1 de octubre de 2020 1/10/20

Vicente Durbá: La huella de cuatro décadas en el Colegio Virgen al Pie de la Cruz

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    Esfuerzo, sacrificio, trabajo duro... Son algunos de los valores que Vicente Durbá mamó desde bien pequeño y que todavía hoy intenta inculcar a sus alumnos. Como profesor, y también como director del Colegio Virgen al Pie de la Cruz. Ahora comienza su tercer y último curso como jubilado parcial, a punto de cerrar esta larga etapa, pero no sin antes dejar una huella en cuarenta cursos de jóvenes que ha visto pasar, aprender, crecer y evolucionar al ritmo de la sociedad.

    Nacido en el seno de una familia humilde, Vicente Durbá mamó desde bien pequeño los valores que impregnan la huerta valenciana: esfuerzo, sacrificio, amor por la tierra... «Me siento muy orgulloso de ser hijo de agricultores», asegura. Y fue en este entorno rural donde, poco a poco, creció en él una fuerte admiración hacia lo natural, algo que ha determinado su profesión y su vida.

    Cuando tuvo la edad suficiente, un cúmulo de circunstancias y el esfuerzo de sus padres lograron que Vicente pudiera ingresar en el internado de salesianos de Valencia, donde pasó siete años estudiando. «Guardo muy buen recuerdo de la educación que me dieron». Más tarde llegó el momento de escoger su carrera universitaria y, fiel a sus raíces, optó por Ciencias Biológicas.

    «Creo que una de las manifestaciones de Dios es todo lo que ha creado», apunta Durbá, educado en los valores del cristianismo: «Escogí esta carrera porque me gusta la naturaleza». De hecho, a los cuatro años ya ayudaba a su padre en el campo, una afición que desde hace años combina con su profesión.

    «¿Sabes la enorme satisfacción que sientes cuando te pegas una buena sudada en el campo, te giras y dices: Qué limpio se ha quedado?», comenta el profesor: «No es lo mismo que cuando estás en clase explicando, luego ves el examen y dices... Señor, ¿qué han aprendido?», bromea.

    Pero la enseñanza también le llena, y mucho. De hecho, ha pasado casi cuarenta años tratando de transmitir a sus alumnos los valores que sus padres le inculcaron desde pequeño.  «Me gusta mucho, es bastante sacrificado pero me encuentro satisfecho con el trabajo realizado».

    El Colegio Virgen al Pie de la Cruz ha sido su segunda casa desde 1981, cuando comenzó a trabajar como docente de los ciclos formativos —el único tipo de enseñanza que entonces ofrecía el centro—. Aunque él era licenciado en Ciencias Biológicas, al principio impartió Naturales, Matemáticas, Física y Química... Y también otras asignaturas menos relacionadas con su especialidad, como Dibujo, Constitución... Entonces un profesor podía impartir cualquier materia.

    Un colegio con historia

    Más tarde, el cierre del colegio de los Capuchinos de Massamagrell, donde muchos jóvenes de Puçol estudiaban EGB, llevó a sus profesores a crear una cooperativa y alquilar aulas al Virgen al Pie de la Cruz para poder continuar con su enseñanza. Bautizaron este nuevo espacio como Colegio Santa Marta, y «caló tanto en la población que hoy en día todos nos conocen así».

    Durante casi 10 años funcionaron como dos escuelas independientes, hasta que a mediados de la década de los 90 se unificaron bajo el nombre inicial del centro, dando lugar al colegio que hoy imparte desde Educación Infantil y Primaria hasta la ESO, incluyendo sus ciclos formativos: Formación Profesional Básica, Grado Medio y Grado Superior en Electricidad, Grado Medio en Gestión Administrativa... Y también Grado Medio en Cocina, que fue «el primer colegio de la provincia de Valencia en incorporar este ciclo».

