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Por José Luis Ramos
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La cuota en favor de las mujeres

    Creo que no tardaremos mucho en ver, a algunos de los que hoy se oponen a la cuota femenina, en aquellos sectores donde las mujeres están poco representadas, en reclamar que se establezca una cuota en favor de los hombres. Lo curioso del caso es que, con casi toda seguridad, esa reivindicación se dará en puestos a los que se accede por mérito y capacidad.

    Explicaré el motivo. Resulta que, en las últimas oposiciones a judicatura, los 15 primeros puestos fueron de mujeres. Es decir, entre los 15 mejores exámenes no hay ningún hombre. Cada cual puede sacar las conclusiones que quiera, pero eso son datos objetivos. El caso es que la Constitución Española, en su día, estableció el derecho de toda la ciudadanía “a acceder en condiciones de igualdad a las funciones y cargos públicos, con los requisitos que señalen las leyes”.  Después la Ley que desarrolló dicho mandato dispuso que la selección de acceso a la función pública tenía que basarse en los requisitos de “mérito y capacidad”. Es decir, la plaza de funcionario se debe adjudicar a quien, por medio del examen correspondiente, obtenga una mayor puntuación de la valoración de sus méritos y capacidad. Por supuesto, que las oposiciones para funcionario basadas en mérito y capacidad se establecieron sin pensar beneficiar a las mujeres. Sin embargo, visto el resultado de las últimas oposiciones a juece/as, algunos han empezado a darse cuenta que las promociones basadas en “mérito y capacidad” beneficia a las mujeres.  La misma vicepresidenta del Tribunal Constitucional, Encarnación Roca Trías, tiene declarado que el sistema de "mérito y capacidad" beneficia a las mujeres. Si la cosa sigue así, no creo que tardemos en ver cómo cambian de opinión algunas personas, y empiezan a reclamar en favor de los hombres, la cuota que hoy niegan a las mujeres. Que yo recuerde, en Cuba hace más de 20 años se estableció una cuota de acceso a la Universidad en favor de los hombres. Resulta que la prioridad de acceso a la Universidad era en favor de quienes tenían mejor expediente académico. Como el expediente de las mujeres, en su mayoría, era mejor que el de los hombres, establecieron una cuota de reserva de plazas para los hombres, en torno al 40%, creo recordar.

    Todo ello me trae a la memoria mi primer día de clase de derecho Romano. Aunque fue el siglo pasado, apenas hace 35 años. En el aula se presentó el catedrático Emilio Valiño, para explicar lo que era la asignatura. Al entrar en clase y ver que había tantas mujeres como hombres, lo primero que dijo es que veía muchas mujeres en clase, cuando no era lugar para ellas, ya que el lugar más propio para las mujeres era la cocina. Al final de la clase una alumna se le acercó a preguntarle, él le exigió que se retirara dos metros, alegando que esa era la distancia que debía mantener para hablar con él. Por cierto, la primera vez que Aznar vino a Valencia de campaña política, entorno al año 90, lo presentó el Sr. Valiño qué, como hombre del OPUS, apoyaba al PP.

    De todas las controversias, que he tenido dentro de un procedimiento judicial, hay una que no olvido, no por el hecho que me dieron las razones, sino por las circunstancias que se dieron. Resulta que en un procedimiento civil, que es escrito, acudí al Juzgado en la fase de presentación de pruebas y presenté un escrito. Estaba presente el abogado de la otra parte y exigió a la funcionaria que no lo aceptara. Como yo creía tener razón, solicité la presencia del magistrado para que resolviera. Era la primera vez que iba a ese Juzgado y que veía al abogado contrario, que era un señor, que ya estaría por los 70 años, con un bigote franquista, de los de la guerra, y una peluca que parecía de pelo de maíz. Eso hace casi 30 años. Ambos esperábamos a un señor magistrado, pero apareció una mujer que no tendría los 30 años, no llegaría a 1,60 de altura, ni a los 50 kilos y de aspecto muy juvenil, y dijo “buenos días soy la Magistrada, díganme la cuestión que debo resolver”.  No fue necesario que hablara el abogado contrario para que los presentes nos diéramos cuenta que no entendía que una mujer joven, que podía ser su nieta, le dijera a él lo que era o no era legal. El gesto que hizo le desencajo la peluca y se le quedó la cara roja como si fuera reventar. Como la Magistrada me dio la razón, al salir del Juzgado me decía “el derecho no se puede dejar en manos de mocosas”. En fin, lo que le dolía era que una mujer le hubiera quitado la razón y tuviera más autoridad que él en la aplicación de la Ley.

    Elperiodic.com aclara: Emilio Valiño, Catedrático de Derecho Romano de la Universitat de València, ha solicitado publicar esta respuesta tras las acusaciones vertidas a su persona en este artículo firmado por José Luis Ramos. 

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