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Por Ángel Padilla
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Mi relación con los músicos

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    Mi relación con los músicos- (foto 1)

    Como poeta, como creador de la palabra en sus múltiples expresiones y formas (narrativa, cuento, texto teatral, poesía, letra de canción...), me relaciono a menudo con otros artistas, con pintores, con escultores, con cineastas, fotógrafos, músicos, actores y actrices...

    Con quienes, con diferencia, mejor me llevo (porque son los que más fácil lo ponen siempre) es con los músicos.

    Tengo muy buena relación con los poetas de mi generación, con los poetas netamente insumisos, pero suelo encontrarme mejor entre músicos en una charanga montada con ellos que entre poetas en una lectura poética conjunta. ¿Por qué? Por varias razones, estimo.

    Los escritores, poetas, suelen ser personas con mucho ego, sus yoes suelen ser impostados. Sólo hay que imaginar la presentación convencional de un libro. Ya sabéis, un rollazo decimonónico.

    Imaginemos algo llevado a cabo por un músico, siempre es algo más loco. En general, hablo, claro.

    Por ello cuando presento mis libros, y siempre que puedo, prefiero invitar a mis cosas a músicos que a otros escritores. Aunque hay que decir que entre los literatos, los más locos y las más locas son las poetas y los poetas, con ellas me siento a gusto, sobre todo con "ejemplares" tipo Katy Parra Carrillo, que es una poeta poeta y no tiene filtros, es espontánea y huye, como yo, de protocolos. Quizá, ahora que lo pienso, es porque Katy tiene mucho de música (nunca nombro al músico mujer como músico sino como música), entre otras cosas ella me contó que una vez tuvo la oportunidad de conocer a Evaristo, de La Polla Records. Me contó que un amigo suyo era un gran amigo de Evaristo, al que ella admira, y cuando el amigo de Katy se enteró de esto, le prometió acercarlos un día para que se conociesen. Así, un día en que Evaristo en mitad de una gira recalaba en un lugar en que pudieron ir Katy y su amigo, en el bar de ese pueblo los presentó, a la gran poeta y al gran músico ácrata. Katy me cuenta que Evaristo, de cerca, en lo familiar, es un tío genial, muy sencillo, pero que se cortó un tanto ella y sólo examinaba la situación, más que intervenía, pero vio un animal, convenimos hablando de ello, un animal libre en Evaristo, y eso le gustó mucho.

    Son lo más cercano a animales libres, los músicos. Aún más libres que los poetas. Una lástima, porque deberíamos ser igual de libres poetas y músicos. Pienso en Jesús Lizano, era tan libre como las aves en el cielo, imagen pura de lo anárquico, cuando lo conocí aún él en vida, me sorprendió hondamente en su verdad de poeta poeta, quijotesco, viviendo y habitando su mundo propio, poético sin duda, muy rico, tanto que le hacía estar visiblemente feliz, seguro, frente al mundo exterior, el humano. Jesús, ahora que vuelvo a caer en pensamientos profundos, era muy músico. Su poesía lo es. Es muy musical, es a menudo hímnica, oral. Sí, Jesús Lizano es una banda musical en todo su poemario sonoro "Lizania". Así, él se denominaba a sí mismo, en su multitud, el "Colectivo Jesús Lizano".

    ¡Se parecen tanto los músicos a los poetas!

