19 de setembre de 2019 19/9/19
Per Eleuterio Fernández
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Sobre antenas y ondas

Advertencia: A pesar de lo que parezca, todo
lo dicho aquí tiene validez tanto para los
lectores de Burriana como para los de Vila-real
e, incluso, para los de Les Alqueries.

Amables lectores. Cuando nos enfrentamos a un problema relacionado con la televisión, las cosas parecen que se ponen difíciles; cuando nos enfrentamos a un tema relacionado con la libertad de expresión, estamos entrando en arenas movedizas, pero cuando nos enfrentamos a un tema esencialmente nacional-lingüístico, que compendia en sí mismo todo lo anteriormente dicho, nos encontramos, con franqueza, ante el quiero y no puedo.

Este es el caso que nos toca y, tengo que reconocer, que, como diría cualquier joven, quizá algo anticuado, me mola cantidá (a lo castizo).

Pues bien, al parecer el gobierno valenciano tiene la intención de impedir que la televisión catalana (más conocida como la TV3, o, simplemente, “la catalana”) pueda ser captada en tierras valencianas, es decir, las que van desde Vinaroz hasta el más lejano punto de Alicante. Esto, en principio, puede parecer algo extraño pues hoy día resulta muy fácil captar cualquier televisión si se dispone de la tecnología adecuada. Francamente, y aunque esto pueda perjudicarme al hacer notar una falta de preparación de esta columna por mi parte, no sé si lo han hecho pues no me preocupa mucho, nada, este canal televisivo pero, para el caso, lo que cuenta es la intención. Y de eso se trata, de intenciones... ajenas.

Antes que nada, tengo que confesar y, por lo tanto, culparme, de que hace años, bastantes, muchos, yo fui una de las personas que pagué un bono de, entonces, 1.000 ptas. para que fuera posible instalar un repetidor con el cual se pudiera captar la citada TV3. Sin embargo, y para empezar, aquello no se hacía por razones de libertad de expresión ni nada por el estilo sino, sobre todo, por razones lingüísticas y, claro, al final, por razones políticas (lo de los Països Catalans y todo eso de lo que, seguramente, hablan oído hablar alguna vez y no sólo en un mal sueño sino en la más pura realidad)

También después de ese antes que nada, tengo que decir, y repetir, que en una columna mía titulada De nacionalismos y mitos. Yo fui un converso, al nacionalismo, lo confieso, publicada el 2 de octubre de 2006 ya dije lo que pensaba de todo esto. A ella me remito. Por lo tanto, ni voy a repetirme ni voy a arrepentirme de nada de lo dicho y escrito. Lo escrito, como diría Pilato, escrito está. Pero ahora toca analizar, aunque sea por encima, el comunicado que la Agrupació Borrianenca de Cultura difundió el 23 de marzo pasado sobre el tema porque, créanme, no tiene desperdicio alguno y se refiere, directamente, a la cuestión de que tratamos.

Aunque no quisiera polemizar con Joan Garí, que es la persona que presentó, en las páginas de este mismo periódico digital, en la sección Vox Populi, bajo su nombre, el supracitado comunicado de l’ABC (voy a llamarla así, en valenciano, porque yo fui, seguramente por desgracia para más de uno, miembro de esa Agrupació hace algunos años) titulado Comunicat de l'ABC se entiende que ha sido suscrito por todo el órgano directivo de aquella. Sin embargo, y vuelvo a repetir que sin ánimo de polemizar, el lenguaje utilizado es, quizá, propio del mismo Joan Garí y que me perdone, si no es así, él o la persona que le haya imitado. Y esto es, sólo, una presunción que admite, como la iuris tantum, prueba en contrario. Admito, por lo tanto, cualquier tipo de rectificación que, gustoso, estaría dispuesto a hacer... si llega el caso.

No voy a analizar, por otra parte, todo lo que me parece y yo puedo ver en este comunicado (demasiado fácil, tengo que decir, para mí, porque fui cuña de la misma madera, como suele decirse, y sería hacer leña del árbol caído, que no soy yo, precisamente, y eso no está, ni me parece, nada bien) aunque algo sí que voy a decir.

Sin ánimo de ser exhaustivo diré lo que sigue:

