23 de juliol de 2019 23/7/19
Per José Albalat
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La mujer del pasaje

Al pasear por el pasaje de José García, después de leer la placa de nuestro querido autor de “Rotllo i Canya”, me encuentro con la estatua que representa a la mujer que va a la compra. Me acerco a ella porque siempre he notado su soledad. En ese instante, viajo al mundo de la fantasía, a ese mundo donde puedo entrar en su pensamiento y escuchar todo lo que me dice.

Ella se sincera contándome todo lo que puede apreciar en las veinticuatro horas del día.

Me dice que está orgullosa de representar a las mujeres en una ciudad tan bonita como Castellón.

Está contenta porque su enclave se ubica en un lugar de mucha afluencia de gente, una zona de paso donde se distrae viendo la cantidad variopinta de personas que pasa por allí. Además oye conversaciones y se entera de las cosas que ocurren.

Puede ver la obra de Montoliu, las dos mujeres con la fuente, siempre acompañada por las palomas.

Está contenta porque a veces la enfoca la cámara de video instalada en el mercado.

Todos los que pasan se fijan conmigo, me miran a la cara y luego bajan la vista para ver lo que llevo en el capazo. Pocos se fijan que llevo en una mano una manzana mordida. No me la puedo terminar porque en una mano llevo el bolso y en la que cojo la manzana llevo un ramo de flores y me es difícil darle otro bocado.

 Sufro cuando veo sentarse en el banco que hay cerca de mí a personas mayores, lo veo demasiado bajo y les cuesta mucho levantarse. Tendrían que cambiarlos y poner otros como los que han puesto, según he oído, en la avenida Casalduch. Son altos y cómodos.

Oí a una mujer que decía que la calle de Enmedio le falta color. Decía que debían adornar las farolas con flores, como las que hay aquí. También deberían poner algún banco para que los sufridos maridos esperen a sus mujeres mientras ellas hacen sus compras. Poner maceteros, como el que han puesto detrás de mí. Por cierto que el día siguiente que lo pusieron ya habían robado plantas. No se como son estas personas pues no tienen respeto por nada.

De vez en cuando oigo algún que otro tropezón por el mal estado del pavimento. Me imagino que el Ayuntamiento estará al tanto y pondrá remedio pues me he enterado que en varias calles y avenidas están cambiando las aceras con un pavimento que beneficia a nuestros pies y poder lucir altos tacones sin riesgo de torceduras.

Delante de mí han puesto el BiciCas. Una iniciativa que me parece acertada para poder desplazarse por la ciudad con bicicleta pues hay mucho tránsito. Al principio creo que costará su utilización.

Casi todos los días veo a Juanjo que planta su caballete de pintor junto al Ayuntamiento, sé que es el único pintor al vivo que nos queda y es todo una institución. Últimamente va enfadado porque cuando deja sólo el caballete y los utensilios de pintura, a veces le falta algo. Según él rondan por el centro desde hace algún tiempo personas que no son de fiar.

Pasó Manolo Brancal pero no llevaba su guitarra, le hubiese pedido que me dedicara alguna de sus composiciones.

Veo muchas veces a Juanjo Trilles que pasa enfrascado con sus “collas”, con sus “dolçainers” con las gayatas y sus fiestas de la Magdalena.

Tenemos la suerte de contar en Castellón con personas que todos los días luchan por nuestras raíces, por nuestras costumbres y por nuestro bienestar.

Como verás, falta un asa de mi capazo, hay desalmados que disfrutan rompiendo el mobiliario urbano. Ha llegado a mis oídos que una estatua de un niño con bicicleta la pusieron en una esquina de la calle Navarra, la destrozaron y luego de restaurarla le buscaron otro sitio en una rotonda y no sé más de ella.

El otro día se pusieron junto a mí dos mujeres con sus hijos. Se enfrascaron en la charla mientras los niños subían por el capazo y me hincharon a patadas. Ellas no se dignaron a llamarles la atención. Así acabarán.

 A veces, al amanecer vienen las brigadas de limpieza y con el chorro de agua a presión me limpian. Disfruto porque esos días me encuentro más guapa y la gente me mira más.

Por la noche me encuentro muy sola, se me hace eterna. Tengo miedo cuando se me acerca alguien bebido pues no me respeta. A veces algún grupo de jóvenes alocados se divierten subiendo al capazo y si pueden a mis hombros, no comprendo su comportamiento.

Los corresponsales de los medios de comunicación siempre van con prisa para poder llegar a las ruedas de prensa en el Ayuntamiento, los veo pasar casi todos los días.

Cuando pasan el Alcalde y los Concejales, al mirarme me ruborizo.

Todos los años instalan el mercadillo donde exponen sus cuadros los pintores. Acude mucha gente. Me distraigo viendo los cuadros y a veces viendo las antigüedades de algunos puestos. A la gente le gusta este tipo de actuaciones.

En Navidad, suelen ponerse cerca de mí grupos de jóvenes y cantan villancicos. Me encanta oírlos.

En la semana de fiestas de la Magdalena lo paso muy bien viendo como se lucen las castelloneras con sus vestidos tradicionales, tan elegantes. Con sus parejas vestidas de “satí” o de labrador dan alegría y colorido a la calle. Las bandas de música y “els dolçainers i tabalaters” inundan y animan las calles con su música.

La mayoría de los sábados hay bodas en Santa María y en el Ayuntamiento, el estruendo de las tracas y el olor de pólvora llegan hasta mí. Veo a los invitados con sus vestidos de fiesta. Hay alguna pareja que se acerca para fotografiarse y tener un recuerdo mío.

Como te dije al principio, estoy orgullosa de estar donde estoy y que siento como todos los castellonenses, “Pasión por Castellón”.

 1 comentari
La columna de Jose
La columna de Jose
01/03/2008 07:03
La mujer del pasaje

La idea de utilizar un objeto como narrador en primera persona me parece una idea genial y ofrece una opinión critica, subjetiva y realista de lo que pasa a su alrededor. Espero que siga utilizando este bonito recurso para que los que estamos fuera podamos trasladarnos con la imaginación al Castellón que llevamos dentro y tanto queremos. Felicidades por el artículo. EJAB