    Pienso en el poeta gallego David Fernández Rivera: cuando escribía poesía lo hacía con enorme rapidez y sorprendente habilidad creativa. Recuerdo cuando compartíamos creaciones casi a diario por teléfono. Él solía leerme en lo que andaba escribiendo. Y yo le contaba lo mío. Él era capaz de escribir un par de enormes poemas, llenos de riqueza, surrealismo y entidad poética colmada de calidad, en cuestión de minutos. Entraba en calor, corría al papel y vertía sus ideas. Así, tan fácil, le venían poemas como el magnifico "Alén do mar", "Luces" o "Enterrados en la orilla". En realidad, toda la producción poética de este poeta gigantesco tiene la misma calidad, altura y espanto (la mejor poesía ha de causar miedo, debe ser espeluznantemente bella, o contener, por decirlo de otra forma, la belleza de lo 'oscuro'). Los poemas de Rivera son guantazos, son sinfonías no terrestres, son materiales desconocidos, aludes, lloviznas de colores, sonidos de otras tierras, en cierta forma sus versos algo desconocido por olvidado hasta el retorno de esos sones en forma de recitado por el mismo poeta (David Fernández Rivera es de los mejores poetas actuales recitando) o leídos en el papel. Los versos de Rivera palpitan, como montones de agua que abultan la hoja, amenazando romper el libro y entrar con sus cosas en la vida del lector. Por eso da miedo. El mismo miedo y sentimiento de escalofrío que causan las grandes canciones, las mejores composiciones musicales. Que nos trasladan a otro estadio mental, casi físico. O del todo. David es otro poeta músico. Es otro músico. En efecto, con David siempre me he sentido muy en sintonía, nos hemos comprendido porque pensamos con el atolondramiento del loco y desde la llanura extensa y colmada de caballos de colores del creador nato, que viene y va a nuestra llamada del recuerdo por su prado de hierba baja amarilla o blanca (como hoja), se acerca sonriendo y se diluye su silueta en el aire, quedando al ruido y luego en música sus palabras, su poema, carne, vida, mundo...

    Si la palabra es sonido, si la poesía lo es, entonces una buena canción no está lejos sino cerca (es lo mismo) de ser un poema. Y un poema es como una canción.

    El matrimonio mejor, de los mejores, entre letra poética y música lo veo en Leonard Cohen. Paty Smith también es grande en ello. Pero hay tantos y tantas girando como novios en el altar dando estos dos grandes tonos (el lírico poético y el musical poema)...

    Todo esto me lleva a concluir que los poetas mejores son los que de alguna manera son músicos. Y los músicos mejores son mejores creadores de música en tanto sean poetas. Aunque no lo sepan o lo acepten. Digo esto porque muchas canciones son verdaderas creaciones poéticas, tanto en estructura como en efecto comunicativo.

    Soy consciente de que no digo nada nuevo. De este tema se han vertido, como diría el de las frases hechas, ríos de tinta. Una misma cosa al fin, todo el arte. Por eso hay tantos artistas que desarrollan distintas facetas del arte, Lorca dibujaba así como Alberti también. En sus últimos años Holderlin tarareaba sin cesar cantos o murmullos extrañísimos paseando por su jardín familiar, cuando había perdido casi por completo la cabeza, y aún seguía escribiendo su Hiperión. No hay nada más hermoso y completo que ver la poesía sonando, a un poeta cantando, un prado que contemplamos como poema, una canción que se nos incrusta adentro como un cuento eterno que nos hace sonreír.

    Cuando uno escucha "Layla" de Eric Clapton, comenzar a sonar, ¿acaso no encuentra tanta belleza en su alma como cuando comenzamos a leer alguno, cualquiera de ellos, de los poemas de Dylan Thomas?

    GRACIELA FOLGUERAS

    Creo que Graciela fue la primera, o de las primeras, grandes músicas que conocí, y no personalmente. Pero como si así fuera. Ella vive en Argentina, yo, en España. Mejor dicho, yo vivo en este lugar que llaman España pero vivo en el Reino Poético, único espacio en esta vida con rey, y es reina. Su nombre: Inocencia. Del Reino Poético, que si se quiere tiene parangón en el mundo natural físico nuestro, fauna y flora libres, más revestidas de mayores susurros, al menos audibles por los torpes humanos, y de más amplios colores, más visibles para nosotros, al menos para mí, por loco, por elegido ¿por quién/es? para oír una música. Tan hermosa. Para ver un mundo, que no es este. No, no hablo de elegido como lo haría una religión, en sentido pomposo y excluyente. Yo me siento como visitado por un perro perdido, que me roza la pierna y me ofrece su amistad. Porque me capta como no hostil, quizá -eso espero- bueno. Eso es. Nada más.

