4 de junio de 2020 4/6/20
Por Ángel Padilla
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Una televisión de mierda para un mundo de mierda

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    Una televisión de mierda para un mundo de mierda- (foto 1)

    Nunca antes la televisión había causado tanta vomitera. Más anuncios que nunca entre programa de mierda y programa de mierda. Si no recuerdo mal hubo un tiempo en que había una prohibición de no poner anuncios en un tiempo de más allá de dos minutos. Pronto eso se saltó, no sé qué ocurrió o cómo se pactó tácitamente entre los canales que no pasaba nada, los anuncios fueron aumentando su tiempo de exposición, hasta el presente en que se podría decir que casi hay tantos anuncios como espacios televisivos con contenidos. Los anuncios, respecto a ellos antes contaban con grandes creativos, al menos entre tanta exposición al consumismo aplastado en tu cara como una hostia, de pronto podías ver algo hermoso, aunque supieras dentro del marco que estabas, algo gracioso, algo realmente sorprendente. Hoy no creo que esos mismos creativos estén tras los anuncios, el perfil ha cambiado. Ahora se busca la mala hostia. Los que sepan qué es lo que llama la atención a toda costa, sea de mal gusto o de buen gusto. El mal gusto gana. Casi todos los anuncios comienzan con un idiota gritando algo estúpido, o con coros de niños infernales, repetitivos. Todo en los anuncios de productos de ahora se mueve en un feísmo, en un molestar para que te des la vuelta y enfoques la jeta a la tele, el anuncio llega con un "aquí estoy yo, mírame, tengo en mi construcción algo que recordarás, aunque sea apestosamente horrible, pero lo recordarás". Y recordar es mantener en la memoria el producto. Residuado eso sólo queda la marca. Las marcas "conocidas". De las que el consumidor se fía. Las conocidas son las más escuchadas. Puede haber un mercader que fabrique algo de gran calidad y utilidad, que si no cuenta con dinero para aparecer en televisión, con su producto hecho invento de gente gritando, vestidos de peluches gigantes amorfos, un "mi padre es un elfo" que te invita a tirarte por la ventana de espaldas, en definitiva, si no pasa por un gavinete de creativos puteadores de las mentes y sale en la tele tropemil veces, venderá muy poco. Lo justo. O nada. Algunos anuncios aparecen con el tono más subido de sonido, en comparación con otros, con dos cojones.

    De las películas ni hablemos. Hay televisiones públicas, que deberían cuidar la cultura ofreciendo los filmes nuevos que van apareciendo, la trampa es lo contrario, seguir poniendo la misma mierda de películas año tras año, para que uno se líe en un contrato de pago de una especie de televisión B, donde se ve que se puede ver partidos de fútbol muy chulos y telenovelas de todos los países, además, sobre los reality Show, se da la opción de suscribirte pagando para ver más trozos de los programas emitidos en la televisión de los "pobres", el corazón de los asuntos se ofrece en esa televisión B, pagando.

    Reality Show. No hay programa ya que no lo sea en esta televisión, al menos en este país desde el que escribo, España. Gran Hermano, Supervivientes, Sálvame Deluxe. Socialité.

    (No quiero nombrar algunas ínsulas agradables y nutritivas como el programa "Ahora caigo", donde el presentador, Arturo Valls, por su inagotable sentido del humor y buena vibra, debería ser premiado cada año.)

    Quería llegar al tan nombrado Gran Hermano, un programa que ahora, después del último en que ganó una chica llamada Adara, porque todo el público tembló de emoción al admirar cómo se pueden poner los cuernos descubriendo qué es amar y que antes de ello no se amaba, y ver cómo los comentaristas ensalzan esto; decía, este Gran Hermano denunciado porque en una de sus ediciones una chica fue presuntamente violada por su pareja de la casa mientras estaba casi inconsciente o del todo después de una noche de fiesta en la casa, un caso muy sonado porque con tanta cámara en la casa la agresión sexual no se detuvo. Y no sólo eso. Se pidió a la chica no dijera nada afuera porque ellos ya lo arreglaban todo (el programa denunció a la guardia civil y echó al presunto violador, publicando un comunicado en que se explicaba se le echaba por "conducta inapropiada", gran eufemismo para lavarse las manos). Un programa realmente sucio, sabedores los anunciantes de esto, se han ido en espantada una gran parte, y ahora aparece otra secuela del último Gran Hermano con otro nombre, a ver si cuelan de nuevo los anunciantes éticos fugados y quizá algunos nuevos.

    El amor de Adara y Gianmarco, un gran "Romeo y Julieta" moderno venido a muy menos, de barrio y absolutamente forzado, tipo Show de Truman; eso ha explotado el programa Gran Hermano durante todo el tiempo, viéndose constantemente y con claridad meridiana -una micra de sentido común bastaba- que el tal Gianmarco es un mentiroso profesional y que sólo usaba ese supuesto enamoramiento con Adara para "dar contenidos". Hasta al salir de la casa mantenía que se había enamorado de la tal Adara. El tal Gianmarco es conocido en Italia por participar en concursos donde ha saltado de mujer en mujer con su sonrisita de diablillo insoportable, a ver cuál caía y engañarla con sus frases, bastante tontas y vacuas, por cierto, un "conquistador profesional" al que se le ve a yardas.

