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Per Francisco Planelles
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Simplezas, ¿aforismos, gregerías?

    Cuando hace tiempo Paco Planelles me dio a leer las primeras páginas de este libro, de inmediato mi memoria miró de reojo a Ramón Gómez de la Serna. Los entendidos saben por qué.

    Afortunadamente, el autor de este volumen no había entrado aún en contacto con el ingenioso creador de las Greguerías, a las que luego lo acerqué, por centenares, incluidas las inéditas de su “Diario Póstumo”. Entonces él mismo pudo comprobar que, si bien existía similitud de procedimientos, no se daba la superposición, que podría entenderse plagiaria, de las muchas de don Francisco sobre las muchísimas de don Ramón. Se trataba, una vez más, de eso que Jung denomina “coincidencias significativas”, en las que, casi misteriosamente, dos caminos se entrecruzan o se tornan paralelos, merced a ese azar constante que llamamos “vida”.

    Gómez de la Serna, en su Prólogo de 1945 a la publicación “aumentada y seleccionada” de sus Greguerías, citaba a la Real Academia de la Lengua al definir “greguería” como “algarabía, gritería confusa”.

    Hoy frente a este libro de don Francisco Planelles. No analizaremos o describiremos su contenido. Sólo daremos fe de que aquel prosista memorioso, a ratos lírico, que se mostró por primera vez en “El Regreso”, y más tarde se convirtió en narrador de cuentos y en autor de poemas (tanto en un caso como en otro tiene sendos libros inéditos), nos sorprende ahora con sus reflexiones y ocurrencias, tan planellanas como ramonianas.

    Aquel memorialista, aquel autor de cuentos, aquel poeta, se nos ha transformado ahora en un filósofo humorístico e inesperado, a veces casi atrevido, capaz de compartir con nosotros verdades o descubrimientos de a puño, dichos en esta instancia, como corresponde, con una sonrisa o un guiño.

    Como escribía don Ramón en su Autobiografía que él, con ingenio y verdad, tituló “Automoribundia”, “la literatura no es más que tener talento literario y meterse en casa a escribir, sin pensar si se está haciendo por la vida o por la muerte. Y, como dice más adelante, “un escritor es lo que se llama un alma en pena, un alma en pena de oraciones, creaciones, palabras, necesidad de vivir la suposición y el invento de algo superior que falta en la vida”. Para confesarnos luego, muy a su estilo: “Lo que más he buscado es el asa de la realidad para asirme a ella, para agarrarme”.

    Don Francisco Planelles podría hacer suyas estas palabras de don Ramón Gómez de la Serna: “En mis libros, si hay algo importante son las señales de esa realidad imponderable que he encontrado a través de la vida”. Don Ramón agregaba a continuación: “Estoy en diálogo perpetuo conmigo mismo buscando esa señal de lo real absoluto”. (Entre otras cosas, ésa es la “agonía” constante del escritor o el posible escritor o de quien, “espontáneo” y valiente, se tira al ruedo en esta lidia del ser humano con el presunto toro bravo de la escritura).

    Desde su primer libro, hace ya muchos meses, en 2005, dije en público que Francisco Planelles tenía madera de escritor y cosas interesantes para decir. Y ahora este libro presente lo confirma. Han pasado los años, y Francisco Planelles se desvive por vivir literariamente y confirma, sin proponérselo expresamente, su condición o su vocación de escritor. Cuando tantos hoy día se autodenominan gratuitamente y en sus tarjetas de presentación profesor o profesora, escritor o escritora, Planelles paso a paso lo va mereciendo a cabalidad. A él le puede parecer excesivo que lo llame “escritor” (y mejor que sea así). Pero la realidad, tozuda, termina imponiéndose. Y no estoy regalando nada. (Más de una enemistad me he ganado por la sinceridad o el silencio de mis juicios literarios).

    Ingenio, picardía, reflexión, filosofía del andar cotidiano, buen humor, guiños y sonrisas, va a encontrar el lector en las páginas que siguen.

    Bienvenido, pues, señor lector, y a disfrutarlo. Le aseguro que no se arrepentirá.

    Gregorio Rivero Iturralde

    Montevideo, abril de 2009

    Don Gregorio Rivero Iturralde. Califica “Simplezas de un quijote” de Greguerías (agudeza o imagen en prosa que presenta una visión personal, sorprendente y a veces humorística de algún aspecto de la realidad.)

    Don Joseph Palomero de Aforismos (sentencia breve, generalmente de carácter filosófico o moral,

    Paco Planelles de Invitación al lector a descubrir en las “Simplezas de un quijote” La simplicidad de un burrianero y su tiempo.

    Dicen que el hombre en su desquicio acabará con el mundo. Grosso error. Acabará con su

    mundo.

    La educación es un vestido que disimula nuestras carencias.

    El hombre desciende del mono y la mujer de la mona.

    La sociedad de consumo ha convertido nuestros cerebros en un depósito de telarañas.

    Lo que para muchos es una crisis, para pocos es una oportunidad.

    “Cada cual cosecha lo que siembra”. Siempre que llueva.

    La vida para algunos es un sueño. Para otros, una pesadilla.

    “Padre hay uno solo”. Hijos, tantos como puedas engendrar.

    La sociedad actual me recuerda a unos pájaros imposibles que, incapaces de enseñar a volar a sus pichones, los alimentan de por vida.

    Los medios de información nos desinforman.

    La amistad es un tesoro no siempre fácil de encontrar y siempre difícil de conservar.

    El cerebro en la vejez no se deteriora. Simplemente prescinde de lo superfluo.

    La especialización puede llegar a ser una cabeza sin patas.

    Desde que mis padres se mudaron a mi corazón, los dejé de visitar en el cementerio.

    Quien quiera ser libre, deberá previamente liberarse de sí mismo.

    Un auténtico escritor debe ser generoso y sincero. Lo demás se aprende.

    No sobornes a tus hijos y a tu conciencia con un juguete.

    El premio al esfuerzo es el descanso. El castigo a la ociosidad, el aburrimiento.

    No hay mayor ingratitud que no devolver nuestro cuerpo a la Tierra.

    Las aves son agradecidas al esparcir la simiente del fruto que las alimenta.

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    comentaris 3 comentaris
    paco planelles
    paco planelles
    13/05/2013 01:05
    Suicidio

    Apreciado amigo, sin cuncluir la dosis, no es aconsejable pretender el suicidio. Seguramente fracasarás en el intento. Lo cierto es que en lo personal, ordenar el desvan, le dio sentido a mi vida

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