    Con Graciela compartía nuestra vida vegana y la lucha por los animales. Ella amaba mi poesía y yo adoraba su forma de componer, su música es bellísima. Quienquiera que lea esto puede buscar en youtube la canción "A los poetas" y podrá comprobar cuán mágica y potente es su forma de crear melodías, y qué bonita y única es su voz.

    Ella puso música a innumerables poemas míos, tanto es así, que creamos un álbum con canciones con música de ella y letras mías, llamado "Cantos animalistas". Entre las canciones estaban "Flores para Pastora", dedicado a una perrita que mataron para hacer "magia negra" y se la encontró rajada de arriba abajo y vaciada de órganos y en su interior llena de flores (malditos idiotas que creen en estas cosas y joden a los animales para lucrarse desde y con la estupidez), "Vuelve Regina", "A los poetas", "Sueña el león" o "Llanto de Algemesí". El disco no llegó a concretarse por problemas en la producción, en resumen, no había dinero para grabar el disco y distribuirlo sobre todo. Algunas de las canciones pueden escucharse en youtube. No obstante creo que tengo las grabaciones finales de ellas en el correo electrónico, ella las tendrá también. Lo digo a efectos de posteridad. Lo que fabricamos es material fundacional. En cuanto a lo fundacional cito la frase que aparece entre otras frases de otras personas en la solapa de la edición definitiva de mi poemario "La guadaña entre las flores", donde el músico Pedro Moreyra plasma sobre mí (y el poemario): "Poeta profundo, con raíces en lo mejor de lo clásico, refinado pero visceral, fino pero filoso, y además (sin buscarlo) es uno de los que está en la vanguardia de un movimiento mundial que en pocos años va a ser una marea incontenible. Es su hora. En la intersección histórica de los fenómenos sociales hay gente que es tocada por el Espíritu y le toca protagonizar un periodo fundacional. Ese es Ángel Padilla."

    Por cierto, no me resisto a trasladar de la solapa de la que copié el magnífico texto de Moreyra, que no recordaba y me fascina, a otro nada menos que de la enorme e importante Leonor Marchesi, quien cambió el heavy español, o al menos marcó un punto de inflexión importantísimo, con el álbum "Templario", donde ella con su tremenda voz lírica y poderosa alzó un puñado de canciones que nos hicieron más fuertes a todos; en la solapa dice Leonor, sobre mí (demasiados elogios, no los merezco): "Leer sus poemas, sus escritos, es revolucionar el alma."

    Sin duda, ahora que caigo, expongo estos escritos de músicos para mostrar cuán amistosos y generosos son.

    Recordando toda mi relación con los músicos me pongo tierno. Lo triste, es que la relación amistosa con Graciela se cortó porque en la grabación de la versión moderna del tema "Llora Britches", con letra mía y que aparece en "La Bella Revolución", versión que se grabó inicialmente por Lyvon en 2007 y se decidió volver a grabarla con diversas voces de intérpretes de muchas bandas y musicalmente también, con músicos distintos. Pido al lector que si quiere ampliar datos sobre este encuentro de músicos para una canción animalista pura, puede leer la noticia "Música para defender la libertad animal", publicado el 15 de mayo de 2020 por el periódico "El Mundo", puede leerse en red. Pues bien, Graciela fue una de las tantas voces que entraban en la grabación nueva del tema. Hasta que se enteró de que entre las demás voces había una de una persona con la que no se llevaba bien, y puso el grito en el cielo. Tanto y con tanto encono protestó diciendo que sacase a esa persona de la grabación, o ella o esa persona, etc., que eso hizo que finalmente nos distanciásemos. Una pena, Graciela da la vida por los animales y es una gran artista.

