6 de junio de 2020 6/6/20

Abre sus puertas la Exposición Permanente Taurina de la Plaza de Toros de Requena

    El próximo sábado, 8 de febrero, a las 12.00 horas abrirá sus puertas la Exposición Permanente Taurina de Requena ubicada en la misma Plaza de Toros. Con esta actuación, que ha sido financiada por el Plan de Dinamización del Producto Turístico de Requena y cuenta con una inversión de 21.538€, la Plaza de Toros de Requena, se convierte en un atractivo turístico de primer orden dentro de la amplia y variada oferta que nuestra ciudad ofrece a los turistas que la visitan.

    La tradición taurina en Requena se remonta a los primeros tiempos de la Villa, antiguamente, las corridas se celebraban en la Plaza Mayor, donde todavía subsiste el callejón de los Toriles, sin embargo, en el siglo XVIII, coincidiendo con el auge de la producción sedera, los actos taurinos se trasladaron a la plaza del Arrabal. El concejo poseía allí una casona que vendió al tintorero francés Alejandro Simons, imponiéndole la condición de que en el nuevo edificio reservase un balcón a las autoridades municipales, para contemplar desde allí los espectáculos. A mediados del siglo XIX, el coso se instaló en la plaza de Armas de la Fortaleza.

    La centenaria Plaza de Toros de Requena comenzó su azarosa construcción en 1877, tuvo que ser paralizada dos veces por motivos de la guerra carlista y una epidemia de cólera. La junta de accionistas que se hizo cargo de la construcción del inmueble tuvo que afrontar unos gastos totales de 43.267,53 pesetas. Finalmente, fue inaugurada el 17 de septiembre de 1.901. Su aforo es de 6.614 localidades y tiene un diámetro de ruedo de 8.5 metros.

    Destaca en ella su preciosa fachada neomudéjar, siendo un magnífico ejemplo de este estilo historicista de finales del siglo XIX, con detalles arquitectónicos únicos como la utilización del ladrillo como elemento principal constructivo, y el uso decorativo de motivos islámicos como lazos, rombos y arcos de herradura. Todo ello concebido como herencia de ese gusto por lo exótico propio del romanticismo.

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