23 d’octubre de 2019 23/10/19
Per Jesús Montesinos
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El BLOG de una PYME: El café de Dios

    Esta mañana en el polígono ya nos hemos repartido las últimas papeletas de la lotería (fallas, gaiatas, hogueras, collas, viajes de fin de curso….) para que nadie quede sin la única oportunidad que va ligada a una opción: comprar lotería. Pero el de la tienda de ferretería nos ha amargado la mañana. Dice que ha puesto a la venta cincuenta generadores a 99 euros y le quedan la mitad, mientras Leroy Merlín los tiene a 125 € y ya ha vendido casi doscientos. “¿Qué la gente es tonta o qué pasa en este país?”

    Allí en el bar cada uno ha salido por una historia. Que si te lo llevan a casa, que si lo puedes devolver, que si de paso compras una cortina… Pero el de la ferretería las desmontaba una tras otra. Yo también lo llevo a casa. Y además te enseño como funciona, mientras que en L.M. solo te dan el manual. Y además me lo pagan en dos plazos. No le han servido de excusa. Hasta que uno ha dicho la clave: es que comprar en L.M. no es ir a trabajar sino como ir de compras con la mujer. Pagas 125 pero te crees que eres un Dios, mientras que a tu tienda voy con el mono de la obra puesto y solo me hablas de lo mal que está todo. Cierto.

    Y es que las PYMES nos creemos que todo y solo es fabricar y fabricar. O montar para terceros. Nos hemos olvidado de vender. Y tal como viene la cosa hay que salir a buscar el cliente a dónde sea. Con muchas luces navideñas o poniéndole un lacito al generador de mi colega. Las calles de nuestras ciudades están cubiertas comercios con el “se alquila” o “se traspasa” en la puerta porque no venden un real. Pero amén de la caída del consumo a lo mejor esa tienda debería estar en otro lado donde están los clientes. Todo el mundo quiere instalarse en la calle comercial, cuando la tienda de chuches donde debe estar es en la puerta de un colegio.

    Se nos ha olvidado vender y decirle al comprador que es Dios. Y ahí ha salido en el bar el ejemplo del café Nespresso. Cada uno hemos contado una anécdota del efecto de la campaña. Que si Clooney, que si la jodida cafetera, que si los envases. Y al final ha salido: es el café que bebe Dios. Nadie ha hablado de la calidad del producto, sino de su exclusividad y de lo atractivo que resulta un producto que se lo disputan Clooney y Dios. Todos a comprar.

    ¿Cuántas de nuestras Pymes hacen una mínima reflexión de completar su producto con un valor añadido? Pocos o ninguna. Aquí a producir, a montar y a llenarse las manos de grasa. Es lo mismo que les pasa a los de la cooperativa de naranjas, que se están quejando porque los marroquíes van a poder vender más fruta en Europa, cuando la clave está en que este año se ha mandado clementina verde al mercado y el cliente la ha rechazado a favor de la marroquí. Pero aquí la preocupación es plantar naranjos, hacer cajas y mandarlas en camión cómo sea, cuando resulta que el cliente es tan exigente que selecciona el café porque es la bebida favorita de un guapo y de Dios.

     

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