23 de septiembre de 2019 23/9/19

Aclarando comportamientos

En un debate en una cadena privada hace ya algunos meses, escuche a Pablo Iglesias que hacia un panegírico de la transversalidad y planteaba la posibilidad de acordar con Albert Rivera y con Ciudadanos, el desarrollo de un catálogo de reformas institucionales y contra la corrupción, algo que repitió en otros foros. A mi me dio buena impresión porque me imagine una voluntad de negociación que el tiempo ha demostrado que fue solo una ilusión mía y nada más.

Loa acontecimientos posteriores al 20 –D han puesto de relieve sin embargo, que esas manifestaciones eran algo coyuntural que respondía más a una estrategia orientada a la obtención de apoyos electorales , lo que exigía una actitud moderada y un mensaje que tranquilizara a los votantes más templados.

Y que no respondía para nada, a un sincero convencimiento de esa necesidad para dar respuesta a las demandas institucionales, políticas y socioeconómicas de un país como el nuestro, sumido en una profunda crisis, que afecta a todos los planos de la vida.

De que lo que dijo Pablo Iglesias, pues fue un simple señuelo electoral, nos hemos podido dar cuenta toda la sociedad española, cuando se inició el proceso de negociación de un nuevo Gobierno a partir del mapa político y parlamentario surgido de las elecciones de diciembre.

La transversalidad pasó al desván de los trastos viejos, y las posibilidades de un pacto con Ciudadanos para acometer reformas democráticas imprescindibles, quedaban olvidadas, sin evaluar los efectos que podría tener sobre la militancia y el electorado del PSOE.

Pablo Iglesias se lanzó a la defensa de “un pacto de izquierdas” o a “la valenciana” cuyos contenidos quedarían enterrados por la súbita exigencia de una vice-presidencia y varios ministerios, es decir “sillones” y no políticas.

La invitación a ese pacto, para facilitar las cosas pienso yo, se acompañó de una cadena de de provocaciones de Pablo Iglesias, que se iniciaron con “la sonrisa del destino”, que acompañó con su “nombramiento como vice-presidente” y de varios ministerios, “súper poderes” y siguió con la apelación a “la cal viva”, y para culminar esa tanda de improperios y chulerías invitando a Pedro Sánchez a “salir de la jaula” o a abandonar la idea de “un Gobierno de Rivera presidido por Sánchez”.

Las últimas notas de ese autoritarismo latente a flor de piel en Pablo Iglesias, han venido acompañado de la descalificación de algunos periodistas en un acto público en la Universidad, y de la afirmación “seremos generosos con algunos del PSOE tras el 26-J”.

Es evidente que este estilo de Pablo Iglesias, de ese mal estilo, no es un programa político a negociar, pero también lo es, un talante que determina y orienta sobre la concepción del poder de quien lo pone de relieve.

En otras palabras, que retrata al personaje y, por desviación, pone sombras sobre sus intenciones últimas, además de dificultar cualquier dialogo.

Frente a esa inadmisible actitud de Pablo Iglesias, la iniciativa de Pedro Sánchez y el PSOE al plantear un acuerdo a tres enlazaba de manera casi literal, con la apuesta de transversalidad que exigía el cambio necesario para el país. Y era por lo tanto, tan complicado como inteligente el intentarlo.

Es decir, acordar con Ciudadanos un abanico de medidas de progreso, reformadoras y con Podemos una agenda social de recuperación de derechos sociales, potenciando el Estado de Bienestar y la apertura de una nueva lógica de desarrollo económico.

Era evidente, para cualquier mente lúcida que, después de los cuatro años de regresión, de ultraliberalismo, de recortes y monolitismo conservador del PP. era imprescindible unir fuerzas favorables al cambio en todos los planos.
Sin embargo, la estrategia de Pablo Iglesias ya visible con rasgos de deslealtad en la primera rueda de prensa tras su primera visita al Rey, nada tenía que ver con ella. Hizo del llamado “Pacto de izquierdas” un misil que lanzó en la línea de flotación de la única política realista, creíble y realizable que podía acometer la izquierda.