    Seis años después de entrar en el centro, Vicente Durbà fue nombrado director académico y, en 1999, se convirtió en el representante de la titularidad del colegio. Desde entonces ostenta ambos cargos, aunque para él «no es una medallita para ir enseñando, sino un servicio más al centro», asegura: «En un momento dado se me pidió, y ahí he continuado mientras se me ha pedido».

    Educación concertada: el derecho a elegir

    Básicamente se encarga de las cuestiones académicas y laborales, además de representar los poderes frente a Consellería y otros organismos públicos. Como colegio concertado, «estamos obligados a cumplir muchas de las condiciones que tienen los colegios públicos, empezando por la admisión: para que un alumno ingrese, debe contar con los criterios que establece Consellería».

    A nivel laboral es diferente, pues los profesores no son funcionarios y, cuando hay cambios en la plantilla, «los que se van no cambian a otro colegio sino que se van al paro». Por otro lado, este tipo de centros «le resultan a la Administración más baratos que los públicos», destaca Durbá, que reconoce tener libertad a la hora de educar a los alumnos, «pero siempre de los límites de la ley y de los márgenes que establece Consellería».

    Pero la existencia de este tipo de centros responde, sobre todo, a la necesidad de ofrecer a las familias el derecho a elegir el tipo de educación que desean para sus hijos. Esto es un derecho reconocido en varios ámbitos internacionales y en la Constitución Española, apunta el director, «y no debe depender de la situación económica de las familias», pues muchas no pueden permitirse estudiar en la privada y, «si solo existieran la pública y la privada, las familias sin recursos económicos no podrían elegir».

    En la concertada, subraya Durbá, pueden encontrar una alternativa, «no porque sea mejor o peor, sino porque tienen el derecho a elegir, y pueden venir tanto ricos como pobres». Elegir, por ejemplo, estudiar en un colegio católico, como la escuela donde Vicente Durbá ejerce su profesión desde hace cuatro décadas.

    «Somos un centro católico de la Iglesia Diocesana, y educamos desde la antropología cristiana porque entiendo que no solo hay que dar conocimientos de matemáticas y otras materias, sino también colaborar con los padres en la educación, ya que por algo nos han elegido», apunta el director, que pone como modelo de vida ante sus alumnos a Jesús de Nazaret.

    De hecho, el centro guarda una estrecha relación con la Parroquia Santa Marta, cuyo párroco, Vicente Gonzálvez, ostenta la titularidad del colegio ante el arzobispo de Valencia, presidente de la Fundación Canónica Virgen al Pie de la Cruz. La junta de la fundación está compuesta por todos aquellos sacerdotes que ejercen en Puçol, y por una persona laica. «Don Vicente delegó en mí, con el acuerdo de toda la junta, aunque él es el representante ante el arzobispo y está al tanto de todo, acude a las reuniones, está presente en la toma de decisiones...», explica Durbá.

    En definitiva, la religión está presente en el día a día de los alumnos y trabajadores del colegio, aunque los padres tienen la libertad de escoger la asignatura de religión o una optativa para sus hijos. Aunque, para ellos, la religión «no es una asignatura sino una forma de educar», con valores que rechazan la discriminación, el racismo, la violencia, el sexismo... «Está en el Evangelio, no estamos haciendo nada raro», apunta Durbá.

    Esfuerzo y otros valores

    Estas no son las únicas ideas presentes en la educación del Colegio Virgen al Pie de la Cruz. Del mismo modo que Vicente Durbá fue educado en el respeto, esfuerzo y sacrificio para salir adelante, intenta inculcar estos valores a sus alumnos.

    Aunque, tras 39 años de enseñanza, ha podido comprobar cambios preocupantes... «Desde luego los alumnos del año 80 no eran como los de 2020» apunta el profesor desde una perspectiva «muy muy personal»: «Aquellos alumnos hacían gamberradas como todos, pero eran más nobles y se respetaba mucho más la figura del profesor». En ocasiones esta falta de respeto va más allá del alumno y llega a las familias.

