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Por José Luis Ramos
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Nadar en “porreta”

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    Nadar en “porreta”- (foto 1)

     El calor me trae a la memoria los baños de mi adolescencia. Recuerdo que los niños de mi barrio, de mi generación, no tuvimos ningún monitor que nos enseñara a nadar. Tampoco aprendimos a nadar en una piscina, o en la playa. Pues aprendimos a nadar en el agua dulce de riego de los campos. Concretamente, en la acequia de la Bosca, la Tanda y en el Riu Sec, junto la Bota. Entonces las acequias eran de tierra, así que donde había un distribuidor, (partidor), que es el lugar donde se pone la parada para retener el agua, o donde recibir agua de otra acequia, se produce un hoyo. Así que, entre el caudal de agua, en la época de regadío, más la profundidad de hoyo teníamos suficiente nivel para nadar.

    Empezábamos a nadar con 4 o 5 años, en el distribuidor que había en la Bosca, entre la calle Monserrat, y el camí Artana. Fruto de machismo y la homofobia de la época, el distribuidor era conocido como “El clot dels maricons”. Supuestamente, allí nadaban “los que no tenían cojones para bañarse en la Tanda”.  Un año o dos después, pasábamos a bañarnos en el “clot de la morera”, que era el partidor situado entre el camí Artana y la Tanda. Con 8 años ya todos nos bañábamos en el hoyo producido en la tanda por el agua que recibe de otra acequia, junto la canaleta que hay a escasos metros de l’ullal de la Bosca. El caudal de agua de la Tanda, no superaba el metro. Pero en el trozo ocupado por el hoyo, sí que nos cubría. A la altura de la canaleta que cruza la Tanda, se iniciaba el hoyo. Así que los niños, aunque no supieran nadar, se tiraban desde la canaleta y la corriente los arrastraba más allá del hoyo donde el agua ya no nos cubría.

    No recuerdo a ninguna persona que, en los baños que realizábamos en el agua dulce, se bañara alguna vez en traje de baño. Todos sin excepción alguna, lo hacíamos en “porreta”. La Tanda estaba a unos 300 metros de la ultimas casas de la zona urbana. Así que no era infrecuente, que de vez en cuando, apareciera la madre de algún bañista. Ante la sorpresa de todos los niños desnudos, cogían a su hijo y se lo llevaba. En algunos casos, de la oreja a rastras. Por supuesto, en estos baños nunca vi a ninguna mujer.

    A los 9 o 10 años ya nos atrevíamos a nadar al hoyo de la Tanda, en el molino del Hospital. Cuando el molino no está trabajando, la corriente de agua no lo atraviesa. Entonces el agua tiene continuidad en la misma Tanda, pero con un desnivel de unos tres metros. La caída del agua ha generado un gran hoyo.  Así que, la fuerza por la caída del agua, más el importante caudal en la en época riego, genera una fuerte corriente capaz de arrastrar un toro. Por eso, en el molino nos tirábamos al agua desde la parte alta donde cae el agua y la corriente nos arrastraba en pocos segundos a donde ya no nos cubría. A pesar de ser una acción peligrosa, solo recuerdo una vez que un bañista la pasó canutas para salir de la parte del hoyo que nos cubre.

    Siguiendo la Tanda llegábamos a la Bota. La Bota es la denominación que damos al sifón de la Tanda, por el que pasa el agua por debajo del Riu Sec. El agua entra en el sifón por el norte del rio. Recuerdo que siendo yo muy niño, se comentó que un señor cayo en el agua y la corriente se lo tragó, dentro del sifón. Entonces se puso una rejilla que solo deja pasar el agua. Por el sur del rio sale el agua después de atravesar el rio. Los niños practicábamos el mismo sistema que al molino. Nos subíamos al muro de la rivera del rio, y desde allí, nos lanzábamos de cabeza al inicio de la salida del sifón. La fuerza del agua nos arrastraba más allá del hoyo del sifón, donde ya no nos cubría el agua ni la corriente nos arrastraba. Dicho de otro modo, fuera de la zona de peligro.

    Dentro del mismo rio, unos metros antes de llegar a la escalinata que hace la obra de sifón que atraviesa el rio, fruto de las riadas, durante años hubo una gran balsa de agua donde nadábamos sin tener corrientes de agua, como si estuviéramos en una piscina. De esa época, aún recuerdo el gusto a tierra que tenía el agua. Supongo que hoy, al haber desaparecido las acequias de tierra, se habrá perdido parte del gusto a tierra.

    Por cierto, de esa época no recuerdo que tuviéramos que lamentar el ahogamiento de ningún muchacho bañándose en las acequias, por el contrario, recuerdo más de un lamentable ahogamiento de niños en el mar. En agua dulce recuerdo dos ahogamientos. Pero los niños no se bañaban, sino que se metieron en terreno pantanoso y no pudieron salir. Un caso, a la desembocadura del riu Millars, y otro a los sequiols del Sant Gregori. Precisamente a los sequiols, donde había una colonia de galápagos europeos, que los grandes profesionales que trabajaron en el PAI de Sant Gregori no fueron capaces de detectar.

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