20 d’octubre de 2019 20/10/19
Per José Luis Ramos
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¿Deben limpiarse los cauces de ríos y barrancos?

    “A la naturaleza sólo se la domina obedeciéndola.”
    Francis Bacon

     

    Al parecer deben ser muchas las personas que no han entendido, o no quieren, que obedecer la naturaleza supone respetarla. Tampoco parecen entender que respetarla, supone no ocupar los espacios que ocupan las aguas en épocas de lluvias torrenciales. Es decir, las ramblas. Entendiendo por ramblas, el cauce natural que forman las aguas cuando llueve, en especial cuando lo hace de forma torrencial y cerca de la costa. Lo digo porque cada vez que las lluvias desbordan los cauces de ríos y barrancos y ocupan los terrenos colindantes, tenemos que soportar graves daños que en algunos casos afectan a la vida de las personas.

    El caso es que cada vez que sufrimos lluvias torrenciales, desde la sociedad civil, se revindica que los cauces de ríos y barrancos deberían estar limpios. A la vez aparece la polémica sobre qué administración es la responsable de la limpieza.  Respecto la administración competente, en materia de limpieza, la jurisprudencia ha resuelto la polémica. La limpieza de los cauces de ríos y barrancos, mientras transcurren por suelo rural, es decir, suelo no urbanizable, la competencia es de las Confederaciones Hidrográficas. Pero cuando transcurren por suelo urbano, dicho de otra manera, cuando atraviesan poblaciones, la competencia es del municipio correspondiente. Así las cosas, mientras los ríos transcurren por suelo rural, la limpieza que corresponda, la debe realizar la Confederación Hidrográfica de la zona. Por el contrario, serán los Ayuntamientos correspondientes mientras los ríos atraviesen las ciudades.

    He trabajado en asuntos de urbanismo, que se trata de una materia interdisciplinar. Cuando aparece polémica sobre el uso del suelo, se emiten los correspondientes informes periciales, por técnicos especializados en la materia objeto de polémica. Pues bien puede ser un problema de aguas, por existencia de un acuífero, de patrimonio histórico, existencia de restos arqueológicos, de flora o fauna, existencia de especies protegidas, etc.  En esas prácticas, he aprendido que el primero que te habla de una materia sobre la que no tienes conocimientos técnicos, siempre parece tener razón. Sin embargo, cuando sobre el mismo asunto se emiten distintos informes, al final el informe que parece más razonable coincide con el técnico que tiene la titulación académica, y la especialización más acorde con la materia de la que se opina.

    Así las cosas, en el tema de inundaciones estimo que debemos escuchar lo que dicen los ingenieros especializados en el tema. Diré alguna de las cosas que recuerdo que dicen. Dicen que falta de limpieza de la vegetación que crece en los cauces de los ríos no agrava los daños cuando los ríos se desbordan. Lo que agrava los daños son los depósitos de escombros, de vegetación arrancada, y las construcciones en terrenos pertenecientes a cauces de ríos en sus crecidas. También la construcción de puentes que se construyen sin prever el caudal del rio en sus máximas crecidas

    A finales del 2016, se realizó el Congreso Nacional de Medio Ambiente (Conama), en el que se presentó un estudio de la Universidad Católica San Antonio de Murcia, siendo la autora principal del trabajo Carmen Gallego.  En ese estudio se analiza una rambla cercana a Cartagena. El estudio concluye que en las ramblas y barrancos del Mediterráneo la vegetación retrasa la llegada de los caudales punta y reduce el volumen de la avenida. Por consiguiente, se estima que resulta extrapolable a otros cauces mediterráneos afectados por lluvias torrenciales, como es la costa valenciana. Dicen que la vegetación en el cauce no solo no representa un factor de riesgo añadido en este tipo de episodios, sino que provoca un efecto positivo retrasando la llegada y reduciendo el caudal «pico» de la avenida que agrava las inundaciones.

    Entre otras cosas, en el estudio se concluye:

    «Los resultados obtenidos de las simulaciones indican que cuanto menor es la resistencia al flujo, es decir, menos obstáculos existen en los cauces, mucho mayor es el caudal pico de la onda de avenida, al acumularse más rápido los caudales en la parte final de la rambla, lo que agravaría la inundación en esta zona».

    «Por tanto estos resultados ponen en duda la creencia de que cuanto más despejados estén los cauces, la inundación es menor ya que se desaguan más rápido los caudales».

    «Además, aumentar la velocidad del agua propicia erosiones en las márgenes de los cauces, lo que incrementa la capacidad destructiva de la avenida».

    Se afirma que la reducción de la resistencia al flujo en los cauces permite siempre una mayor capacidad de desagüe de los mismos, pero con ello «se puede estar desplazando el problema aguas abajo».  Ello es así, porque la diferencia de tener o no tener vegetación para una tormenta que puede producirse cada 25 años, supone pasar de un caudal pico de 86,7 m3 por segundo a 58,8 m3, lo que supone un descenso del 32%. Además, el tiempo en el que produce el pico pasa de 1 hora, 38 minutos a 2 horas,26 minutos, lo que ofrece una ventana más amplia para una posible evacuación de los cauces en caso de que exista una ocupación temporal de los mismos por aparcamientos o suelo para celebrar mercados y otros actos. Por otra parte, al coste económico y ecológico que tiene la limpieza de los cauces, se debe añadir el riesgo de un agravamiento de los efectos de la riada aguas abajo. Concluyen que la limpieza de cauces, se debe realizar «a partir de estudios hidrológicos e hidráulicos previos que analicen, de forma integral, la evolución de las avenidas a lo largo de la red fluvial.”

    Según mi parecer, a estos especialistas deberíamos prestar la misma atención que prestamos a los especialistas de la medicina cuando nos hablan de nuestra salud.

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