23 de juliol de 2019 23/7/19
Per José Albalat
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Eduardo, el de los cabestros

 Con la presentación de los carteles para la Feria taurina de la Magdalena, empieza y de forma tempranera, el curso taurino de 2.008. Los aficionados estarán pendientes, como todos los años, de la semana taurina de Castellón.

De hace meses que la empresa ha tenido contactos con los apoderados para poder completar los carteles y siempre con el objetivo de que sean atractivos para la afición de Castellón y de todo el mundo taurino.

Para que el acontecimiento sea un éxito, deben estar preparados una serie de apartados que por su importancia se han de tener en cuenta en cada momento.

Comenzaré con el mantenimiento del coso. Acondicionamiento de los chiqueros, comprobar que las cerraduras, las cuerdas y los portones funcionen correctamente. El estado de los corrales. El estado del albero. Hacer el inventario de los productos necesarios para que la enfermería funcione correctamente en caso de necesidad. Un repaso exhaustivo por los carpinteros y electricistas de las instalaciones de la plaza. Programar la distribución del personal para su ubicación en cada festejo. Contratar a la empresa que aportará los caballos de picadores. Contactar con los encargados del tiro de arrastre, con los alguacilillos y también con los encargados de la manada de cabestros.

Tener a punto las divisas y banderillas para cada una de las corridas y novilladas.

Ya está todo preparado y cada uno ya trabaja para que los festejos, salvo imprevistos, salgan bien.

Dentro de este mundo se encuentra Eduardo, el de los cabestros. Hombre que dentro de la tauromaquia se le llama “buena gente”. Es persona seria y su amabilidad es similar al trato cariñoso que recibe cada uno de sus cabestros. Le habla a cada uno de ellos, con dulzura y con mimos. Siempre les está hablando. Ellos le conocen y le quieren.

Un día, se iba a celebrar el sorteo de los lotes, y por causas imprevistas Eduardo no se encontraba en la plaza. Uno de los presentes comentó que Eduardo no estaba. Otro se fijó en un cabestro y dijo: “Eduardo si que está”. Lo ocurrido fue que al llegar Eduardo, antes de entrar a los corrales, tosió y los cabestros al momento notaron su presencia.

Le pregunté a Eduardo si los cabestros se acordaban de un año para el otro de los corrales y del coso. Me contestó que sí. No obstante los lleva a los corrales una semana antes de la feria para que se acostumbren al cambio de vida.

 En el campo nunca veremos a Eduardo con una vara para azuzar a sus cabestros. Si en la plaza la lleva es para completar su figura pero nunca la utilizará. Con su voz le basta.

Al llamar a “Sevillano”, éste le acudirá al momento, al igual que “Gitano”, “Ramillete”, “Lucero”, “Presumido”, “Navegante”, “Pequeño”, “Triguero”, “Canario”, “Brillante”. Cada uno de ellos sabe su lugar en la plaza. Con las órdenes de Eduardo, ellos sabrán rodear al toro y poco a poco lo llevarán a corrales.

Alguna vez le he visto actuar en la plaza y su trabajo siempre ha sido un éxito.

No solamente tiene cariño a sus cabestros sino a todos los animales. Me ha comentado varias veces que si en la lidia el maestro trata con cariño al toro, éste le responderá mejor.

Espero que no se lesione ningún toro y que tengan todos casta y trapío. En caso contrario hará su presencia Eduardo junto a sus queridos cabestros.