7 de julio de 2020 7/7/20
Por Ángel Padilla
Yo, animal - RSS

Hoy necesito pensar en ti, Greta Thumberg

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    Hoy necesito pensar en ti, Greta Thumberg- (foto 1)

    Necesito pensar en la inteligencia, ver que existe, de verdad y entera, en ciertos humanos, y tomar oxígeno.
    En un mundo tan lleno de idiotas, de estupidez, de cobardía, Greta, necesito pensar en ti y en la dignidad de la resistencia, que la hay, frente a tanta vulgaridad, cobardía, egoísmo y vileza.

    Tú, personas como tú, que nacen al mundo esté tan estúpido como un arrebol de flores que crece alto en el cielo y se extiende como una primavera inesperada, en lo negro, en el frío, en la nada...

    Hoy necesito pensar en ti, en los indígenas que se enfrentan a las petroleras, a las grúas, a la mafia del gobierno disfrazada de comandos paramilitares, necesito pensar en las y los que mataron para que dejasen de hablar por la Tierra, los que se fueron y las que siguen vivas, con el puño en alto, con la frente alta. Levántándose cada mañana con un sueño. Sintiendo la gélida muerte del alma de ser un humano pero sustrayéndose a eso tomando soga de una fuerza más grande llamada universo, llamada vida, llamada Respeto. Llamada Justicia.

    De la mano la justicia, lo digno, nos saca de la cama a muchos y nos dice: vamos. ¿Sin ti, uno menos? ¿Sin los que lo hacéis, van a ganar los mediocres y los pusilánimes?

    El bosque no lo es sin cada rama de espino, todas le son necesarias.
    Al río cada gota le es necesaria. A la sangre de la resistencia cada paso nuevo le es necesario, y cada paso que cesa su andadura la debilita.

    El viernes, Greta, un conductor asesino arrolló con su inmenso camión lleno de cerdos a la activista canadiense Regan Russell, ella estaba tan solo dándole de beber a un cerdo del interior del camión, que pronto moriría, ya entrando el camión al matadero. Seguramente ese gesto era lo más parecido al amor o al cariño que ese ser sintió nunca y así murió, con ese recuerdo, al menos, ese al menos, haber vivido sin algo así, sin nada, y morir sin saber qué cosa tan horrible hiciste para habitar entre fierros donde ni la vuelta puedes darte, horas interminables, huesos rotos, temblor de piernas, no poder limpiarte pisando tus heces, gritar y no recibir respuesta, llorar y no recibir ayuda de nadie, de nadie, hasta que a patadas entras en un camión, y a palazos te cuelgan de una pierna y te rajan, tu cuerpo del que sólo sabes algo: que duele, que dolió desde el nacer, no conociste otra sensación, irte con el gran dolor de ser despedazado y rajado, amputadas tus piernas mientras eres consciente de ello.
    Russell es de las activistas que cree que ese momento que se les pide a los conductores, cinco minutos, que paren para que se les ofrezca cariño, agua, a los cerdos antes de que los ejecuten de la manera más vil y monstruosa, para un mundo humano que se dice digno y "unido", que sufre una pandemia producida, y lo saben, por cómo se relacionan con el resto de las especies animales y la naturaleza en general, pero les da igual; ese momento, ese instante, Regan es de las que piensa que qué menos, que morir después de una vida de mierda al menos teniendo el recuerdo de una sonrisa y la sensación de una mano que acaricia.

    Les da lo mismo, les importa una mierda. Todo. A esta humanidad le importa sólo su propio culo individual. A cada uno su culo. Y la parcelita de placeres que pueda obtener hasta palmarla, y los siguientes que enfilen, que enfilen por el suelo del pasillo que han dejado atestados, ahora, de guantes de plástico y mascarillas que han tirado al suelo al salir del centro comercial, que se vaya ya esta mierda de pandemia, claman, y tiran al viento el plástico, no voy a ir hasta la papelera, no te jode, uf, está a más de 50 metros. ¡A ver por qué no ponen alguna otra más cerca!

    El mar, lleno de mascarillas y guantes, Rigoberta Menchu, ya sabrás de ello, ¿lo podemos creer? Sí. Lo que no creíamos era esa fantasía Disney de los comentaristas de la tele que, entusiasmados, en plena cúspide de la línea de contagios y de muertos covid, asumían la realidad infalible de que después de esta situación tan extrema, emergeremos más amables, más conscientes, más...

    Pero chitón, sólo algún medio, pocos, han dado cuenta de la noticia triste e indignante de Regan.
    De los medios de este estado español, nada.
    No interesa.

