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¿Quién decide en cada colegio si los alumnos estudian con jornada continua o no?

¿Quién decide en cada colegio si los alumnos estudian con jornada continua o no?
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    ¿Quién decide en cada colegio si los alumnos estudian con jornada continua o no? - (foto 3)

    La jornada continua es una Orden de la Consellería de Educación publicada en 1998, que comenzó a aplicarse de forma experimental en algunos colegios de Valencia en el curso 2012-2013. Tras la regulación de la Orden llevada a cabo en 2016, el dilema se plantea ahora también en los colegios públicos y concertados de Puçol: ¿deben acabar el horario lectivo a las 14 horas o mantenerse hasta las 17 horas?

    La jornada continua plantea un cambio de horarios en los colegios públicos y concertados, para facilitar la conciliación de la vida laboral y familiar, permitiendo a los padres que puedan estar por las tardes con sus hijos... y en caso de que los padres trabajen, cada centro debe ofrecer actividades complementarias hasta las 17 horas.

    El horario actual contempla que las clases en los centros educativos se imparten entre las 9 y las 17 horas, contando con un horario de descanso y comida a mediodía. En caso de implantarse la jornada continua, el horario genérico para todos los centros públicos y concertados se dividiría en tres grandes bloques: de 9 a 14 horas, horario lectivo obligatorio; de 14 a 15.30 horas, los servicios de comedor; y hasta las 17 horas, actividades complementarias, no obligatorias.
    "La diferencia entre el horario actual y el que propone la jornada continua se centra en que las clases lectivas, es decir, el temario obligatorio actualmente se reparte entre la mañana y la tarde, mientras que en los colegios en que se apruebe la jornada continua sólo será obligatoria la asistencia hasta las 14 horas, mientras que las actividades de la tarde serán complementarias, impartidas por colectivos, asociaciones o instituciones que quieran colaborar y no serán materias sobre las que haya que examinarse", explica la concejal de Educación, Mery Cortell.

    Las dudas surgen cuando se piensa en cómo organizar ese programa de actividades, que sería distinto para cada centro en función de la programación que establezcan tanto las asociaciones de padres, como profesores y dirección del colegio en cada caso, aunque siempre serán propuestas gratuitas para los alumnos.

    Cada centro público o concertado elegirá de forma individual si prefiere quedarse con el horario actual o si decide implantar la jornada continua, aunque para lograr el cambio hay que pasar por tres votaciones distintas: el claustro de profesores, el consejo escolar y los propios padres.

    En primer lugar, es el claustro de profesores quien se pronuncia sobre el horario: para cambiar del horario actual a la jornada continua, la propuesta tiene que ser aprobada por más del 66 % de los votos. Una vez aprobada por el claustro, la jornada continua debe ser corroborada por el 66 % de los votos del consejo escolar. Finalmente, si ha sido aprobada por ambas entidades, habrá que celebrar unas votaciones abiertas en las que pueden —y deben— votar todos los padres y madres de alumnos del centro: en esta votación hay que superar el 55 % de votos favorables para que, definitivamente, la jornada continua se implante en el centro.

    "En cualquier caso, es una decisión que depende únicamente de cada centro y el ayuntamiento no tiene ninguna capacidad de decisión. De hecho, se puede dar la situación de que algún centro la apruebe y otros no", apunta la concejal de Hacienda, Dolores Sánchez. "Lo que está claro es que si se aprueba la jornada continua, el centro es el encargado de coordinar una programación para las tardes, para lo que puede contar con clubs deportivos, asociaciones e instituciones de todo tipo que deseen colaborar, siempre y cuando los alumnos no paguen por ellas: serán gratuitas... aunque alguien tendrá que hacerse cargo del coste de monitores, tutores o cualquier gasto que generen".

    En definitiva, se abre ahora un proceso de estudio de pros y contras, de debate, primero entre los profesores, luego en el claustro y, si ambos están a favor, finalmente los padres tienen la última palabra mediante su voto individual.
    Es hora de meditar la mejor opción para todos: profesores, padres y, sobre todo, alumnos.

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