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Por J. P. Enrique
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Un político panocha

    Un político panocha es aquel  que tiene muy poco peso y que  desprendido del  grano (principios éticos)  se convierte en una frágil  espiga  que se mueve  en busca de  intentar ir hacia un refugio en donde protegerse de  vientos y tempestades. Un político panocha oye sin escuchar lo que le dicen quienes  le dieron sus votos y hasta, en su interior,  les desprecia. Las voces que escucha, y que le gustan, son otras voces que le hablan de  garantizarse su futuro. Los panocha se caracterizan por sufrir una metamorfosis  profunda  en su ser con la que suelen evolucionar, por lo general,  desde la acera de los principios  a la que está al otro lado, al lado de la conveniencia.

    A lo largo de mi vida he conocidos  a  personas que se metieron en política  para, a través de ella, mejorar la vida de los ciudadanos, y otras, no pocas, que  la utilizaron  no en su fin más noble  que es el de servir a los demás, sino para servirse de ella y garantizarse unos  ingresos o  con el propósito de   conseguir una pequeña fortuna. Si se me pide poner ejemplos yo citaría a Luis Rondán, Eduardo Zaplana y a Sonia Castedo como panochas de libro. A su lado Rafael Blasco  transitó desde la izquierda más radical a la derecha más inhumana desde donde, finalmente,  se atrevió a robar a pobres tan pobres como los haitianos. Al lado de todos ellos no puedo dejar de mencionar a históricos como  los Puchol  a cuya cabeza, Jordi, pintó su mazorca de colores y caminó  hacia la seguridad familiar exhibiendo, más allá del grano, su nacionalismo y amor a la patria. Igualito que Juan Carlos I, el rey que nos engañó a todos durante tantos años que  se prestó a meter la mano donde fuera  para mantener el nivel de vida que se había marcado y para garantizárselo a sucesivas generaciones.

    Un tertuliano y un  periodista panocha, generalmente parasitado por un político (parasitado a la vez por un empresario  de la misma calaña, es un profesional que exhibe su grano solo para atraer a los pájaros  que se le acercan,   se mueve hacia donde le mueven los vientos de quienes le arrojan unas migajas para llevarlo a su pesebre.

    Al lado de ellos también los hay con principios que anteponen los fines nobles de su trabajo para  contribuir a mejorar la vida de quienes les situaron ahí.  El abogado del estado Jesús López Medel es un ejemplo de honestidad y a su lado Gerardo iglesias es todo un ejemplo digno de admiración. Un hombre que se marchó de la política  como entró, con los bolsillos vacios para regresar a su duro trabajo en la minería de donde procedía tras llevarse toneladas de odio, desprecio e insultos que  seres inhumanos le propinaron por el delito de rebosar   honestidad.

    Las investigaciones para sacar trapos sucios del pasado llenan estanterías de hechos probados o no, listos para poder arrojarlos  cuando convenga contra políticos molestos. Unos trapos sucios que también son útiles para derribar a rivales políticos como fue el caso de  Cristina Cifuentes o el que se conoce como operación PISA.

    Al lado de  ellos he conocidos alcaldes que me han confesado haber visto pasear ante sus narices  maletines  repletos de billetes para ir comprando voluntades por la vía  de actos populistas o  para colocarlos  directamente en el bolsillo de algún panocha necesitado dispuesto a poner la mano y tras ella su voto.

    Más cerca, en mi ciudad,  menciono sin mencionarlo a quien pasó de su fracasada profesión  a convertirse en alcalde aprovechando el apoyo de sus padres que   utilizaron contactos para ayudar a su hijo. Menciono también a quien ha estado liderando un partido político y ha acabado dándose de baja para pasar a prestar sus servicios a una empresa inmobiliaria  pensando en  que la crisis inmobiliaria no  llegaría nunca y que tendría allí su plan de pensiones.

    Al lado de ellos, contemplando la actuación de algunos  que ocupan   sillas en el Consistorio con actuaciones que les alejan  de mostrar cercanía hacia los problemas de  los ciudadanos, me pregunto ¿cuántos panochas debe de haber ahora mismo desprendidas ya de su grano que solo están ahí en busca de encontrar  un lugar tranquilo en donde protegerse del viento y las tempestades? Políticos en busca  de  acabar sus vidas con una seguridad y tranquilidad  a la que aspiran  mientras  escuchan  cánticos  que,  como  a Ulises,  les encandilan y en los que quieren creer porque les conviene soñar que puedan ser verdad, cuando  en realidad son voces que proceden de empresarios sin escrúpulos coleccionistas de políticos panochas que les allanen el camino para lograr sus objetivos. Como ejemplo de esa clase de empresarios me basta  con citar un nombre: Enrique Ortiz.

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