    Todo, en un marco legislativo que evoluciona con cada cambio de gobierno. «No sé cuántas leyes educativas llevamos ya, he perdido la cuenta y ahora parece que hay otra en ciernes», comenta Durbá, disgustado ante los cambios que atienden a los intereses partidistas: «Países de nuestro entorno llevan décadas con la misma ley educativa y solo se realizan pequeñas reformas... Creo que de una vez por todas podrían ponerse de acuerdo y hacer una ley consensuada con una mayoría, y que dure».

    Estos cambios legislativos no afectan al contenido de las asignaturas, que han variado bien poco desde las últimas décadas. Los cambios atienden sobre todo a la metodología de enseñanza. «Cuando yo empecé todo era clase magistral, pero ahora se intercala con otro tipo de métodos». Trabajo corporativo, proyectos interdisciplinares, exposiciones... Además de la introducción de los sistemas informáticos.

    Una de las quejas más habituales por parte del alumnado actual es el estudio memorístico, pues no lo consideran el método más adecuado para comprender y aprender. «Para mí memorizar y aprender no siempre son cosas diferentes; ejercitar la memoria es necesario porque ayuda a fortalecer mecanismos neuronales y cerebrales», destaca Vicente Durbá. «Es como ir a un gimnasio y levantar pesas... Ese ejercicio no te va a servir en el día a día, pero si tienes los brazos musculosos sí te puede ayudar».

    En definitiva, memorizar ayuda a desarrollar una serie de capacidades que pueden ser muy útiles en distintos aspectos de la vida, según el director, a lo que se suma el hecho de que la EBAU —la nueva selectividad— sigue un modelo de examen memorístico, «por lo tanto hace falta que el alumno comprenda, y también memorice».

    La enseñanza post coronavirus

    Aunque los próximos cursos probablemente sigan una metodología de enseñanza similar a la de estos últimos años, la llegada de la pandemia ha supuesto una fuerte sacudida al paradigma educativo. Las previsiones en torno al virus van cambiando y, por tanto, «no podemos saber qué ocurrirá de cara al próximo curso».

    Mientras algunos científicos consideran difícil que se dé un brote similar al de los últimos meses, «otros aseguran que el virus estará activo al menos dos años más, así que podemos hacer previsiones pero nadie sabe a ciencia exacta qué va a pasar».

    Mientras tanto, solo cabe vivir el día a día atendiendo a las normas y recomendaciones de las autoridades... Y poner en práctica el carpe diem, bromea Durbá, que se encuentra desde el último curso en jubilación parcial y espera jubilarse por completo a finales del año que viene, a sus 64 años. «Nos vamos haciendo mayores e interesa que haya gente joven para que puedan encontrar trabajo y rejuvenezcan poco a poco el colegio», apunta el que ha sido su director durante los últimos 21 años, y profesor desde hace 39.

    Así podrá jubilarse el año que viene tras más de media vida intentando transmitir sus conocimientos y valores a cientos y cientos de estudiantes. Algunos más aplicados y otros menos. «Siempre los he tratado a todos por igual, tanto al que hacía caso como al que no... Es una labor sacrificada». Todo, a pesar del poco valor que a veces se otorga a los maestros: «Igual después de estos meses de confinamiento algunos padres nos valoran un poco más...», bromea.

    Aunque una vez jubilado el año que viene ya no podrá continuar inculcando los valores que le enseñaron de pequeño y que han encaminado su vida, puede estar tranquilo: al parecer ha dejado una huella imborrable —como profesor y como director— en el Colegio Virgen al Pie de la Cruz. Pero también en los cientos de jóvenes que ha visto esforzarse, trabajar, aprender... Y en definitiva, crecer como personas: una enorme satisfacción para un docente que ha vivido las últimas cuatro décadas volcado en la enseñanza.

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