La propuesta de Iglesias, basada en el pacto PSOE-Podemos más las formaciones independentistas (fuerzas que son por cierto más de derechas que Ciudadanos) y con la línea roja irrenunciable del referéndum “de autodeterminación”, no solo era numéricamente insuficiente, sino que, en lo fundamental, apuntaba un instrumento políticamente incapacitado para acometer las transformaciones que he indicado en este articulo.

Porque yo creo, que lo que precisa la política española es, más que un pacto de izquierdas, un pacto donde la izquierda vaya más allá de la izquierda.

Quiero decir que si en España, hoy se requiere un amplio abanico de reformas que afectan a la Constitución del 78, a la Ley Electoral, a la estructura y composición del Senado, a las Diputaciones Provinciales, al necesario Pacto Educativo, a la legislación anti-corrupción, a las políticas energéticas, a las demandas de Cataluña y otras Comunidades, etc. Estas reformas hoy por hoy no pueden llevarse a cabo desde la simple mayoría parlamentaria de la derecha o de la izquierda.

Los cambios en todo el entramado de estructuras políticas que acabo de señalar, no se pueden realizar desde la óptica y las propuestas únicamente de la derecha. Pero tampoco desde la óptica y propuestas de la izquierda. Esa es la cuestión, que ni una ni otra opción, pueden transformar, y cambiar lo fundamental, para que el cambio sea una realidad en nuestro país. Concebirlos y pretenderlos desde el ángulo de la derecha o de la izquierda es un error político de quienes con visión a corto plazo solo se plantean el “sorpasso” al PSOE. Y de ahí que esos errores no sean dignos de apoyo y se tengan que criticar para trabajar por un proyecto de convergencias políticas para el Cambio.

Hay algunos politólogos, que han llamado a esta etapa de cambios necesarios, la “Segunda Transición”, hasta en algún momento, algunos líderes de Podemos han utilizado esta denominación.

Si tenemos este término en cuenta, la Transición por antonomasia es la que se abrió paso a partir de la muerte del Dictador, requirió el concurso de fuerzas políticas enfrentadas, para que nos pudiéramos entender en el compromiso en una coalición de facto de todos los demócratas, contra el continuismo de Arias y de Coalición Democrática partido que agrupo a un plantel de ministros de Franco, que después darían lugar a la fundación de AP.

Si queremos aprender recordando nuestra historia, hemos de convenir que el catálogo de reformas que hoy precisa nuestro país, solo podrá llevarse a cabo con éxito, si el instrumento político que lo diseñe y aplique, sea un Gobierno de progreso de amplio espectro, con un respaldo parlamentario del 60%, en el que la izquierda sea la pieza básica, pero que no sea solo la izquierda, que concite el apoyo de al menos una parte del espacio político de centro, objetivamente interesado en el programa de reformas que antes he descrito.

Y la política que ha planteado Sánchez en este paréntesis entre elecciones, partía a mi modo de ver, de una visión del Estado, de una clara concepción de los cambio a acometer en el próximo cuatrienio, y del sujeto político que debió sustentarlos de haberse hecho realidad el acuerdo a tres, que habría logrado como mínimo 191 escaños respaldando, velando, con todas las contradicciones del mundo por su cumplimiento.

Desde una visión no partidaria, comenzando por los sindicatos y acabando en la patronal y otras organizaciones sociales, de interés colectivo, solo habría faltado un factor, llegar al acuerdo con los agentes sociales.

Por eso, el grave error de Pablo Iglesias al plantear la consulta a sus bases mediante su peculiar “democracia de apretar una tecla del ordenador”, fue obviar la única alternativa en la que se estaba trabajando.

Es decir, pedir a las bases el pronunciamiento sobre un pacto a tres PSOE-Podemos-Ciudadanos. Al no hacerlo así, invitaba a votar una ficción, o sea a decidir sobre una propuesta que no estaba sobre la mesa, o solo en la imaginación de sus líderes, no otra cosa fue plantear el dilema PSOE-Ciudadanos frente a Podemos-PSOE cuando la propuesta que estaba en todos los medios (acompañada de 200 medidas) y sobre la que se estaba negociando incluso Podemos. Al menos hasta la espantada, era el acuerdo a tres susceptible de ser ampliado con Colación canaria, PNV, y alguna otra fuerza menor.