    Lo gracioso, sorprendente, de todo esto es los coloquios que estos concursos, realitys, ofrecen. Los comentaristas. Uno se queda con la piel verde y el pelo rosa, por nombrar una enfermedad mental momentánea nueva, al escuchar cómo analizan los comportamientos de los individuos de los concursos cada interviniente. Es difícil escuchar entre tales un análisis mínimamente inteligente. La observación no es que sea superficial, es que es de traca. No dan una. Examinando esas observaciones uno se da cuenta del nivel intelectual y reflexivo de los humanos que te cruzas por la rúe. En la psicología se estudia la percepción, cómo analizamos y recordamos, cómo entendemos lo vivido, lo visto. Varias personas pueden contemplar un accidente entre dos autos y recordar los colores de los autos de distintas maneras, el número de personas implicadas, si hacía frío o calor, una misma visión examinada por varios individuos es contada hasta de maneras absolutamente contrarias entre sí.

    Lo que más me llama la atención, y aquí quería llegar, es constatar que la lucecita roja que todos deberíamos tener, y parece que no, de "cuidado, individuo peligroso", no se les enciende a casi nadie. Al tal Gianmarco lo tenían como enamorado de verdad casi todos desde el inicio, y daba evidencias completas, de puro sentido común, de estar pasándoselo bomba engañando y disfrutando con ello. De hecho, ahora al final de ese programa y ya todos fuera, se ha visto lo gañán que es con las contradicciones que el mismo tiene en una misma oratoria de un minuto, se dice y se desdice y sigue sonriendo de oreja a oreja, como un grumete de película americana en blanco  y negro. Y nadie le llama al "orden" del sentido común con un "acabas de decir Digo y Diego en la misma frase!".

    He tomado el asunto televisivo como punto de partida de observación desde otro ángulo del ser humano actual.

    Examinando la televisión que el humano actual ve y disfruta, que metaboliza como se la ofrecen y se la explican, nos adentramos en una realidad desoladora.

    Estamos en un ya todo vale. Incluso los programas de entretenimiento/información, o de información de actualidad completa, tipo el de Ana Rosa Quintana u otros parecidos, no están para lo que están, para ofrecer una actualidad en abanico, completa y diversa. Se centran únicamente en lo correcto para el Estado imperante. Lo que abunda más es ofrecer un trasunto del periódico "El Caso" pero ahora en televisión. Sonsoles Sónega es la maga del terror de los delitos, en su programa Ya es mediodía ofrece un rosario de los crímenes que ha habido cada día, cuanto más llamativamente cruentos mejor, y con un equipo de colaboradores que los presentan como expertos aunque no se sabe en qué, comentan cada noticia sin novedades, sin informaciones adicionales, como debe ser en periodismo, asistimos en casi todos los programas a la visión de gente "comentando" subjetivamente, o sea dando su opinión, y toma cristina. Ya está. Y muchos yendo más allá hablando de asuntos jurídicos metiendo bien la pata (mi mujer es abogada y se da cuenta de cuánto se equivocan cuando hablan de estos temas, a no ser que quien es invitado a opinar sea un abogado, que en la mayoría de los casos los invitados son los abogados de los agresores, y pocas veces los de las víctimas).

    El abogado de la manada es un asiduo. No hay quien soporte su jeta de amargado. Se le nota de lo que va y lo que es. Una abuela bastante insoportable franquista, a ésta se le ha dado palabra infinidad de veces en el programa de Sonsoles Sónega, como si fuera una voz a tener en cuenta. Esta mujer franquista diciendo cosas tales como que deberían entrar los soldados a Cataluña o que iban a defender si es preciso con rifles el Valle de los Caídos para que  no se llevaran a la momia (en fin, no llegaron a armarse, dios nos valga; ironía). El Dictador voló por los aires con enorme boato, proyectado por la mayoría de las televisiones nacionales como si se tratase de algo de gran interés, el desfile de las fuerzas armadas, el paso de la carroza de los Reyes Magos. Varios medios internacionales protestaron por la desfachatez del trato del eco televisivo que se hizo a esa repugnancia, que ya debería haberse realizado hace tiempo, pasar esa basura de ese lugar a otro, donde sea basura entre basura, y no entre gente anónima que luchó contra su tiranía perdiendo la vida y padeciendo la mala suerte de yacer en un mausoleo enorme donde fue enterrado su propio Dictador, como hacían los faraones, en fin.

    Hablar del "periodismo" actual en esta entrega es también importante. No me extenderé mucho. Ya no se habla con fuentes fiables, con nombres, se ofrecen "noticias" con rumores, con gente de dice esto, lo otro, voces de audio de watsapp. Y los periodistas ofrecen la "noticia" de que están en la puerta de tal o cual, que nunca aparece y sólo el periodista en la puerta pasando frío, y cuando aparece es dentro de su coche, y cuando le logran colocar la alcachofa en el pico es para que no digan nada, o un exabrupto ininteligible pero interpretable. Anuncian al comerciar el programa que tienen la noticia que todo el mundo espera. Han hablado con X. Al final del programa llaman a X, X descuelga el teléfono y lo cuelga. Y la presentadora con toda la cara del universo dicen, ya ven, aquí tenemos el primer acercamiento a este asunto tan apasionante. (Me estoy riendo mientras escribo, pero es para saltar cojeando hasta el río y tirarse de espaldas hasta que amanezca. Luego decidir si seguir en el campo viviendo de comer bellotas o volver a este lugar loco por completo.)

    Ahora cantan todos. Salen de Gran Hermano y cantan, y van por discotecas cantando, sin ser cantantes. Las discotecas llenas para ver a esas personas sólo porque han salido en la tele, las bibliotecas vacías.

    Los canales fardando de shared y las bibliotecas vacías y las librerías yéndose a la mierda porque cada vez se compran menos libros, porque hasta a cagar se lleva ahora uno el móvil, tan importante para mente y cuerpo ahora como un brazo o nuestros ojos, nuestra memoria; el móvil es un súper yo, el yo y el ello.

    En uno de esos realitys, en una prueba de cultura, uno de los concursantes, cuando se les preguntó los continentes del mundo, dijo entre otros, el Atlántico.

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