21 de julio de 2019 21/7/19

Cuando el patriotismo se alimenta de las cloacas

Podría ser un guión de una película de intrigas pero no lo es. Todo apunta a que estamos ante las cloacas del Estado desde donde se han utilizado fondos reservados para desprestigiar al separatismo y para desprestigiar a Podemos e impedir que cuajara en 2016 una nueva mayoría parlamentaria.

El guión que acaba de salir a la luz en sus primeras dosis (aunque sea de una forma muy limitada y aunque estemos ante un sumario declarado secreto) apunta a que lo que se llamó Policía Patriótica no era otra cosa que agentes dependientes del Ministerio del Interior de Fernández Díaz,  dispuestos a cometer ilegalidades.

¿Qué hizo la llamada policía patriótica?  La policía así llamada, bajo las órdenes de un Ministro del Interior muy del Opus y muy patriota, se dedicó a espiar de forma ilegal a políticos (recuérdese que es ilegal hacerlo sin orden judicial y que Nixon cayó por una trama de espionaje conocida con el nombre de Watergate).

 Desde esa policía se urdió en 2016 un informe llamado PISA (Pablo Iglesias Sociedad Anónima) un informe sin número  de registro, sin firmar y sin el logotipo de la policía. El informe hablaba de la financiación irregular del partido de Iglesias con fondos de Irán y Venezuela.  Una financiación que ocupó portadas de periódicos y que llenó tertulias en las que se repetía una y otra vez lo de Irán y Venezuela. Para apoyar el argumento también se contrató a un  confidente venezolano que estuvo dispuesto a afirmar que tenía pruebas de que había una fuente de financiación venezolana. Más tarde el Ministro del Interior condecoró a ese sudamericano.

La historia negra empezó en 2015 cuando le robaron el teléfono a Dina Bousselham ¿Quién era esta mujer? Fue la asesora, de Pablo Iglesias mientras estuvo como eurodiputado. En ese teléfono se guardaba información muy relevante,  una información que se fue filtrando a los medios y que toda ella apareció en el despacho del Comisario Villarejo. La trama ha empezado a salir a la luz cuando un juez, Manuel García-Castellón, ha abierto, dentro del caso Villarejo, una investigación separada que está bajo secreto.

El informe PISA fue muy útil: sirvió para que Manos Limpias  presentara una demanda en el juzgado. Sirvió para que el ministro Fernández Díaz trasladara ese documento al Tribunal de Cuentas y para que el gobierno lo utilizara para repetir una y mil veces lo de financiación ilegal proveniente de Irán y Venezuela, unas acusaciones que han seguido hasta ayer. A partir de ayer silencio o palabras evasivas: “está en manos de la justicia y somos respetuosos con lo que decidan los jueces”. No menos voz y publicidad ha sabido dar al informe PISA el tertuliano faltón, de risa chulesca y maleducado Eduardo Inda aprovechando su presencia en los medios y su periódico OKdiario.com para ir difundiendo el contenido del móvil en donde también había mensajes privados con una presentadora de televisión. También sirvió para montar una comisión de investigación en el Senado en donde se concluyó que “Hay indicios más que racionales de que Podemos se financió ilegalmente con dinero de Venezuela e Irán”.

Todas las evidencias apuntan a que estamos ante las cloacas del Estado despidiendo todo su hedor como ya sucedió en la operación Catalunya en donde aparecían documentos provenientes de la policía que nadie firmaba y sin  ningún sello estampado.

En ésto, como en la operación kitchen (en la que se espió a Bárcenas), parece que de lo que se trataba era de hundir a adversarios políticos con tramas de espionaje en busca de destruir pruebas incriminatorias o fabricarlas en beneficio propio.

Con el falso informe de la operación PISA ¿se acuerdan? hemos tenido durante años una bomba muy útil para utilizarla políticamente.

 Para revertir todas aquellas, no juzgadas pero aparentes mentiras, sería necesario que los desmentidos ocuparan los mismos espacios. Nunca será así y en el poso de muchos seguirán grabados con fuego dos palabras “Irán y Venezuela”.

Si eso es amor a la patria. Si eso es patriotismo, mejor ser apátrida o ciudadano del mundo.