  1. En cuanto a lo de las amenazas, como si la actuación del gobierno valenciano hiciera eso, amenazar, tengo que decir que no se ha de entender así ya que, casi siempre, amenaza quien quiere hacer algún daño a otra persona (en este caso a un grupo de ellas) y lo que se pretende hacer es, seguramente, cumplir la Ley cosa que, como a veces, no nos conviene…
  2. En cuanto a lo de la información veraz y de calidad que se supone se emite desde la TV3 habría mucho que decir pero, a mí, se me antoja de todo punto ridículo que el gobierno nacional-socialista que dirige aquella comunidad autónoma, permita que la información sea veraz porque la calidad es cosa de pareceres. Ahora, que si se trata de información en catalán…entonces la cosa cambia porque la lengua, como tantas veces, hace la cosa. Y creo que ya me entienden.
  3. Es cierto que en un mundo globalizado es muy fácil acceder a cualquier información televisiva, como ya he dicho antes, por medio de tecnologías que están al alcance de casi todo el mundo. Tan cierto es esto que, no he visto que, por ejemplo, que se demande, que la Televisión de Castilla-La Mancha se pueda ver en la Comunidad Valenciana. Por lo tanto, no se debe de tratar de ningún tipo de atentado contra la pluralidad informativa porque, de otra forma, se demandaría lo mismo para cada caso. Pero yo creo que no se trata de tener la mayor pluralidad posible sino, al contrario, tener la pluralidad que “nos interesa” (porque, dice el comunicado, los valencianos (¿?) sentimos próxima y propia, perdonen la traducción, esa televisión, la TV3).
  4. No quisiera pasar por alto la definición que hace el comunicado del gobierno valenciano, pues es quien está legitimado para hacer esto de impedir la recepción de la que escribimos ahora. Se dice que se trata de una “anacronía propia de trogloditas mentales” (perdonen, de nuevo, la traducción) o, lo que es lo mismo, que son bárbaros y crueles, pues esa es la definición, una acepción muy adecuada, de “troglodita”. Sobre esto tengo poco que decir porque se descalifica por sí sólo. Sin embargo, sobre lo de cruel, no creo que nadie de las personas que autoricen esto se deleiten en ver como otras personas sufren (las que no puedan ver la TV3) porque, francamente, han de ser muy pocas y, como muy bien se dice en el mismo escrito, es de mostrar una “profunda desconfianza en la democracia” cuando no se admite el pensar de la mayoría que, a lo mejor, pues no quiere que se pueda captar esa emisora que hace, de la lengua, un arma de triple filo y que tiene como objetivo esencial la defensa de los intereses de un gobierno abiertamente contrario a los intereses de la Comunidad Valenciana. Y sobre esto no creo que tenga nada que decir (trasvase del Ebro, intento de quitar la Copa América a Valencia por parte de Barcelona que quedó, sólo, en un intento, aunque con la intención basta, etc) más que lo que cualquiera ya sabe. ¿O es que las mayorías sólo sirven si son “nuestras” mayorías?
  5. Es evidente que la TV3 tiene derecho a emitir su programación como cualquier otra. Sin embargo, esto tiene que hacerlo dentro de un espacio físico, su territorio, que está perfectamente definido y que, ni siquiera, la ensoñación más soñadora puede hacer cambiar: las cosas son como son y, creo, sólo la victoria electoral del partido socialista en la Comunidad Valenciana acabaría con esto ya que, entonces, estoy seguro que tratarían de que el “hermanamiento” fuera mayor. Pero, por eso no hay que preocuparse, que ya están las elecciones del mes de mayo y, gracias a Dios, no creo que tengan otro 11M para aprovecharse de la desgracia ajena para medrar en interés propio. Ni siquiera del accidente del metro de julio pasado (2006) han podido sacar mucho rédito, ni de los supuestos casos de corrupción que tanto airean. En fin, que ya será otra vez, pero otra, que esta tampoco va a ser.
  6. Una cosa curiosa encuentro en este comunicado. Se equiparan dos cosas que, en sí mismas, no pueden ser equiparadas, pues corresponden a ámbitos distintos, diferentes. Se dice que el perjudicado de esa falta (¿?) de coordinación (¿?) entre los ejecutivos de Cataluña y la Comunidad Valenciana, es el ciudadano “que paga sus impuestos y en su día sufragó de su bolsillo los receptores de TV3 en el País Valenciano” (¿?) (perdonen, por tercera y última vez, la traducción).
    Es claro que los impuestos se pagan en el ámbito público, dentro de un presupuesto público y a la espera de unas contraprestaciones públicas o, en último caso, para sostener a aquel presupuesto, y el pago de aquellos receptores fue una iniciativa privada pagada por los bolsillos de cada cual (el que esto escribe, como ya he dicho, también hizo esto). Por lo tanto, no se entiende que se equipare una cosa con la otra, a no ser que se confundan voluntariamente y se pretenda, también, confundir, a quien lea el citado comunicado.
    Y, por último,
  7. Agradezco el golpe de ingenio e ironía que en el punto 3, quien haya sido el redactor de ese comunicado, ha colocado que la desaparición de las emisiones se harían “manu militari”. Yo no sé que entenderá el susodicho redactor con eso de “manu militari” porque dudo bastante que nada militar tenga que ver con esto, ni siquiera policial, sino, el contrario, puramente civil, de supervivencia de una Comunidad autónoma atacada sobre todo, desde ese instrumento tantas veces malévolo que encierra la caja que es tonta y que atolondra, despista y manipula. Esto son, sólo, viejos resabios algo pasados. Ahora que eso de los políticos “sense escrúpols” es un poquito exagerado, porque es todo lo contrario. La segunda acepción de “escrúpulo” es tener “aprensión, asco hacia algo”. Entonces, no se trata de políticos sin escrúpulos sino con muchos. ¿Me entienden?

En fin, amables lectores, que me temo que la columna de esta semana me ha salido bastante larga. Sin embargo, no es todo lo que tengo que decir sobre el citado comunicado de l’ABC que, por cierto, y por proximidad, pueden aplicarse, también, los lectores de Vila-real e, incluso, los de Les Alqueries, por los que haya que piensen igual que, seguramente, será más de uno. El resto, me lo guardo para mejor momento, electoral, por ejemplo.

Esto era sobre antenas y ondas. Es una pena que se haya quedado en lengua y política.

¡Como siempre!, pues es al único clavo ardiendo al que pueden agarrarse.

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