    No interesa para nada que se sepa que la industria de la explotación animal es violenta. Que embrutece la trata de los animales desde su rabo hasta su hocico geográfico. Esos conductores llevan vidas, individuos, y llega a importarles muy poco los sufrimientos de esos cuerpos y mentes. Hasta el punto de que, envalentonado el conductor con una ley que se aprobó sólo dos días antes en Toronto que criminaliza a aquellos que entran en los mataderos, pacíficamente, para otorgar amor donde jamás lo hubo, respeto donde nunca lo habrá, le otorgaba derecho a quitarse de encima a una de aquellas personas que coloca su vida en el punto en que realmente está: detestable.

    Nadie quiere saber. Todos dicen: no me cuentes eso, ojos que no ven... ¡Cuánta ruindad moral! Engañan y se autoentañan, pero en el fondo de sí mismos saben que son partícipes de un holocausto jamás visto en esta tierra.

    Todos los días observo a activistas medioambientales y por los animales, activistas por la palabra respeto en todos sus brillos (no el respeto pequeñoatropocéntrico), que comunican se retiran un tiempo a descansar, pues anímicamente ya no pueden más.

    La frustración se apodera de muchos. Pero eso no es nuevo. El movimiento contra la esclavitud negrera se frustró innumerables veces, casi dos siglos de intensa lucha puede desmoralizar a cualquiera.

    El problema para los que luchamos por la Tierra y la libertad y dignidad de cada invidivuo que la habita, es que ya no disponemos de esos dos siglos, ni queremos tener esos dos siglos. Como Elizabeth Heyrick, que hasta el último momento de su vida luchó por lo que ella llamó y generó nuevos aires de fuerza en el movimiento abolicionista de la esclavitud : "liberación de los esclavos ya", "no al gradualismo". Elizabeth murió sola y aquejada de una depresión en su casa, se dice en la historia de la lucha de la trata de personas para la esclavitud, posiblemente triste hasta el fondo por saber que iba a morir sin ver su sueño de humanos libres, todos.

    Greta, de ti se han reído, te han hecho miles de memes, eres incómoda. No quieren oír el discurso tuyo que es el mismo que has escuchado y has hecho bandera de tu vida: de la liberación animal, de la salvación de la tierra. Lo llaman utopía, a promover, forzar un giro de 180º en los hábitos criminales de toda la humanidad, el único hecho que podría salvar, salvarnos, al menos salvar nuestras almas hacia una dignidad tardía. Y, por derecho, justicia natural, dejar de una maldita vez en paz a otras vidas animales, no comer vidas de una santa vez, que no te mueres, coño. Esa falsedad ya no tiene fuelle alguno. Llevo 25 años siendo vegano y estoy más sano que uno que come cadáveres.

    Corre un meme por las redes de una niña muy enfadada que expresa: "si puedo vivir sin matar vidas y puedo vivir matando vidas, ¿por qué elegir la segunda opción?"

    Yo nunca diré en público ando cansado, Greta, jamás. Y es normal cansarse, agotarse, decir: me echo en la cama un mes! Pero no puedo. No debo. No debemos. Cuando una cae nos levantamos cinco. Y si a uno lo silencian gritemos diez. Que la verdad no la detengan, aunque puedan, y lo hagan, detener los cuerpos.

    La verdad de todo. Que anda tan lejos de la estupidez que causa espanto. Es apartada una y otra vez del camino. Por todo caminante, cada vez más la verdad es incómoda porque exige esfuerzo. En cambio la mentira narcotiza, armoniza con la indolencia siempre, qué bien armada la mentira para que encaje como un tente con el constructo informe de las almas cobardes.

    La verdad siempre anda a contraépoca y es burlada. "Cuando un genio se levanta un millón de necios lo señalan atacándolo", dice una frase. También hacían viñetas de humor burlándose de los primeros que proclamaban que los individuos negros también eran personas o que las mujeres también merecen la oportunidad de poder estudiar.
    Es duro nacer con una fuerza mental, una visión clara, que no corresponde a tu época, que es adelantada, vivir como en un siglo atrás. Por eso la indignación de Greta, por eso el hastío de tantas y tantos, imagina, lector, nacer en la Edad Media y que tus vecinos creen que las mujeres que andan con gatos por los caminos merecen morir en maderos incendiados.

    Pero basta de argumentos. Como dice la activista Rosa Más y no hace falta más -nunca una verdad moral fue expuesta en forma tan concisa-: "Sabes que está mal, no lo hagas".

    Hoy sólo quiero pensar en personas inteligentes. En personas que cuando nombran la palabra respeto la dignifican en su extensión sin cercas, abarcadora de todo.

    Un respeto con confines no es respeto. Así como un campo que detiene su hierba en una línea marcada a cuchillo por alguien no sería campo.

    Todo lo demás es mentira, y sucio. Autoengaños que os servirán a vosotros. Pero a mí no, no a nosotras, a las conscientes; ni a la verdad.

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