diecisiete días con el corazón en un puño, sin dar una solución rápida y honrosa al barco de Open Arms cargado de 160 personas, que a punto habían estado de perecer en el mar. Hemos tenido que escuchar de boca de la vicepresidenta en funciones, Carmen Calvo, sandeces del tipo de que el buque no tiene permiso para rescatar (como si lo primero ante un estado de emergencia en el mar no fuera el rescate de los supervivientes), con la Unión Europea mirando hacia otro lado, sin posicionarse, y Salvini enrocado en su postura de que en Italia no iban a desembarcar… Terrible y vergonzante situación.

Las mujeres asesinadas casi cada día en nuestro país y las violaciones grupales que no acaban, también es algo que debemos abordar de frente y sin dilación, y, por supuesto, desde una postura progresista (a ser posible de izquierdas, por favor) a través de leyes que protejan a las mujeres, y educación, mucha educación… Y esta postura progresista tiene que surgir de ese gobierno de coalición que ya debería estar conformado… 

Y el fuego, que avanza en todos los lugares donde queda algo de vegetación y que está destruyendo a la Madre Tierra. Hay incendios en Siberia, de los que poco o nada se ha dicho, que han calcinado más de tres millones de hectáreas y cuya extinción, según fuentes del gobierno ruso, se prevé para febrero, ya que no hay efectivos humanos, ni recursos suficientes que puedan parar su avance. Desde hace quince días se está quemando la Amazonia, otro de los pulmones naturales de nuestro planeta y cuyas proporciones de destrucción (junto a la deforestación que ya se estaba llevando a cabo con la tala indiscriminada por hacendados, amparados por las políticas destructivas medioambientales de Bolsonaro) están siendo tan fatídicas que se podrían catalogar de catástrofe mundial… Destrucción e incendios de los que en nuestro país tampoco nos salvamos, teniendo que lamentar sistemáticamente cada verano, la desaparición de lugares tan bellos (y necesarios para nuestro bienestar) como el Parque Natural de Tamadaba en Gran Canaria, o los parajes de Peñas Blancas en Estepona o del Barranco de Álamo Blanco en Dúdar (Granada).

Quiero pensar que los líderes mundiales van a abordar y resolver todos estos problemas, ya que de no hacerlo la destrucción de nuestro hábitat confortable está más que asegurada… y si de ellos no parte la iniciativa, espero que la ciudadanía salga (salgamos) a la calle y reivindiquemos esos cambios en las políticas medioambientales y en las políticas humanitarias, que nos eviten tener que sufrir las vergüenzas y las penas que este verano nos está proporcionando.

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