23 de novembre de 2019 23/11/19
Per José Luis Ramos
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Circunstancias que pudieron ser y no fueron

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    Circunstancias que pudieron ser y no fueron- (foto 1)

    La frase “Yo soy yo y mis circunstancias”, pertenece al gran filósofo español José Ortega y Gasset. En ella se quiere decir que la vida se compone de lo que cada persona es, más las circunstancias, que ha vivido. Dicho de otro modo,  una persona es ella y su entorno. Por lo que no puede separar el medio en el que vive, de su forma de ser. Así es que todas las personas hemos vivido circunstancias que han determinado lo que hoy somos. Pero también nos hemos quedado sin poder vivir, alguna circunstancia, qué de haberla vivido, tal como nosotros deseábamos, hoy seriamos diferentes a lo que somos.

    En mi caso, una circunstancia, que me ayudó a madurar, fue conocer a Danielle Tartour. Era hija de una familia judía parisina, originaria de Israel. La conocí, en Montmartre, las Pascuas de la primavera de 1970, junto su hermana.  Era mi primera visita a Paris.  Hubo un enamoramiento mutuo, propio de jóvenes inmaduros. Así que los 6 días que me quedaban de estar en Paris, los pasamos juntos. Menos dormir, el resto, día y noche, estuvimos juntos. Durante el día, agarrado de la mano me llevó a visitar los lugares más emblemáticos de la ciudad, y durante la noche, donde los jóvenes se divertían y expresaban sus sentimientos sin complejos. Con sus abrazos y besos en público, me ayudó a perder la timidez de expresar en público el cariño y afecto por otra persona. Así me hizo comprender que nadie tiene que avergonzarse por expresar en público el sentimiento y la estima por otra persona.  Recordemos, que en esas fechas en España te podían multar, por escándalo público, por besarse en público. Además, se consideraba poco hombre, al hombre que expresaba su debilidad por una mujer,

    En esas fechas, yo trabajaba en Alemania. Pero dos meses después, ya estaba en Paris con ella. Todo iba de maravilla, vivíamos un romance propio de dos jóvenes viviendo en un mundo ideal. Hasta que conocí a su padre. El hermano pequeño tomaba la comunión, Danielle quiso que yo fuera para presentarme a su familia. Entonces, las dos hermanas, me explicaron que su padre era un judío ortodoxo, que no podía ver a los españoles porque Franco estaba aliado con los árabes en el conflicto con los israelís. Las hermanas hablaban un poco de italiano, al igual que yo, porque en Alemania trabajaba con italianos. Así que decidimos presentarme a la familia como italiano.

    Acudí a la comunión y me presentaron como italiano. Del acto recuerdo al niño en ropas menores, vestirlo y peinarlo en público como queriendo simbolizar que había adquirido la madurez y era la última vez que necesitaba ayuda. Se trata de un acto en el que el muchacho o la muchacha judía adquieren el compromiso de observar los mandamientos del judaísmo. El caso es que después de hartos de comer y beber, se inició el baile con música propia de la cultura judía. Hasta que sonó el “Poromponpero” de Manolo Escobar, y yo, me puse a cantarlo y bailar. Cuando el padre de Danielle, vio que me sabia la letra al dedillo, preguntó a las hijas si estaban seguras que era italiano. El caso es que el tío me identifico como español, y desde ese momento se dedicó a evitar que pudiera ver a Danielle.

    Danielle, su hermana y yo, solicitamos en la embajada de Israel permiso para ir a trabajar a Israel. Cuando vieron que yo podía trabajar como metalúrgico (Fresador o de taladrador), enseguida me ofrecieron un trabajo con vivienda incluida. Después de estar todo arreglado, renuncie a la oferta de trabajo, porque me entere que la vivienda que me ofrecían era en terreno palestino ocupado por los israelís. En esas fechas, yo ya tenía suficiente conocimiento del conflicto, palestino-israelí, como para no prestarme a colaborar en la ocupación de terrenos palestinos por los israelís.

    Decidimos ir a trabajar a los Kibutz (Comunas Agrícolas Israelís), muy de modas en esas fechas.  Era el mes de julio, por lo que yo decidí viajar a España a visitar familia y amigos, antes de viajar a Israel. Ese fue mi gran error, además de no darle mi dirección en España. Eran tiempos sin teléfonos móviles. Así que sin darme cuenta que quedé sin contacto con Danielle. Mis cartas jamás fueron contestadas. Mis intentos de hablar con ella por teléfono, fueron atendidos por su madre o padre, que me recriminaron que llamara y me advirtieron que no llamara  ni escribiera más. Acabé pensando, que jamás permitieron que le llegaran mis cartas. Me quedé sin Danielle, sin viajar a Israel y sin la experiencia de vivir en un Kibutz.

    Así que no pude vivir una circunstancia deseada, qué de haberla vivida, seguramente habría tenido una gran importancia y en mi futura forma de ser. Sobre todo, en mi forma de ver el mundo. En fin, de Danielle aprendí la lección que nadie tiene que reprimirse, ni avergonzarse, de expresar sus sentimientos en público de afecto por otra persona. Y lo que es más importante, que ninguna persona tiene derecho a impedir la relación entre personas, por razones religiosas o políticas.

    PD. La foto es Danielle, en 1970.

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