    La relación más cercana -voy dando bandazos de memoria- que tengo con músicos es en la presentación de mi novela última animalista, "Mundo al revés: HISTORY", en la FNAC San Agustín de Valencia. En ella accedieron a tocar como invitados en el evento Alfredo Play Adela, Txus Bixquert de The Phantoms y Alberto Tramoyeres de Sylvania.

    Txus es todo un torbellino, arriba del escenario se come al público, lo abraza con su simpatía y cariño, y potencial musical, y abajo, cuando se pasea al terminar el evento o antes de él, abrazando a quienes conoce, o siendo muy generoso con aquellos que le piden una foto. De igual forma, igual de cercano, vi a Alberto Tramoyeres, de Sylvania. Quien no parece estar donde está, se le ve como en otro lugar mental. No obstante es un enorme señor educado, y digo señor inconscientemente, porque su aspecto es de un joven, un joven virtuosísimo a la guitarra eléctrica con la que encandiló al público que ese día por fortuna llenaba el fórum de la FNAC en la presentación de mi novela animalista. Y Pla, Alfredo Pla, es, se le nota, más... iba a decir tímido. No creo sea tímido. Educadísimos son los tres. Pero Pla es como más solitario, más con aspecto de fragilidad. La fragilidad que si pudiéramos toparnos hoy en día con Baudelaire, le veríamos al creador francés de "Las flores del mal", una fragilidad de gran poeta, una distancia de creador algo ausente. Adela cantó con Pla y Adela es una persona que se la ve con carácter grato, simpática y persona de altas cualidades. Estimo que además de la música se dedica a otra materia más asentada al suelo, porque la seriedad (en sentido positivo) que le capté, creo está relacionado con libros, con estudios de algún tipo, con un trabajo, en suma, de gran responsabilidad. Hablo inconscientemente.

    Que ¿por qué ahora me lanzo a hablar de los músicos y yo? Recuerda "los músicos y yo" a Platero y yo. Creo que porque con este calor de julio anómalo sin duda (resultante del calentamiento global), me preocupo y sigo ocupándome, aunque me invade una melancolía. Creo han llamado a la preocupación por la Tierra, por todo lo vivo, por un mañana en llamas que se viene de no hacer nada, "angustia ecológica". Me parece un buen término. Me duele la tierra, el mar, todo lo vivo. E intento reconstruir el mundo, que cae ante mis ojos del alma, con rapidez, con recuerdos. Y lo más bonito de mis recuerdos vienen llenos de música, creo que en eso somos todos iguales. Lo bueno de mí es que he tenido la oportunidad de relacionarme con muchos músicos, y de crear con ellos cosas conjuntas. Una gran canción común. El sonido de la tierra. ¿Habéis escuchado esa grabación en la que supuestamente desde una nave espacial se puede escuchar el sonido que se escucha emite la Tierra? La agencia espacial estadounidense denomina a este canto "coro" y es -explican- un fenómeno electromagnético causado por las ondas de plasma en los cinturones de radiación de la Tierra.

    Me gustan más, por supuesto, los sonidos que emiten con sus voces todos los animales que aún quedan en las selvas, en los mares, en los firmamentos, y que todavía resisten a los golpetazos del humano sobre sus hábitats y sobre ellos. Por ellos como digo en "La Bella Revolución", "me gustaría tocar la guitarra, me gustaría aprender a tocar la guitarra / pero no sé tocar la guitarra". Que para que en mis recuerdos y de ellos resuene algo hacia delante con cien mil guitarras sonando a la vez desde el cielo a las tierras, se escuche al fin mi voz, yo vivo o muerto, diciendo "Y habrá caballos libres corriendo por las calles / Será el día de las liberaciones masivas..."´

    Y entre los caballos yo volveré. Y, amor, tú y yo quemaremos ese día todos los establos y claustros donde cuelgan las cadenas. Haremos caer los azules tronos donde los amos pastan entre risas negras tranquilos.

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