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Por José Luis Ramos
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Recuerdos falleros

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    Recuerdos falleros- (foto 1)

    Hace años que no me siento participe de las fiestas de las fallas. Quiero decir que no las vivo con el entusiasmo que las vivía durante la infancia, y juventud. Debe ser, que me hecho viejo y ya no suporto el ruido, y la marcha que ofrecen las fallas. Espero y deseo que los jóvenes, y los forasteros que viajan a conocerlas, las vivan con la intensidad que las vivíamos los de mi generación en nuestra juventud.

    Quienes hemos crecido y convivido con las fallas, éstas nos han dejado huellas imborrables en nuestra memoria. Conocí las fallas, durante mi infancia como algo mágico. Vivía a unos 120 metros de la Placeta de les Monges, donde se planta la falla del Garbó, que era mi barrio, en Borriana. Durante mi infancia, el día anterior a la plantà, pasabas por donde se planta la falla, y no veías ningún rastro de la falla. Pero tras la noche de la plantà, nada más desayunar, corriendo iba a ver la falla que ya se encontraba completamente plantada. Es evidente que, aquellas fallas de principio de los 50, no tenían las dimensiones de las actuales. Pero para un niño, de 2, 3 o 4 años, de unos 40 o 70 centímetros de altura, aquello le parecía monumental y mágico. Monumental, en comparación con su altura, y mágico, como si hubiera surgido de la nada, o de la lámpara de Aladino. En esa edad, lo que más me ilusionaba, era encontrarme con la banda de música, desfilando por el barrio. Los niños acompañábamos a la banda hasta que nos cansábamos. Sentir directamente la música, en la puerta de casa en las calles y las plazas donde vivíamos cada día, era algo excepcional y extraordinario que me hacía vibrar el cuerpo de entusiasmo.  En los años 90, viví unos cuantos años, en la esquina de la Calle Moratín con San Vicente, en València. Es un punto por donde todos los días de fallas, bien por participar en la ofrenda de flores a la Virgen, o por otras razones, a todas horas pasan comisiones falleras con sus bandas de música interpretando. Cada día, con distintas excusas, bajaba de casa para meterme entre las bandas con la excusa de cruzar la calle, y acompañarles, hasta que se notaba que estaba abusando de la confianza. Todo para sentir la música, tan directa como la sentía en mi infancia. Confieso que cruzarme en la calle, con una banda de música interpretando, me sigue entusiasmando. Durante mi adolescencia, las fallas junto con las fiestas de Pascual, creo que era la fiesta que la juventud de mi generación, vivía con mayor intensidad.

    La polémica reciente, durante la selección de la canción que debe representar a España en Eurovisión, sobre que no fue elegida una canción porque se canta en gallego, me ha traído a la memoria, la primera vez que visité las fallas de València. Eran las de 1968. Dos amigos, Vicente (El Guapo), Rafa de la Torre, y yo, fuimos, a València, el día 18, la víspera de San José. Llegamos a la hora de cenar, con la intención de visitar todas las famosas fallas durante la noche. Así hicimos. Pasamos la noche sin dormir. Ya de madrugada, después de salir el sol nos encontramos con tres jóvenes más de Borriana, que habían hecho lo mismo que nosotros. A la llegada del coche de Borriana, llegó nuestro amigo, Ramón Blasco (El Dólar) que se unió a nosotros. Faltaban solo 18 días para que se celebrara el Festival de Eurovisión, que ganó Massiel con la canción La, la, la. En esas fechas, todavía, Serrat era el cantante elegido para representar a España. Aunque había la polémica pública, respecto si debía ir a Eurovisión, porque se decía que había pedido cantar en catalán. Ese día 19/03/1968, Serrat tenía actuación, al Teatro Principal de València, por la mañana y por la tarde. Allí fuimos los cuatro amigos, para ver a Serrat, en la actuación de la mañana. Nos encontramos en la taquilla el anuncio, de completo. Mientras comentábamos nuestra decepción por no poder entrar, un señor mayor, con muy buenos modales, se nos presentó, dijo que tenía un palco, que iba a estar solo, por lo que nos invitaba a acompañarlo. Siendo jóvenes, y ver a Serrat en el Principal de València gratis, no pudimos decir que no. Una vez en el palco, enseguida, el señor se ofreció a acompañarnos a los servicios, cuando lo necesitáramos. Captamos la indirecta. Así que cuando tuvimos que ir, fuimos en pareja, con otro amigo. Que yo recuerde, la actuación de Serrat se desarrolló normal, aunque, la prensa, sí que informó que por la tarde hubo fuertes protestas contra Serrat por lo de querer cantar en catalán en Eurovisión. Solo ocho días después, lo sustituyeron por Massiel y fue declarado persona non grata por muchas emisoras y televisión.

    Toda la pandilla de amigos de la juventud, conocemos bien el trabajo creativo y laborioso que los artesanos falleros realizan todo el año para acabar una falla.  Tenemos dos artistas falleros entre los amigos, Joan Ninot (El Xufa) y Toni Rosell, aunque hoy ya están jubilados. Ellos nos han permitido visitar, cuando hemos querido, el taller donde trabajan. Allí hemos podido apreciar las distintas técnicas que necesitan dominar, como la pintura, la escultura, la carpintería, el diseño, y, sobre todo, el ingenio para realizar una crítica social. Creo que tenemos unos auténticos maestros artesanos que no tienen el reconocimiento social que merecen.

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