Y para hacer política con gran perspectiva, se hace necesaria una visión de Estado, requiere la elaboración política de largo alcance. Gramsci ya planteaba en sus tiempos, que a veces la capacidad de hegemonía de un partido de progreso se define también por su capacidad para influir en un sentido similar en otros partidos. Y así habría ocurrido en el caso de materializarse el “Acuerdo a tres.”

Yo quisiera recordar aquí, que en el principio de la Transición, el PCE y el PSOE ayudaron a la consolidación de la UCD, aislando a la derecha franquista y apoyando a Adolfo Suarez para ganarlo para la construcción del “Estado social y democrático de derecho” que la Constitución acabo por definir.

Ahora ha sido la iniciativa negociadora de Pedro Sánchez, quien ha puesto sobre la mesa, condenando al PP al lugar que le corresponde por su resistencia a condenar al franquismo y por su corrupción sin límite.

A los que están por el frente a frente, como si estuvieran en las trincheras de nuestra Guerra Civil, yo les pregunto hoy, ¿Qué es más de izquierdas o progresista, ganar para un proyecto de Cambio a Ciudadanos, o empujarle hacia el espacio de la derecha hasta echarlo en brazos del PP?

La respuesta parece obvia. Por eso quizá, Podemos cierra todas las puertas, mejor para Rajoy y para sus sucesores. Aunque deberían haberles bastado el ensañamiento con que el Gobierno y el propio aparato el PP, ha derrochado contra el acuerdo PSOE –Ciudadanos, para haber reflexionado con calma y con visión de Estado.

La izquierda inteligente – porque la hay torpe también – no solo tiene que cuidar su huerto, sino influir en los procesos políticos y sociales del país.

Y otras preguntas, para la izquierda torpe. ¿Perder la oportunidad histórica de que España cuente con un partido que no sea la derecha pura y dura de las últimas décadas?

¿O la izquierda debe romper todos los puentes con Ciudadanos, para que los recomponga con el PP, eternizando así su Gobierno conservador en el futuro?

¿Debe nuestra Democracia renunciar a contar con un partido de Centro Derecha capaz de pactar en determinados momentos, con las formaciones progresistas?

Para mí, las respuestas están claras: Ni podemos perder la oportunidad. Ni debemos romper los puentes con Ciudadanos. Ni nuestra Democracia debe renunciar.

Pero la estrategia de Podemos, va en dirección contraria y, por tanto bloquea cualquier proyecto social que genere mayorías transversales y reformadoras al menos para una etapa de intensos e imprescindibles cambios.

Y es la hora de la complejidad y de la inteligencia. Pero ni lo uno, ni lo otro parecen haber formado parte de la estrategia de Pablo Iglesias. Este, será muy bueno para los problemas de logaritmos neperianos, diofánticas e integrales, pero en política es que ni para los recados.

Confiemos en que no acabemos lamentando el desastre en los próximos años. Sería trágico pensar que una simple abstención de Podemos, hubiera cambiado de modo copernicano el curso de la década. Y por supuesto, mejorado las condiciones de vida de la mayoría social que votó por el Cambio.

Bueno, yo espero que esta “Aclaración de comportamientos” nos sirva después del fracaso del último intento negociador. Y que de cara al 26-J nos sirva para reflexionar y aprender de lo sucedido.

Mucho me temo que el mapa político que surja la noche del 26-J no vaya a variar, a tenor de lo que presagian sondeos y opiniones muy diversas. Y entonces el debate pos-electoral puede volver a repetirse. Mientras que las carencias del país no habrán cambiado y la necesidad de una mayoría solvente transversal y reformadora reflejada en un Gobierno de las fuerzas de Cambio, seguirá encima de la mesa.

Con tanto relieve, por lo menos, como estará la necesidad de enviar al PP a la oposición para que se regenere.

Sin embargo, no están escritos en ninguna parte los resultados que va a salir de las urnas, y solo el poder del pueblo soberano, si aprende de las experiencias recientes puede decidir con su voto a aquella fuerza que ha intentado con un acuerdo y 200 medidas, para empezar a resolver un a gran parte de los problemas de los españoles y de España generados por Mariano Rajoy y el Gobierno.

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