18 de novembre de 2019 18/11/19
Per Vicent Albaro
Camins de l´Alcora - RSS

Las ánimas... y más cosas

    FOTOS
    Las ánimas... y más cosas- (foto 1)

    Un largo puente marca el calendario de comienzos de noviembre, en estas fechas se celebra las festividades de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos. Como ya viene siendo costumbre a lo largo del año, la mayoría de los mortales (porque todos somos aspirantes a difuntos), se irá de puente o se dedicará a las labores propias de su hedonista mentalidad, con tres jornadas que ocupar al máximo rendimiento.  Eso es lo normal en estos tiempos que corren, con visos alocados de pollo descabezado.

    A mi plin como decía el anuncio. Pero me sorprenden muchas cosas que veo a mi alrededor, y ya se sabe que el hecho de proximidad te afecta en primer grado. El otro día mi nieto me enseñó una especie de murciélago en cartulina confeccionado en el colegio, yo inocente de mí le dije: ¡Batman! Pues el día anterior llevaba puesta una camiseta del superhéroe del cine, y me contesta: ¡No, Halloween!   Me dejó tieso, con dos años y medio pronuncia el vocablo anglosajón con una claridad pasmosa. Y yo, abuelo baboso, me eché a reír aunque una calorina me subía por dentro, llenándome la cabeza de pensamientos delirantes que no voy a reproducir.

    Superada esta primera sensación, me puse a pensar que hacía yo a su edad hace sesenta años más o menos. Y en esos difusos recuerdos me reafirmo en que ya poca gente sabe que es la Noche de Difuntos, pero al menos Todos los Santos aún se recuerda, porque los más sensibles llevan flores al nicho o tumba de sus seres queridos en el cementerio. En ese proceso de recordar lo antiguo, me viene a la memoria las noches en la chimenea, (entonces por esos días hacía un frío que pelaba) escuchando historias a mis viejos sobre apariciones de muertos y otras tétricas narraciones, que me tenían en vilo con unos ojos de mochuelo. Contaban que sus mayores encendían pequeñas velas o velones con mecha sobre aceite, una por cada “animeta” de la familia, hasta poder ir al día siguiente a la iglesia, donde se rezaba solemnemente por Todas las Almas del Purgatorio.

    Convendrán conmigo que rezar por tus seres queridos difuntos, es una manera de acordarte de ellos en tan señaladas fechas. Y no sé al lector, pero a mí me llena ésto, mucho más que la mascarada de las calabazas, los zombis, los esqueletos, los murciélagos batmanianos y demás zarandajas impostadas del “truco o trato”. Aquí somos tan gilis que todo lo de fuera siempre es mejor. Y lo peor es que, quienes deberían velar y cuidar nuestra cultura y tradiciones, son los primeros en adherirse fervorosamente a estas modas importadas. La noche de candelas, charla sobre historias reales o inventadas, dulces y licores entre familia y amistades y el recuerdo de nuestros antepasados, ha devenido en una fiestorra pagana, pagana en todos los sentidos como el tener que comprar artilugios fantasmales y tétricos para asustar al personal y alegrar al comercio. ¿Asustar? ¿No  tendremos ya bastante con lo que está cayendo? 

    Pero se me olvidaba que hoy no reza casi nadie. La devoción a las benditas almas del purgatorio fue el motor festivo de los primeros días de noviembre, partiendo del Concilio de Trento enseñando que hay Purgatorio y almas penando retenidas en él, que reciben ayuda con los sufragios de los fieles para alcanzar la celestial plenitud. Aún subsiste la creencia bien, piadosa; o bien por el dichoso karma, de que hay una comunicación entre el mundo de los vivos y de los muertos. Que esos espíritus errantes podían encontrar la paz y ser reconfortados con oraciones, redobles de campanas,  misas de difuntos, limosnas, novenas y otros rituales propios para el sufragio de las citadas almas. Con la aparición del moderno Halloween, se han acabado estas tradiciones profundas y trascendentes, y ahora todo es un asunto comercial y banal, con un irrefrenable sentido de superficialidad.

    Nuestro venerable cura Juan Bautista Bertrán, era un fiel orante por las almas del Purgatorio. Algún sacerdote amigo fallecido, siempre nos decía que rezáramos por él, que se iba de cabeza al Purgatorio. En alguna peregrinación por las ermitas he animado a rezar por las almas benditas, y más de uno me miraba como un bicho raro. Y había que recordar a la concurrencia, los lamentos de esas almas  en pena: “Oid mortales piadosos/Y ayudadnos a alcanzar/Que Dios nos saque de penas/Y nos lleve a descansar” “Padres, hermanos, amigos/¡Dónde está la caridad!/Favorecéis a un extraño/ Y para mí no hay piedad/ Ea, venga una limosna/un sufragio o un rogar/ “Que Dios nos saque de penas/ y nos lleve a descansar” Hijo ingrato que paseas/tan ricamente vestido/y a costa de mis sudores/descansas en tanto olvido/Mira a tu padre quemando/Y lo puedes remediar/ “Que Dios nos saque de penas y nos lleve a descansar…”

    Pero me da la espina a mí, que esto último no mola como Halloween. De hecho hasta en los colegios religiosos son más “jalouinianos” que los otros. Y hasta alguna parroquia suspenderá la catequesis para que los niños se disfracen de vampiros. Es lo que hay. Pero insistiendo en que podrían habilitarse fórmulas para conservar las tradiciones antiguas, por qué no contarles a los niños las historias de espíritus errantes, los difuntos saliendo de las tumbas sin Mikel Jacson ni Trhiller, sino con mortaja a la vieja usanza, enseñarles qué es la Santa Compaña,  la literatura clásica como el Tenorio de Zorrilla, o Leyendas de Bécquer: “…unas pisadas lentas sonaban sobre la alfombra; el rumor de aquellas pisadas era sordo, casi imperceptible, pero continuado, y  a su compás se oía crujir una cosa como madera o hueso. Y se acercaban, se acercaban, y se movió el reclinatorio que estaba a la orilla del lecho. Beatriz lanzó un grito agudo…, y las campanas de Soria doblan tristemente por las animas de los difuntos”. (El Monte de las Ánimas)

    Así que con Halloween y los Fieles Difuntos pasará como con Papá Noel y los Reyes Magos. Las modas chorras se cargarán el poso cultural y la tradición de siglos, eso sí con gracejo, disfraz y simpatía de unos y de otros. Los unos saben lo que hacen, lo hacen bien y van a por ello, a las claras, vamos. Pero los otros…o no se enteran, o se van de cabeza no al Purgatorio, sino a las calderas de Pedro Botero. Con un par. Benditas sean las almas del Purgatorio. Amén. 

    ocultar
    Las ánimas... y más cosas
    Pujar